Después de ocho años de crecimiento fulminante, ahora hay en China casi tantos usuarios de la red Internet como miembros del Partido Comunista, es decir, 70 millones. La "minoría selecta de la información" de China, los profesionales en gran medida instruidos y urbanos que son quienes navegan en China por la red Internet, están pasando a ser una fuerza del mismo tamaño que la base del poder político gobernante. ¿Qué va a significar ese nuevo centro de poder para la transformación de la sociedad china?
Desde mediados del decenio de 1990, el Gobierno de China ha fomentado el crecimiento rápido de la red Internet por sus beneficios económicos, pero también ha estado desarrollando un complejo sistema tecnológico y político para controlar la información en línea. El gobierno emplea multitud de nuevas reglamentaciones legales, una fuerza de policía misteriosa en la red Internet y un potente sistema informático para filtrar la información. El control se basa también en la demografía relativa a los usuarios de la red Internet, la mayoría de los cuales pertenecen a la minoría económica selecta de China y son los que más se inclinan por adoptar dicha red como parte de un nuevo estilo de vida y de consumo que como un instrumento para la revolución política o social.
Lo sorprendente es que los mecanismos de control del gobierno han sido en gran medida eficaces, pero también están originando cambios sociales profundos que tienen su raíz en una conciencia en aumento de los derechos en la sociedad, fortalecida -y amplificada- no sólo por el crecimiento de la economía, sino también por la rápida difusión de la red Internet.
Después de dos decenios y medio de reforma económica orientada al mercado, los ciudadanos chinos saben cada vez mejor cómo proteger sus intereses económicos y sociales utilizando el lenguaje de los derechos. Al enfrentarse a los abusos del poder, los ciudadanos emplean cada vez más el término "weiquan" (la defensa de los derechos) para desafiar al sistema. Otro término nuevo, "zhi qing quan" (el derecho a saber) ha entrado en el discurso público.
La nueva terminología, inspirada por la revolución de la tecnología de la información, proliferó en particular después del brote del SARS (síndrome respiratorio agudo y grave) en la primavera pasada, cuando el gobierno ocultó la epidemia hasta que se hubo propagado por toda China y fuera de ella. También se puede ver la intensidad de esa exigencia en aumento de "derechos" en China en la información aparecida en los medios tradicionales de comunicación sobre otros acontecimientos importantes.
Por ejemplo, al informar sobre un desastre natural, un grave accidente industrial o una cuestión urgente de salud pública, no se permite a los periodistas de los medios tradicionales de comunicación investigar e informar sin la aprobación oficial, pero la red Internet está contribuyendo al cambio de esas normas. Ahora los periodistas aprenden a evadir las directrices del gobierno distribuyendo y recogiendo la información en línea, con lo que a los jefes de la propaganda les resulta más difícil silenciar la difusión de la información considerada "delicada".
Los usuarios comunes y corrientes de la red Internet pueden escribir también sobre los acontecimientos de los que son testigos y difundir sus informaciones en línea, con lo que la supresión de noticias en el momento de producirse resulta casi imposible. Además, a las autoridades les resulta difícil localizar y castigar a las personas que difunden esa clase de información "subversiva" -expresión empleada con frecuencia por el gobierno para suprimir la disensión política- en línea. Como ahora los usuarios chinos de la red Internet sienten mayor inclinación por averiguar lo relativo a una historia candente en tiempo real y a preguntarse por qué la prensa oficial no ha informado sobre ella, los medios de comunicación tradicionales de China sienten ahora una presión del público para que informen sobre acontecimientos que, de lo contrario, podrían soslayar.
Otro fenómeno es el debate en línea sobre los acontecimientos actuales, en particular mediante los tableros electrónicos. Una encuesta reciente muestra que el número de usuarios registrados en los diez tableros electrónicos más populares de China, centrados en las noticias y los asuntos políticos, oscila entre 100.000 y 500.000. Principalmente mediante tableros electrónicos, servicios de listas de correo electrónico y una comunidad de "web log" en aumento, la red Internet ha empezado a brindar una esfera pública substitutiva que hace unos años no existía en China.
Con el sistema de censura estatal, la mayoría de los debates se limitan a temas políticamente aceptables, como, por ejemplo, la reforma jurídica y los intentos de lucha contra la corrupción. Sin embargo, dentro de esos límites, el activismo facilitado por la red Internet, como, por ejemplo, las peticiones en línea, no sólo ha ampliado los límites de las informaciones de los medios tradicionales de comunicación, sino que, además, ha presagiado nuevas consecuencias políticas interesantes.
Cuando, por ejemplo, el estudiante universitario Sun Zhigang fue golpeado hasta la muerte por la policía en la ciudad meridional de Guangzhou en la pasada primavera, hubo una ola de peticiones en línea de "weiquan" y debates sobre el "sistema de custodia y repatriación". Esa forma de "retención administrativa", utilizada principalmente contra los trabajadores migrantes, fue la base para la detención de Sun. La protesta en línea que hubo a continuación desempeñó sin lugar a dudas un papel en la decisión del gobierno de abolir ese sistema y detener a los agentes implicados en ese caso.
Pese a las medidas adoptadas por el gobierno para controlar la red Internet, en la sociedad china se ha ido abriendo un espacio para apoyar la conciencia en aumento en materia de derechos humanos. A medida que la omnipresencia y la flexibilidad del nuevo medio de comunicación debilita la censura de los medios tradicionales de comunicación, el activismo social facilitado por la red Internet desempeña un papel cada vez más influyente en la reforma jurídica de China y el desarrollo de su incipiente sociedad civil.
Los 70 millones de "ciudadanos de la red" de China pueden estar ahora en una posición excelente para guiar la transformación de la sociedad y determinar el futuro del país, pero el resultado de este grandioso experimento, que se opone a un gobierno autoritario dedicado a controlar la política contra una tecnología de la información inherentemente resistente a esa clase de controles, dista de ser seguro. En última instancia, lo que suceda puede revelarnos tanto sobre la naturaleza inherente de la red Internet en nuestro mundo en transformación como sobre el cambio de China.


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