Monday, September 1, 2014
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La jugada de la estabilidad de China

BEIJING – El primer principio que aprendí cuando empecé a centrar la atención en China al final del decenio de 1990 es el de que nada es más importante para los chinos que la estabilidad, ya sea económica, social o política.

Dados los siglos de agitación habidos en China, los dirigentes actuales harán todo lo que esté en su poder para preservar la estabilidad. Siempre que tengo dudas sobre un posible cambio de política china, examino las opciones a través de la lente de la estabilidad. Ha funcionado a las mil maravillas.

La estabilidad era lo que todos los asistentes tenían presente en el anual Foro de Desarrollo de China (FDCH) celebrado entre el 17 y el 20 de marzo en Beijing. El FDCH, organizado por el Primer Ministro, Wen Jiabao, con la asistencia de muchos ministros del Consejo de Estado, es la más importante conferencia internacional de China. Sin embargo, dos días –literalmente– antes de que se iniciara el de este año, el polémico Bo Xilai fue destituido de su cargo de Secretario del Partido en Chongqing. Como era un muy probable candidato a miembro del Comité Permanente del Politburó, círculo interno de los dirigentes de China, la repentina destitución de Bo resultó pasmosa. Había palpables cuchicheos en el aire cuando nos reunimos en el hotel estatal Diaoyutai.

Las sesiones oficiales se desarrollaron como era previsible, pues se hizo mucho hincapié en la próxima transformación estructural del modelo deamp#160; crecimiento de China, amp#160;paso colosal desde el todopoderoso crecimiento impulsado por la exportación y la inversión de los 32 últimos años a una dínámica más impulsada por el consumo. Ahora existe una opinión generalizada entre los dirigentes superiores de China en pro de esa reequilibración. Como dijo un participante, “el debate ha pasado de qué hacer a cómo y cuándo hacerlo”.

Muchos de los otros temas se derivaron de esa conclusión general. Se destacaron el crecimiento impulsado por los servicios y una estrategia de desarrollo basada en las innovaciones. Al mismo tiempo, hubo considerable preocupación por el reciente resurgimiento de empresas de propiedad estatal, que ha hecho pasar la distribución de la renta nacional del trabajo al capital, importante obstáculo a la reequilibración de China en pro del consumo. El Banco Mundial y el Centro de Investigaciones sobre el Desarrollo de China (el organizador del FDCH) acaban de publicar un informe exhaustivo en el que se abordan muchos aspectos de ese asunto decisivo.

Pero durante las sesiones oficiales del CDCH en ningún momento se hizo la menor insinuación sobre la presencia de tal elefante en las salas del Diaoyutai. No se hizo mención alguna a Bo Xilai ni a lo que su destitución significaba para la política interior de China en este año decisivo de transición en la dirección. Si bien es fácil verse envuelto en la vorágine de relatos de la intriga palaciega que se produjo a continuación, sospecho que la destitución de Bo presenta un significado más profundo.

Las autoridades chinas afrontaban el riesgo de una peligrosa combinación de inestabilidad política y económica. Como el país estaba afectado por una segunda crisis de la demanda exterior en tres años –primero, la crisis de las hipotecas de riesgo de los Estados Unidos y ahora la crisis de la deuda soberana de Europa–, cualquier brote de inestabilidad política interior habría representado una amenaza mucho mayor de lo habitual.

Bo personificaba ese riesgo. Encarnaba el llamado “modelo Chongqing” de capitalismo de Estado que ha ido en ascenso en China en los últimos años: urbanización y desarrollo económico dirigidos por el Gobierno y que concentran el poder en manos de dirigentes regionales y empresas de propiedad estatal.

El verano pasado, estuve durante algún tiempo en Chongqing, enorme zona metropolitana con más de 34 millones de habitantes. Me marché asombrado ante el alcance de los planes de la ciudad. El objetivo, orquestado por el alcalde de Chongqing, Huang Qifan, principal arquitecto del espectacular proyecto de desarrollo Pudong de Shangái, es el de transformar la zona de Liangjiang de Chongqing en la primera zona de desarrollo urbano del interior de China. Con ello Liangjiang habría ido a la par con dos proyectos de prestigio anteriores de China: Pudong y la zona de Binhai en Tianjin.

Sin embargo, se trata del mismo modelo de desarrollo de predominio estatal que fue objeto de duras críticas en el FDCH de este año y que contrasta llamativamente con la opción más impulsada por el mercado que cuenta con amplio consenso entre los dirigentes superiores de China. Dicho de otro modo, se veía a Bo no sólo como una amenaza a la estabilidad política, sino también como el representante principal de un modelo de inestabilidad económica. Al destituir tan abruptamente a Bo, el gobierno central ha subrayado, en realidad, su compromiso inquebrantable con la estabilidad.

Cuadra con otra pieza curiosa del rompecabezas chino. Hace cinco años, Wen hizo una famosa advertencia sobre una economía china que corría peligro de volverse “inestable, desequilibrada, descoordinada e insostenible”. He subrayado repetidas veces el decisivo papel que esos cuatro adjetivos de Wen han desempeñado en la formulación de la estrategia en pro del consumo de la “Próxima China”. La crítica de Wen preparó el terreno para que China afrontara frontalmente sus imperativos reequilibradores.

Pero, en sus observaciones oficiales sobre el FDCH de este año, los dirigentes superiores de China –incluido el Primer Ministro designado, Li Keqiang– suprimieron toda referencia explícita a los riesgos de una economía china “inestable”. En una palabra, los cuatro adjetivos han pasado a ser ahora tres.

En China, esos cambios de lenguaje no son accidentales. La interpretación más probable es la de que las altas esferas no quieren hacer la menor concesión en materia de estabilidad. Al abordar la inestabilidad económica mediante la reequilibración en pro del consumo, y la estabilidad política, al destituir a Bo, la estabilidad ha pasado a ser de un factor de riesgo a un compromiso inflexible.

El mensaje fundamental actual de los dirigentes chinos es inequívoco. Son los primeros en reconocer que su estrategia de crecimiento y desarrollo se encuentra en una coyuntura decisiva. Les preocupa que las “reformas y apertura” de Deng Xiaoping corran peligro de perder impulso. Al abordar la combinación de riesgos económicos y políticos que pueden afectar a la estabilidad, el Gobierno está preparando el terreno para la próxima fase de desarrollo extraordinario de China. Yo no sería partidario de dudar de su compromiso con miras a la consecución de ese objetivo.

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  1. CommentedProcyon Mukherjee

    I see in this pro-consumer –domestic rebalancing as opposed to labor intensive exports a new challenge for the developed world as in this dynamic the biggest impact would be on ‘dollar savings’ that China orchestrates, the gluttony of which impedes on the interest rates to zoom as the marginal savings rate helps to leeway to the float that U.S. Treasury needs. This will further direct the economy to raise its wage rates as the domestic sector would get the much needed fillip from the rise in the domestic demand. This will be the tipping point, for China, its impact on the rest of the world needs to be evaluated.

    Procyon Mukherjee

  2. CommentedMilo Jones

    For a banker, the author evinces an extraordinary faith in the ability of the Chinese leadership to control and manage the Chinese economy. Given how little they know about so many aspects of it, their perverse incentives, and the surety that the unintended consequences of any policy will outstrip the intended consequences, I wouldn't be so sure that stability can be maintained. After all, even the degree of urbanization in China is both uncertain and subject to widespread manipulation and misrepresentation (See "“Facts” Everybody Knows – Statistical Cautions about the BRICs: http://silberzahnjones.com/2011/04/08/statistical-cautions/).

  3. CommentedZsolt Hermann

    This desperate attempt by the Chinese leaders, described in the article reflects our human concern, that we always try to remain in control, that we feel ourselves above the system we live in and believe we can direct everything around us, mostly by force and coercion, keeping a tight grip on things.
    At the same time what we learn through the global crisis is that even institutions we ourselves created, our social, political or economical system just to mention the most obvious, are slipping through our fingers, are falling apart, and we are standing after our whole evolution so far, at the point of not knowing who we are and where we are, and especially where we should be heading.
    So does this mean that the western point of view, especially the US Republican point of view asking for total freedom, minimal central control, that everybody can basically do whatever they like is the right approach, or the "balanced European" approach is the right one?
    Unfortunately none of them are correct. It does not matter which approach we choose until we do not understand the vast natural system we are just part of, and we do not accept that in order to succeed, to have a sustainable future and to survive we need to harmonize ourselves with this system.
    Our inherent human nature is all about subjective self calculations, maximum self profit with minimum or zero concern for others or for the environment we exist in.
    The vast natural system around us is based and is surviving by homoeostasis, all the elements of the system (except humans) instinctively following this law of overall harmony and mutuality.
    Even our healthy human body is based on the same principles, still when it comes to how we relate to each other or to the environment around us we fall back into our selfish, egoistic nature.
    Today as even humanity has evolved into the global, integral network, from which none of us can escape, break out, we cannot ignore the laws of integral systems.
    It is as if so far "we were given" a loose, free playground, a vacuum where we could experiment with different models, go through different stages, but from now on the "playtime" is over and we need to mature and adapt to the system.
    The Chinese leaders are not alone in their search for the perfect formula for the future, the whole of humanity is in it together.
    And as it happens in global, integral systems the answers can only come when we truly start to cooperate, in a mutually responsible fashion, for the benefit of the whole system, taking into consideration all of its elements.

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