Monday, September 1, 2014
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La transformación del sistema económico de China

Por lo general hay consenso en que los impresionantes logros económicos de China en las últimas tres décadas son en gran medida resultado de la reforma radical de su sistema económico. Mientras antes de que ésta comenzara apenas existía la propiedad privada de empresas, hoy las empresas privadas generan dan cuenta del 60% de la producción total.

Sin embargo, la propiedad es sólo una dimensión de un sistema económico. El sistema económico chino ha cambiado de maneras igual de radicales en otros ámbitos también. Se ha descentralizado la toma de decisiones en torno al consumo y la producción, recayendo hoy de manera importante en los hogares y las empresas, respectivamente; los incentivos económicos, los mercados, la competencia y la internacionalización han sustituido significativamente la planificación centralizada y autoritaria, los procesos administrativos, el monopolio y la autarquía. En términos generales, el periodo de reformas en China ha sido una notable ilustración contemporánea de que dar libertad a la iniciativa individual tiende a impulsar el desarrollo económico.

Entonces, ¿cómo habría que caracterizar la economía china? Algunos observadores describen el actual sistema económico chino como “capitalismo de estado”; otros (incluidos los gobernantes chinos) lo llaman "socialismo de mercado". Ambos rótulos se prestan a confusiones. Una razón es el predominio de las firmas privadas en el lado de la producción. Otro es el hecho de que el "socialismo" por lo general no se basa en una fuerte competencia y en incentivos, que son los factores dominantes en la China de hoy.

De hecho, China es un tipo de economía mixta , con una cantidad de características específicas, algunas de las cuales favorecen el crecimiento del PIB, mientras otras no han reducido el ritmo de la economía de manera significativa hasta el momento. Sin embargo, es probable que esta situación cambie. De modo que la aplicación de nuevas reformas será decisiva para determinar el desempeño futuro de la economía china.

Aunque la internacionalización de la economía ha sido beneficiosa para China, es poco probable que el 35% del PIB que hoy representan las exportaciones y que la fuerte dependencia en la tecnología extranjera sean sostenibles en el largo plazo. La tensión entre la propiedad privada de empresas -que está ya generalizada- y extendida propiedad pública de los recursos es otra característica específica del sistema económico chino que parece particularmente frágil.

Por ejemplo, al desfavorecer los préstamos a firmas privadas, los bancos de propiedad del estado distorsionan la asignación de recursos. La agricultura china es otro ejemplo de la tensión entre la iniciativa privada y la propiedad estatal de los recursos. En particular, la propiedad pública de la tierra daña los incentivos a la inversión para granjas familiares y reduce su oportunidad de consolidar tenencias de la tierra con el fin de aprovechar las economías de escala.

Es imperativo reducir esta tensión sobre la propiedad de firmas y recursos, ya que la entrada y la expansión de las compañías privadas pequeñas será cada vez más importante cuando los mercados internos chino y la innovación local deban jugar un mayor papel. En consecuencia, para que China logre el máximo de ventaja de la iniciativa privada, es importante continuar el traspaso de los recursos financieros y la propiedad de la tierra desde el sector público al privado.

Esto además ayudaría a abordar la corrupción endémica que es también una característica específica del sistema económico chino. Es difícil reducir significativamente la corrupción mientras los políticos y burócratas tengan tanto que "vender" a empresas y particulares, incluidos préstamos racionados otorgados por los bancos del sector público y permisos normativos de varios tipos. En las áreas rurales, la corrupción emana de la frecuente expropiación de los contratos de arrendamiento de campos cuyos titulares son agricultores que trabajan en tierras de propiedad colectiva, que las autoridades locales luego entregan a desarrolladores no agrícolas. En ambos caso, para reducir la corrupción será necesario no sólo que el gobierno se pronuncie públicamente contra las prácticas poco éticas, sino también que implemente reformas institucionales, entre ellas una mayor desregulación, derechos de propiedad más sólidos y más recursos en manos de privados. También sería útil contar con una prensa libre.

No hay dudas de que algunos tipos de corrupción como el “despojamiento de recursos” vinculado con la privatización de firmas del sector público ha acelerado el surgimiento de una clase de capitalistas y empresarios privados. Sin embargo, si la corrupción se convierte en un elemento permanente del sistema económico chino, es probable que reduzca la eficacia de la asignación de recursos y perjudique la legitimidad de la iniciativa privada.

China necesita también pasar de su estrategia de crecimiento "extensiva" (consumo de recursos) a un camino de desarrollo más "intensivo". Aunque para un alto crecimiento se requiere la formación de capital a gran escala, en China parece desproporcionada la relación entre la inversión en bienes de capitales y capital humano, lo que se refleja en la actual relación de inversión en bienes de capital reales, de un 43 del PIB, comparada con el 4,3% de inversión en capital humano en la forma de educación. El crecimiento de China sería más eficiente si estas proporciones cambiaran a favor de la educación, incluida la formación vocacional, que está muy poco desarrollada.

Más aún, terminar con el vasto desperdicio de los recursos naturales, que genera niveles excepcionalmente altos de polución, exigirá una reforma al marco normativo, lo que debería incluir mayores precios a pagar por los usuarios por la energía, las materias primas y los recursos ambientales. Si se pasa a una estrategia de desarrollo menos dependiente de los recursos, habrá más recursos disponibles para mejorar los espacios sociales más dejados de lado, como los ciudadanos de zonas rurales y los "marginales urbanos" (personas que habitan en sectores urbanos informales). Esto incluye corregir las incompletas y parciales medidas de China para dar seguridad al ingreso, así como la desigual distribución de sus servicios sociales, como la salud y la educación, en particular en las áreas rurales.

La oportunidad de combinar un mayor retirada gubernamental del sistema de producción con una mayor participación en el ámbito social es interesante y atractiva. Los gobernantes de China parecen prometer esto al manifestar su preocupación por la iniciativa privada a nivel interno, los espacios sociales, el desarrollo social y la protección ambiental. Sólo el tiempo dirá hasta qué punto y a qué ritmo se cumplirán esas promesas.

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