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Preferencias sexuales en Africa

La noticia principal en una edición reciente del Daily Graphic , el periódico más influyente de Ghana, tenía la intención de escandalizar: "Cuatro homosexuales encarcelados". Los actos de homosexualidad son delito en Ghana -y en gran parte del Africa subsahariana.

El líder de Uganda, Yoweri Museveni, se opone con vehemencia a la homosexualidad, al igual que Robert Mugabe en Zimbabwe. El presidente de Namibia, Sam Nujoma, se queja de que el Occidente quiere imponerle sus valores sexuales decadentes a Africa bajo la apariencia de la tolerancia gay.

En efecto, el movimiento global para luchar contra la discriminación hacia las personas que tienen VIH/SIDA -que al principio se consideró una "enfermedad de los gay" en los Estados Unidos- no ha logrado generar mucha comprensión para los homosexuales del Africa subsahariana. Sólo en Sudáfrica han logrado los gay y las lesbianas obtener protección legal importante.

Los arrestos en Ghana, aunque son típicos de la intolerancia africana contra los homosexuales, fueron aún más escandalosos porque en la capital, Accra, hay una población importante de gays y lesbianas. Ghana, un país de 20 millones de habitantes, es excepcionalmente tolerante. Blancos, asiáticos y personas del Medio Oriente conviven bien. Ghana nunca ha tenido una guerra civil -algo notable en una región tan propensa a los conflictos como el Africa subsahariana- y hace tres años atravesó por una transición pacífica del poder de un gobierno electo a otro.

Aunque la homosexualidad sigue siendo tabú, los gays parecen estar a salvo. Los ataques físicos en su contra son raros. En Accra, un club de moda llamado Strawberries es conocido lugar de reunión de los gays, y existen algunos célebres, si bien todavía discretos, clubes a donde asisten hombres y mujeres homosexuales. Un hombre gay tiene su propio programa de televisión, aunque sus preferencias sexuales no son ningún secreto.

Precisamente porque los gays parecían ser tan aceptados, los arrestos envían un mensaje preocupante. El periódico que publicó la noticia es propiedad del gobierno y vende más ejemplares que todos los demás periódicos juntos. Al día siguiente de que apareciera la nota, el Daily Graphic mostró su repugnancia hacia las actividades homosexuales de manera más profunda al publicar un editorial en que culpaba a los europeos y los estadounidenses por "todos los casos conocidos de homosexualidad" en Ghana.

El periódico afirmaba que un noruego había convencido a esos hombres de participar en esas prácticas dándoles dinero y regalos a cambio de fotografías de ellos en actos homosexuales. El noruego publicó las fotografías en Internet y supuestamente envió versiones impresas a sus amigos ghaneses.

Yo no soy ni gay ni ghanés, pero he pasado un largo tiempo en Ghana y rechazo el argumento -que también se escucha en otras partes de Africa- de que las nociones occidentales de la sexualidad han pervertido al continente. En mi experiencia, los africanos simplemente tienen un punto ciego moral en el tema de la homosexualidad.

Los periodistas son particularmente ignorantes. El año pasado trabajé en Ghana como director local de Periodistas por los Derechos Humanos, un grupo canadiense que ayuda a los periodistas africanos a darle voz a los que no la tienen en su sociedad y a crear conciencia sobre las violaciones a los derechos humanos. El editor del Daily Graphic apoyaba a mi organización y yo organicé sesiones de capacitación para sus reporteros y editores. Las sesiones dieron como resultado reportajes que subrayaban el maltrato a mujeres y niños y la incapacidad de las dependencias gubernamentales para ofrecer los servicios prometidos. Pero cuando me quejé de los prejuicios contra los gays, el editor respondió que los homosexuales no merecen ningún tipo de protección.

Aunque este ejemplo podría indicar que los africanos están unidos en contra de la homosexualidad, ese no es el caso; los defensores de los gays sencillamente tienen terror de hablar, y temen que su apoyo se interprete como una admisión de que también son gays.

Hace dos años, Ken Attafuah, quien dirige la comisión de la verdad y la reconciliación de Ghana, que está encargada de investigar las violaciones a los derechos durante las dos décadas de dictadura, rompió brevemente el silencio. "La lucha por los derechos de los homosexuales no se debe quedar sólo en manos de los gays, porque estamos hablando de violaciones fundamentales de la justicia", dijo Attafuah. "No se necesita ser niño para defender los derechos de los niños".

Eso no se entiende en Ghana. Después de los arrestos de los gays, hablé en la Universidad de Ghana sobre la cobertura de los homosexuales en los medios. Aunque nadie protestó por la cobertura del Daily Graphic , tampoco hubo quien condenara la homosexualidad. Más bien, recibí una disertación corta de una de las estudiantes en donde explicaba que frecuentemente recibía proposiciones de mujeres mayores casadas en los clubes nocturnos. Otras dos mujeres dijeron que a ellas les pasaba lo mismo y sostuvieron que el lesbianismo se practica ampliamente en Accra, aunque eso no se reconoce públicamente.

El lesbianismo, por supuesto, es una práctica menos amenazadora para los hombres que dirigen Ghana. Se asume que ningún hombre africano es gay, y el contacto físico entre hombres se presume inocente.

Sin embargo, las contradicciones abundan. Cierta vez, en una ceremonia tradicional en la que un niño pequeño recibía su nombre tribal, vi al orgulloso padre bailar junto con media docena de amigos hombres ante un grupo de asistentes. Los movimientos que hacían eran sexualmente sugestivos, y en ocasiones se tocaban e incluso se tomaban de las manos. Mientras observaba, un europeo me explicó que ese tipo de danzas son aceptadas, siempre y cuando el contacto entre los hombres quede indefinido.

En Ghana y en gran parte de Africa, existe una cultura de silencio alrededor del amor entre personas del mismo sexo (rasgo cultural que muchos occidentales, educados con los conceptos de derechos y apertura encuentran inaceptable). No obstante, la noción de declarar abiertamente su preferencia sexual puede no ser una solución para todos los homosexuales africanos. Las nociones del bien y el mal a menudo caen bajo las tensiones irreconciliables entre tradición y modernidad, el individuo y la comunidad.

En el Africa subsahariana me viene a la mente el dicho de que el silencio es oro. Bajo el manto del silencio, los gays se abstienen de provocar los conflictos que crearía una defensa más abierta de la homosexualidad. Pero los recientes arrestos en Ghana revelan el verdadero precio de esa estrategia.

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