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El nuevo ritmo latino de China

El Presidente de China Hu Jintao acaba de regresar a casa después de su primer viaje a Latinoamérica a donde fue en busca de nuevas fuentes de insumos a largo plazo para la pujante economía de su país. Estos nuevos lazos le ofrecen a Latinoamérica y el Caribe tanto un nuevo mercado como un ejemplo de la forma en que una economía dinámica puede reducir la pobreza.

Pero Latinoamérica también debe estar en guardia. Si bien China puede ser un voraz importador de mercancías latinoamericanas, también es un competidor formidable. Tanto el sector público como el privado de toda la región deben tomar medidas inmediatas para encarar esta nueva competencia y buscar proyectos de cooperación con los chinos.

La gente común de América Latina apenas comienza a darse cuenta de la importancia de China como actor económico global. En efecto, hasta hace poco, la mayoría de la gente no se fijaba demasiado en China. Pero el rápido crecimiento de ese país, que contrasta con el estancamiento de las economías de América Latina, ha despertado a gobiernos y empresarios de toda la región.

Las comparaciones entre la economía de China y las de América Latina son impresionantes. El Banco Mundial estima que la pobreza extrema en China, calculada como un ingreso individual de un dólar al día, se ha reducido de alrededor de 500 millones de personas a principios de los ochenta a menos de 90 millones en 2000. Mientras tanto, las tasas de pobreza en América del Sur han permanecido relativamente constantes.

Las tasas de crecimiento económico muestran la misma brecha. De 1978 a 2003 el crecimiento anual del PIB de China en términos reales fue de 8.1% en promedio, mientras que el crecimiento en México –el más rápido de América Latina—apenas llegó al 1% anual.

Si bien está creciendo, el comercio de China con América Latina y el Caribe sigue siendo reducido, y representó menos del 2% tanto de las exportaciones como de las importaciones en 2002. La naturaleza de esas relaciones comerciales varía sustancialmente de país a país.

Brasil y Argentina, por ejemplo, han aumentado sus exportaciones agrícolas a China de manera significativa, mientras que América Central y México han visto crecer dramáticamente sus importaciones de ese país. Esto es importante porque ilustra el impacto regional diferente que el comercio con China tiene sobre América Latina y el Caribe debido a la exportación de bienes básicos de América del Sur aunada al crecimiento de las importaciones en México.

En los diez años que van de 1993 a 2003, las exportaciones de China y de Hong Kong aumentaron del 1.12% al 5.8% de las importaciones totales de México. A partir de 2003 China se convirtió en el socio comercial más importante de México después de los Estados Unidos. En efecto, el déficit comercial de México con China alcanzó los 9 mil millones de dólares en 2003. En el segundo trimestre de 2004, las exportaciones de China a México crecieron en un 67%, mientras que las exportaciones de México a China disminuyeron en 1.3%.

Estos cambios también han tenido un duro impacto sobre el comercio de México con los EU. Aunque las exportaciones de América Latina y de China a los EU han aumentado significativamente desde 1990, en 2003 China tomó el lugar de México como segundo exportador hacia los EU en términos de valor después de Canadá.

La competencia de China hacia México en el mercado estadounidense ha crecido particularmente en las manufacturas ligeras –sobre todo en prendas de vestir y artículos electrónicos. En América Central y México la producción de prendas de vestir es de importancia vital –genera 400,000 y 600,000 empleos respectivamente—y representa el corazón de las maquiladoras centroamericanas (zonas de libre comercio), que significa más del 70% de las exportaciones de la región a los EU. Perder ese sector de la economía ante los hipercompetitivos chinos será un duro golpe, ya que las exportaciones de textiles a menudo son el primer peldaño en la escalera del desarrollo.

En lo que respecta a otros bienes, incluyendo las computadoras, los productos hechos en China están listos para reemplazar a la producción mexicana en cantidades abrumadoras. Las empresas del llamado “Silicon Valley South” de Guadalajara ya han perdido, según sus propios cálculos, más de 500 millones de dólares en proyectos y alrededor de 20,000 empleos a favor de Asia, sobre todo de China, y esa tendencia continuará en el corto plazo.

Si América Latina no logra manejar a su nuevo competidor, los pueblos de la región perderán empleos y oportunidades para desarrollarse como deben. Pero hay lecciones que aprender y ventajas que obtener de China si los gobiernos y las empresas de América Latina están dispuestos a pensar de manera creativa.

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