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El fetiche financiero de China

Mientras que las zonas costeras de Tianjin, cerca de Beijing, están en pleno desarrollo, el telón parece estarse levantando sobre un “centro financiero” más en China. Hace algunos años, cuando Shangai buscaba obtener un papel similar, los banqueros e inversionistas de todo el mundo se preguntaban si el objetivo real era que esa ciudad sustituyera a Hong Kong como el centro financiero de China. En el proyecto piloto actual, Tianjin, al norte de China y Shanghai, al sur, compiten entre sí, lo que provoca incluso más dudas.

Hubo un tiempo en que nadie tenía idea de cómo crear un “centro financiero”. Un centro financiero sencillamente era una gran metrópolis en donde se llevaban a cabo enormes transacciones financieras. Ciudades como Londres y Nueva York llegaron a ser conocidas como centros financieros sólo hasta después de demostrar que funcionaban como tales.

Las autoridades de China parecen no darse cuenta de que muchas de las ciudades importantes no han tenido la suerte de convertirse en centros financieros. No hay una teoría económica o de otro tipo que explique por qué una ciudad denominada “centro financiero” tenga que ser más valiosa o encantadora que otras. Entonces, ¿por qué debe China establecer como objetivo nacional vital el desarrollo de centros financieros globales? ¿Necesita China realmente sus propios centros financieros de categoría internacional? ¿Necesita el mundo que China los tenga? ¿O acaso es necesario tal objetivo porque un centro financiero puede determinar la suerte de una gran metrópolis?

No hay nada en la historia de las finanzas, de la evolución de las ciudades o de la economía moderna que ofrezca una respuesta clara. Son los chinos quienes han dotado al término “centro financiero” de tal peso y significado al tratar de diseccionar las funciones de esas ciudades y cuantificar cada detalle. Como resultado, las autoridades chinas están dispuestas a escoger una ciudad y darle instrucciones para que sirva como centro financiero, como si tal cosa pudiera construirse como se construye un edificio –un concepto que no podría estar más equivocado.

En efecto, según los modelos modernos del desarrollo de las finanzas, el que exista o no un centro financiero físico ya no es un asunto importante. Debido a factores históricos y a las oportunidades, las transacciones financieras se concentraron en las ciudades que por tradición estuvieron estrechamente vinculadas al surgimiento del capitalismo europeo y estadounidense. Pero lo relevante en la actualidad no es en dónde se realizan físicamente las transacciones financieras sino la creciente importancia y globalización de las finanzas en el funcionamiento de la economía mundial.

Las ciudades no se convierten en centros financieros porque tengan mayor “excelencia” que otras, o porque hayan hecho algo que las otras ciudades no hayan podido hacer. Más bien, una vez que las transacciones financieras comienzan a concentrarse en un lugar es difícil desplazarlas a otros sitios. Una economía de libre mercado y sus costumbres jurídicas –ambas indispensables para la supervivencia de los centros financieros- ciertamente ayudan a que surjan, pero ese surgimiento inicial siempre se ha adjudicado a la evolución histórica y no a la estrategia gubernamental.

En este sentido, el esfuerzo deliberado de China para crear, por medio de un mandato gubernamental, centro financieros globales es dogmático y arduo. No hay duda de que China necesita su sector financiero para desarrollarse sólidamente a fin de asegurar un crecimiento económico sostenido. Y hoy en día, en China existe la opinión común de que el logro de este objetivo requiere que el gobierno garantice la liberalización financiera.

Pero los avances son lentos porque los gobernantes chinos han puesto en el centro del desarrollo financiero del país la creación de centros financieros –que debería ser un objetivo de los gobiernos locales. En efecto, la equiparación de la liberalización financiera con privilegios para las ciudades que se designen como “centros financieros” socava los objetivos mismos de la liberalización –a saber, la reducción del control gubernamental y el aceleramiento del desarrollo de los mercados financieros.

El sistema financiero de China está fracasando en ese sentido debido a la frecuente intervención administrativa y política. En consecuencia, Shangai se ha visto restringida en su capacidad para sacar el mayor provecho de sus funciones financieras, y Hong Kong, el centro financiero reconocido de Asia, no ha podido contribuir a la modernización financiera de China.

Lo que más necesita China es un sector financiero capaz de aprovechar las fuerzas de la liberalización y de la globalización para impulsar el crecimiento económico en las décadas por venir. Ha llegado el momento de deshacerse de la carga de la construcción de centros financieros para enfocarse en cambio en el avance de la modernización de las finanzas chinas.

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