HONG KONG—En un artículo reciente, el economista Axel Leijonhufvud define el sistema de mercado como una red de contratos. Como éstos están interconectados, una suspensión de pagos puede desencadenar una avalancha de promesas incumplidas, “[con lo que sería] posible la destrucción de prácticamente toda la red de contratos oficiales y oficiosos que el sistema de mercado requiere para su funcionamiento”. El papel del Estado es el de proteger, hacer cumplir y regular dichos contratos y los derechos de propiedad conexos, además de intervenir para impedir el fallo sistémico.
Esa red de contratos, con frecuencia dada por sentada en la corriente principal de la economía, hasta el punto de que resulta casi invisible, encarna las normas oficiales y oficiosas inherentes al sistema de mercado que modela y constriñe el comportamiento individual y social. Constituyen el tejido de todas las instituciones humanas.
Los sistemas económicos avanzados tienen redes de contratos muy complejas, como, por ejemplo, los derivados financieros. En el caso de Europa –sostiene Leijonhufvud– eso entraña un planteamiento triple que se centra en “los niveles de apalancamiento”, “las disparidades de los vencimientos” y “la topología de la red”, es decir, “su conectividad y la presencia de nodos fundamentales ‘demasiados grandes para quebrar’ ”. Se debe a que “en la red de contratos han aparecido graves incoherencias”. La insistencia en que se cumplieran todos los contratos “causaría un desplome de grandes porciones de la red”, con “unas consecuencias económicas graves y otras políticas y sociales incalculables”.
En cambio, los mercados en ascenso como China tienen sistemas menos avanzados y con el tiempo van creando vínculos contractuales e institucionales más complejos, en particular mediante transacciones mundializadas. Conforme a la economía planificada de China, la mayoría de los contratos eran entre personas individuales y el Estado, mientras que sólo en los treinta últimos años han surgido o resurgido contratos más complejos. De hecho, la utilización generalizada de contratos de mercado con empresas de propiedad pública fue una importante adaptación reciente en el avance hacia una “economía socialista de mercado”.
Sin embargo, también se puede entender la red de contratos como complejos sistemas de mercado adaptativos, que comprenden también las relaciones estatales y familiares. Para entender la economía socialista de mercado de China, es esencial examinar sistemáticamente esas diferentes formas de contratos y sus estructuras institucionales.
Los contratos de familia y de parentesco, que rigen el matrimonio, la adopción, la cohabitación, la herencia, etcétera, constituyen la unidad básica de la sociedad humana. Dichos contratos son los más antiguos y siguen siendo el fundamento de las relaciones sociales en la China actual.
Los contratos de empresa sitúan a la persona jurídica orientada al beneficio en el centro de la transacción y obligan a todos sus participantes. Los contratos de empresa chinos han aumentado exponencialmente en los treinta últimos años, pero tienen características especiales que reflejan el papel primordial de las empresas chinas de propiedad estatal.
Los contratos de mercado entre productores y consumidores –o entre los propios productores de las cadenas de distribución– vinculan a personas individuales, familias, empresas, gobiernos y organizaciones públicas mediante los mercados local y mundial. En los últimos decenios, China ha empezado a practicar la moderna legislación de contratos y se ha adherido a la Organización Mundial del Comercio, con lo que se ha comprometido con las normas internacionales que rigen el comercio y la inversión.
Los contratos civiles no gubernamentales y sin ánimo de lucro vinculan a personas para la realización de actividades comunales, religiosas, sociales y políticas. Dichos contratos son aún relativamente nuevos y están desarrollándose en China.
Los contratos sociales creados por leyes constitucionales y administrativas determinan los poderes y las obligaciones del Estado y sus órganos constitutivos respecto de los individuos y el sector privado. Comprenden la autoridad para imponer impuestos y limitaciones a las personas y las entidades privadas mediante la legislación penal, administrativa y civil, además de la obligación del Estado de brindar bienes y servicios públicos. China ha fortalecido su Estado unitario con importantes innovaciones institucionales que han brindado crecimiento y prosperidad de renta media, pero sigue conservando la estructura administrativa básica de cinco niveles –el Gobierno central arriba y debajo los órganos de las provincias, las ciudades, las villas y los pueblos– que surgió por primera vez hace dos milenios.
Descifrar la estructura de la red de contratos es la clave para entender cómo actúa una economía, incluida su adaptación dinámica y no lineal a las fuerzas internas y externas. Siguiendo al físico Fritjof Capra, debemos considerar los organismos vivos, los sistemas sociales y los ecosistemas como un sistema adaptativo complejo, interconectado e interdependiente, lo que significa que no debemos ver la economía y la sociedad como jerarquías rígidas o mercados mecánicos, sino como redes y mallas de vida, en las que los contratos, ofíciales y oficiosos, cumplidos o violados, son la esencia de la actividad humana. El examen de los contratos debe ser similar al de la estructura celular y del ADN por parte de un biólogo.
China ha creado cuatro cadenas modernas de distribución que funcionan a escala mundial en las manufacturas, las infraestructuras, las finanzas y los servicios estatales, gracias a su compleja red de contratos en desarrollo y en aumento, pero, ¿cómo pudo China construir una base industrial moderna en un período relativamente corto a partir de sus tradicionales contratos patrimoniales familiares y sus arcaicas estructuras constitucionales?
Mediante la experimentación, la adaptación y la evolución, proceso denominado “cruzar el río buscando las piedras en que apoyarse”, China ha podido desarrollar una quinta cadena de orden superior de distribución de la formulación de decisiones políticas. Esa “estructura de gobernación de nivel superior”, como se la conoce en China, ha sido esencial para coordinar y orquestar las diferentes cadenas de distribución y la red general de contratos a fin de lograr el delicado equilibrio entre los objetivos individuales, familiares, empresariales, sociales y nacionales.
Esa estructura de gobernación de nivel superior es análoga al sistema operativo de una computadora, que orquesta los otros componentes informáticos –soportes y programas– para formar una unidad holística. Semejante estructura existe en muchas economías, pero en el marco chino, en el que el Estado desempeña un papel fundamental en la economía, reviste importancia decisiva para la eficacia del sistema. Su modelado dependerá de cómo afecten al tejido social del país la historia, la cultura, el marco institucional y la red de contratos en desarrollo de China.
Traducido del inglés por Carlos Manzano.


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Nathan Coppedge @nathancoppedge
The obvious correlation that may be cited in the article is the correspondence between information networks and social or business networks. But it seems, apart from a metaphor, these similarities are not bridged. There is a big difference between entities in an informational sense and entities in a cultural, social, or ambitious sense. Perhaps China's development is underwritten by a virtue such as public service or intelligence, but this is not made explicit in the article.
How can business infrastructure resemble information functioning is a question that obviously businesses must face consistently. Yet, how much innovation is actually achieved in the information field, at a symbolic level? Should it be necessary to say that information-infrastructure development is un-symbolic? This would be like saying that economies are forged at the whim of some brute natural force, which I sense is not exactly what is being argued, defended, or put forth. What does it mean to have an economy that is shaped by symbolic forces? Perhaps this question would seem ridiculous to most businessmen and financiers or government officials, because they feel that they are above the subjectivity of the common opinion, and the common perspective, or the 'weak forces' which form the basis of simple (social) contracts and so on.
Surely there is no 'magical force' which dictates that a business or institution must operate symbolically. Yet under a concept of kinetic information, and fair representation---aspects which subtly relate to economics, perhaps currently under no distinct umbrella of support---the nature of the modular citizen seems to be represented here, as an element of infrastructure and even information architecture. How does the individual gain symbolic representation in the economy? From my point of view, it seems that such a description or embodiment might be derived in some way from what you describe, or some local-scale variation, maybe an economic application, or some reflection of economics in the structure of informational computing. I will leave it at loose ends---perhaps economics relates to the structure of the citizen, and government and economics of some description should be biased to favor personal development. Some would assume this is already implemented---but it seems to me that somehow, in some way, citizens are not being treated as information.
--Nathan Coppedge, philosophical writer
PROCYON MUKHERJEE
A very stimulating article on creation of a web of contracts that also directs us towards how an institutional framework could be created around Innovation and I am infuenced by two papers as follows:
The first is the Research paper: "China's innovation policies: Evolution, institutional structure, and trajectory", which gives a vivid detail of how China emerged into a leading player on innovation in the area of Science and Technology and the second the book, ‘Dragon at the Door’, is one other example how it has gone beyond the institutional framework to adopt innovative practices which even the Western nations could emulate.
It is worthwhile to go through the 287 policies issued by the China’s central government agencies between 1980 to 2005 and 79 policies introduced thereafter which include financial, tax and fiscal measures to incentivize innovation. One of the fundamental observation has been the widening of focus from universities and technological institutions to all sectors of the economy that enhanced the creation and commercialization of new products and processes and services in economic activities. The top down trial and error through which the framework had moved laid down the foundation of the National Innovation System that had one single aim of moving from competitiveness to all round social welfare. It is truly a great learning for all how a State led centrally orchestrated policy making institutional framework could be created that went through a series of evolutions that encompassed all the constituents of a well crafted innovation framework that includes Science and Technology investment, tax stimulus, financial support, government procurement, talent, IPR creation and protection, education and S&T popularization, building of bases and platforms for S&T and innovation coordination.
When we are talking of web, as in this article it is worthwhile to note how a market based system (the fundamental requirement for innovation to thrive in an economy) could evolve from within the centrally controlled system of governance where the only suffrage is limited to universal direct election at the village level.
Procyon Mukherjee