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Un Banco Central para amiguetes en Hong Kong

HONG KONG – Joseph Yam, el jefe de la Autoridad Monetaria de Hong Kong (AMHK) y funcionario civil de carrera, va a jubilarse. Normalmente, no se trataría de un acontecimiento de interés periodístico y, sin embargo, lo es y por motivos válidos.

Donald Tsang, Jefe Ejecutivo del Gobierno de Hong Kong, tiene la oportunidad de restablecer la integridad y la gestión idónea en uno de los más importantes órganos oficiales de ese territorio eligiendo a una persona exclusivamente por su honradez y competencia irreprochables.

Yam sigue siendo un héroe para muchos en Hong Kong, incluidos periodistas desconocedores de las finanzas internacionales. Para ellos,  es el guardián del dólar de Hong Kong, que ha tenido un cambio fijo de 7,8 con el dólar de los EE.UU. durante veintiséis años.

Durante la crisis financiera de 1998, la devaluación habría perjudicado a los propietarios de bienes inmuebles locales que tuvieran pocos ingresos o activos en dólares de los EE.UU. No es de extrañar que el oligopolio de los magnates inmobiliarios se opusiera a cambiar su valor pese a su enorme sobrevaloración en aquel momento. Se mantuvo el tipo de cambio de 7,8  al precio –pagado por todos los ciudadanos– de seis años de estancamiento económico.

En teoría, la divisa estaba regulada por una junta de divisas, basada en normas establecidas, que los británicos inventaron para sus colonias más pequeñas. Vinculaba la divisa local con la libra esterlina y no concedía poder discrecional a las autoridades locales en materia de política monetaria.

Pese a ser de origen imperial, la creación de dicha junta fue una medida racional. Las colonias carecían de conocimientos técnicos. La libertad para la creación de moneda o para adoptar la política en materia de tipos de interés podía provocar un desastre económico... como, de hecho, ocurrió en muchas colonias a raíz de su obtención de la independencia.

Yam se sentía siempre frustrado por la falta de libertad para la adopción de políticas que entrañaba la junta de divisas. Antes de que se notaran los efectos de la crisis en 1998, adoptó medidas que le brindaban margen para manipular la liquidez y los tipos de interés. Además, su desviación respecto del sistema creó resquicios legales de los que no se enteró o que consideró irrelevantes.

Eso era precisamente lo que los creadores del imperio británico habían querido prevenir. Cuando, durante la crisis financiera asiática del período 1997-98, los profesionales de inversiones mundiales dejaron de prestar atención a Tailandia y Corea y la centraron en Hong Kong no tardaron en descubrir deficiencias en la gestión de la divisa. Ya antes expertos locales habían avisado de ello a Yam, pero éste desechó su argumento de un modo que un economista que estuvo presente en una reunión con él calificó de “degradante y despreciativo”. Además, se marcharon escandalizados al darse cuenta de que Yam y el Secretario de Hacienda, Donald Tsang, nominalmente su jefe, pero sin poder real, no entendían en realidad el razonamiento económico de los expertos.

El Gobierno de Hong Kong, encabezado por la AMHK, lanzó una intervención sin precedentes comprando activos locales para “derrotar” a los especuladores, pero no consiguieron detener la desbandada de los inversores mundiales, incluidos los cautos fondos de pensiones y fondos de inversión mobiliaria colectiva.

Por último, cuando el gobierno estaba a punto de agotar todas sus reservas de divisas, Yam comprendió que debía cambiar de rumbo. Tuvo la sensatez de aceptar las indicaciones de sus críticos y solucionar los problemas cuya existencia había negado. El entonces Jefe Ejecutivo de Hong Kong, Tung Chi-wah, que posteriormente fue destituido por Beijing por incompetencia, le concedió la más alta condecoración destinada a los funcionarios.

En el momento de redactar este artículo, Yam es objeto de críticas generalizadas en Hong Kong por no haber protegido a los pequeños inversores contra las indecentes tácticas de varios bancos al vender derivados tóxicos de Lehman Brothers disfrazados de bonos. Niega tener responsabilidad alguna, pese a que la AMHK supervisa todas las instituciones financieras.

Yam es el funcionario mejor pagado del mundo, pues el año pasado ganó 1,5 millones de dólares de EE.UU. Su salario es siete veces mayor que el del Presidente de la Reserva Federal y casi tres veces mayor que el de su propio superior, el Jefe Ejecutivo de Hong Kong. Afirma que se debería recompensarlo como gestor de fondos que supervisa un fondo con un volumen de miles de millones de dólares en el sector privado, pero, mientras que los profesionales del sector privado son despedidos o ven reducidos sus salarios por su deficiente rendimiento, Yam quería un salario del sector privado sin el riesgo que entraña la pérdida de valor de las inversiones.

El Comité de Retribuciones de la AMHK tenía la competencia en exclusiva para fijar el salario de Yam, pero, durante los dieciséis años en que ocupó su cargo, Yam colocó en dicho comité a personas nombradas por él y pertenecientes al sector financiero que regulaba. El Comité daba sistemáticamente el visto bueno a  sus peticiones de salario.

La jubilación de Yam brinda una oportunidad para que el Gobierno de Hong Kong resuelva un grave problema de gobierno. Debe substituir la estructura de las remuneraciones por la misma escala funcionarial aplicada al gobierno del que la AMHK es parte integrante.

Los funcionarios de Hong Kong ya son los mejor pagados del mundo.  Quien intente comparar un puesto de la Administración con los del sector privado al negociar un contrato de empleo debe, sencillamente, buscar trabajo en el sector privado en lugar de trabajar por el bien público. Cualquier otra cosa abre, sencillamente, la puerta a la corrupción.

Se está hablando mucho de que el Jefe Ejecutivo de Hong Kong, Donald Tsang, está a punto de nombrar a un funcionario generalista más conocido por su lealtad personal que por su competencia financiera. Tampoco hay señal alguna de que se vaya a abandonar la escala salarial de la AMHK.

Cualquiera de los dos resultados significaría que el Jefe Ejecutivo ha desaprovechado una oportunidad de enviar la señal idónea de que Hong Kong está a favor de una gestión idónea de los asuntos públicos y no del amiguismo.

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