Science and Society
Bombas, libros y dólares
Joel E. Cohen and David Bloom
La ley "complementaria de emergencia" que prevé 82 mil millones de dólares para financiar las operaciones militares estadounidenses en Irak y Afganistán colocan a Estados Unidos como un país que gasta más en poder militar que lo que se requiere anualmente para permitir que cada niño en el mundo reciba en una década tanto educación primaria como secundaria. Claramente, el punto no es si la educación universal es asequible sino si Estados Unidos y el resto del mundo pueden permitirse prescindir de los beneficios políticos, económicos, sociales y de salud que conlleva el educar a alrededor de 380 mil millones de niños en todo el planeta que actualmente no asisten a la escuela.
La educación, no menos que el poder militar, es un imperativo de seguridad porque ayuda al mundo -tanto a los individuos como a las sociedades- a escapar de las consecuencias de la pobreza, del rápido crecimiento demográfico, de los problemas ambientales y de las injusticias sociales. La educación fortalece el capital social y cultural, lo que contribuye a crear instituciones fuertes y estables. Mejora la salud humana, aumenta la esperanza de vida y disminuye las tasas de fertilidad. Aparte de estos beneficios obvios, la educación también es una obligación humanitaria ampliamente reconocida y un derecho humano consagrado a nivel internacional.
Pero este derecho es irrealizable para el 28% de los niños del mundo en edad escolar, los cuales no van a la escuela. La mayoría son analfabetos y viven en la pobreza absoluta. La mayor parte son niñas. De aquéllos que inician la escuela primaria en los países en desarrollo, más de uno de cuatro la deja antes de aprender a leer y escribir. Además, la inscripción no necesariamente significa asistencia, la asistencia no necesariamente significa educación y la educación no necesariamente significa buena educación.
En el año 2000, la comunidad global se comprometió a lograr la educación primaria universal para el año 2015. Muchos países pobres están muy atrasados respecto del objetivo. Al ritmo actual de expansión de la educación, alrededor de 118 millones de niños estarán ausentes de la escuela primaria para el año 2015. Casi el doble de esa cifra no asistirá a la escuela secundaria.
El Banco Mundial, la UNICEF y la UNESCO han calculado que para lograr la educación primaria universal para el año 2015 se requerirán gastos anuales de entre 6.5 y 35 mil millones de dólares adicionales a los 82 mil millones que los países en desarrollo gastan cada año en la educación primaria. Estos fondos se necesitarán para escuelas, profesores, capacitación de profesores, materiales y equipo, administración y evaluaciones.
Basados en un proyecto de cinco años que dirigimos en la Academia Estadounidense de Ciencias y Artes, creemos que la educación primaria universal como objetivo no es lo suficientemente ambicioso: el mundo debería proponerse, y podría alcanzar, tanto la educación secundaria universal de alta calidad como la educación primaria universal. Los países en desarrollo gastan aproximadamente 93 mil millones de dólares al año en la educación secundaria. Si desde ahora y hasta el 2015 se adopta un enfoque gradual, el costo anual adicional de dar educación secundaria a cada niño será probablemente de entre 27 mil y 34 mil millones de dólares.
Crear el espacio necesario para proveer la inscripción universal requerirá de una inversión significativa. Estos fondos, en el mejor de los casos, mejorarán -pero no eliminarán- las disparidades globales en la calidad y el acceso a la educación. No se incluye el costo de otras mejorías necesarias para impulsar a los niños a asistir a la escuela, como las comidas, subsidios a las colegiaturas y profesores más efectivos, dinámicos y capacitados. Tampoco se incluye el costo de mejorar la capacidad de los gobiernos nacionales para recopilar datos y para implementar y supervisar reformas educativas.
Aunque contar con más dinero es esencial, no es suficiente. En algunas regiones, las barreras culturales inhiben la educación de niñas y de minorías lingüísticas, religiosas y étnicas. Es difícil reunir en los países más ricos del mundo la energía política que se necesita para expandir y reformar la educación.
Para asegurar una educación de alta calidad para todos los niños se requiere de una discusión abierta sobre los objetivos educativos, un compromiso internacional para mejorar su efectividad y eficiencia económica, un reconocimiento de la necesidad de dar educación secundaria a todos los niños y aceptar la diversidad educativa y la necesidad de adaptar las políticas de ayuda a los contextos locales.
Ninguna de estas tareas es posible sin complementar los fondos que ya suministran los países en desarrollo. El mundo, o incluso Estados Unidos por sí mismo, tiene la capacidad de proveer los fondos adicionales necesarios. Es difícil imaginar que cuando los líderes del G8 se reúnan en Escocia puedan acordar una mejor inversión para nuestro futuro común.
Copyright: Project Syndicate, 2005.
www.project-syndicate.org
Traducción de Kena Nequiz
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