Friday, October 24, 2014
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La revolución de la conectividad en China

NEW HAVEN – China, que durante mucho tiempo fue la nación más fragmentada de la Tierra, está resultando unida como nunca por una nueva conectividad. Su comunidad de Internet está desarrollándose aceleradamente, lo que tiene profundas repercusiones para la economía china, por no hablar de las normas sociales y el sistema político del país. Ese genio ya no se puede meter otra vez en la botella. Una vez que ha habido la conexión, ya no se puede volver atrás.

El ritmo de la transformación es impresionante. Según Internet World Stats, el número de usuarios de Internet en China se ha más que triplicado desde 2006, al llegar a ser nada menos que 485 millones a mediados de 2011: más de tres veces lo que era en 2006. Además, la carrera a la conectividad no ha acabado ni mucho menos. A mediados de 2011, sólo el 36 por ciento de sus 1.300 millones de habitantes estaban conectados: muy por debajo del 80 por ciento, aproximadamente, que se daba en Corea del Sur, el Japón y los Estados Unidos.

De hecho, con la pronunciada reducción del costo de la conectividad –se espera que el número de usuarios de teléfonos móviles de China supere al de usuarios de computadoras personales en 2013– y con el también marcado aumento de la urbanización y la renta por habitante, hay razones para esperar que en 2015 la tasa de penetración de Internet en China supere el umbral del 50 por ciento. Sería el equivalente funcional de añadir las tres cuartas partes de todos los usuarios de Internet existentes en los EE.UU.

Además, los chinos no son unos usuarios ocasionales e infrecuentes. En consonancia con lo que el teórico de las redes sociales Clay Shirky ha llamado la inclinación de una sociedad por desbloquear el “excedente cognoscitivo” inherente a las actividades basadas en las redes, los datos de las encuestas del Centro de Información sobre las Redes de Internet en China indican que los usuarios muy activos de Internet están conectados, por término medio, 2,6 horas al día: toda una hora más que el tiempo que pasan, por término medio, los ciudadanos chinos de edades comprendidas entre los 15 y los 49 años mirando la televisión.

A finales de 2011, se calculaba que las microbitácoras o redes sociales de China, en las que suele darse el uso más intenso, contaban con 270 millones de usuarios, aproximadamente, cosa que presenta muchas ventajas. A escala mundial, el 70 por ciento, aproximadamente, de todos los usuarios de Internet participan actualmente en alguna forma de microbitácora, el segmento de Internet que aumenta más rápidamente. En China, ese porcentaje asciende al 55 por ciento.

Puestos a analizar a China, siempre resulta fácil entusiasmarse con las cifras, en particular las debidas al puro y simple tamaño del país, pero el mensaje real en este caso se refiere a los efectos de conectividad, no sólo de su escala.

Un efecto fundamental es la posibilidad de que Internet desempeñe un papel importante en el surgimiento de una sociedad de consumidores en China: un imperativo estructural decisivo para una economía china durante mucho tiempo desequilibrada. La conectividad va acompañada de una conciencia nacional de los hábitos de gasto, gustos y marcas: características esenciales de cualquier cultura de consumo.

El porcentaje del PIB correspondiente al consumo en la economía de China, menos del 35 por ciento, es el más bajo de todos los países importantes. Un aumento muy pronunciado del uso de Internet en China podría muy bien facilitar las iniciativas pro consumo del 12º Plan Quinquenal, recientemente promulgado.

Internet podría permitir también unas comunicaciones más libres y abiertas, una movilidad ascendente, una diseminación rápida y transparente de la información y –sí, sí– individualidad. Los dirigentes de China han expresado cada vez más preocupación por el aumento de las desigualdades, que podría obstaculizar el desarrollo de lo que llaman una “sociedad [más] armónica”. La conectividad electrónica podría ser un medio poderoso para ayudar a China a adquirir una mayor unidad y lograr ese objetivo.

Por último, no hay que olvidar las posibilidades de Internet como instrumento de cambio político. Se trata de una consideración no poco importante para cualquier país, a raíz de la “primavera árabe” del año pasado, que resultó facilitada en muchos países (en particular, Túnez y Egipto) por una movilización propiciada por las redes.

Si bien se ha considerado siempre la reforma del Estado de partido único un objetivo importante para la China moderna –desde la llamada Quinta Modernización de Wei Jinsheng, a finales del decenio de 1970, hasta discursos recientes del Primer Ministro, Wen Jiabao–, los avances reales han sido limitados. ¿Existe la probabilidad de que haya un cambio al respecto, al interesarse China cada vez más por Internet?

China no es una excepción en cuanto a la necesidad de dirigentes capacitados, rendición de cuentas y receptividad como condiciones para la estabilidad política. Su comunidad de Internet, en rápido desarrollo, ha intensificado la sensibilización nacional respecto de cuestiones locales problemáticas, cosa que resultó particularmente evidente a raíz del terremoto en Sichuan de 2008, la violencia étnica que estalló en Xinjiang en 2009 y el accidente ferroviario ocurrido en Wenzhou en 2011.

Como demostró la “primavera árabe”, Internet puede transformar rápidamente los incidentes locales en focos de tensión nacional, lo que convertiría la nueva conectividad en una posible fuente de inestabilidad y agitación políticas, pero así ha sido sólo en países gobernados por regímenes autocráticos y muy impopulares.

En cambio, los dirigentes de China cuentan con un grado mucho mayor de apoyo político. Su rápida y directa reacción ante los recientes incidentes habidos en Sichuan, Xinjiang y Wenzhou son ejemplos importantes. Los dirigentes superiores del Partido –en particular, el Primer Ministro Wen– se apresuraron a encabezar una reacción nacional comprensiva que fue en gran medida eficaz para contrarrestar las numerosas manifestaciones de preocupación expresadas en Internet.

Con esto no pretendo negar en modo alguno los aspectos negativos de la explosión de China en Internet, a saber, la censura generalizada y las restricciones de la libertad de expresión individual. El equipo –propio de “SkyNet”– de China (que, según se rumorea, está compuesto por 30.000 personas) es la mayor ciberpolicía del mundo.

Además, si bien China no es el único país que censura Internet, la autocensura por parte de muchos de los portales mayores de la nación amplifica la supervisión y la vigilancia oficiales. Las recientes restricciones aplicadas a las microbitácoras –en particular, la denegación de acceso a quienes usan apodos imposibles de identificar– han intensificado la preocupación por la libertad de Internet en China. Naturalmente, dichas restricciones presentan las dos caras: la posible limitación de la expresión personal, pero también la de los ataques de francotiradores disfrazados y temerarios.

Filtrada o no, una China durante mucho tiempo fragmentada, tiene ahora una red viable y en rápido desarrollo. La potencia de dicha red –en particular, por lo que se refiere al cambio económico, social y político– resulta difícil de predecir, pero la conectividad añade una nueva dimensión a la China moderna, lo que ha de acelerar la velocidad de su extraordinario desarrollo.

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  1. Commentedjohn scanlon

    I agree with Stephen entirely. The implications of the new networked China are profound. Information plays deeply on sentiment in society. The new technologies, (network and tools), play well for both sides; expression and transparency vs repression and control. The play we are watching in China in these respects will also reverberate globally over the coming years.

  2. CommentedSkyBlue Kelt

    The only form of connectivity that matters in China is the ancient and traditional system of exchanging favors called quanxi. Electronic toys for children are meaningless and insignificant to the quanxi system of who you know, who knows you, and the balance of favors owed between the two. Essentially, Stephen Roach is an old fogie, verging on senility and utterly out of touch with modern society outside spread sheets.

    The people gossiping in chat rooms in China are of no importance or influence. The miniscule number and percentage of rebellious youth are ignored by everyone else, the sensible, practical, gigantic majority of the Chinese. No one has ever been punished for the collapsed schools and deaths of children in the Sichuan earthquake. Just as with the deaths of thousands in Canada caused by being given blood tainted with HIV by the Canadian Red Cross, any inquiry found no one guilty, culpable and liable, and everyone involved walked away scot-free. Only a miniscule minority of the Chinese care. The event is history, and the greedy demands of the parents for more and more money are seen as nothing but criminal extortion by nearly all the Chinese people. The situation is exactly the same in the USA, where only the leftist news media cares about all the people demanding more and more money for imagined compensation for any fantasy environmental damage they can invent.

    The huge majority of the Chinese merely scorn and mock the neurotic children of the Internet. Important and influential Chinese have vastly more vital and useful things to do than use toys to chat with hysterical children. The internet will never be more important than the comments sections of the Western new media corporations are now.

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