¿Está a punto de caerse el péndulo político de Europa del Este? Desde 1989, a lo largo de Europa Central las elecciones han oscilado de derecha a izquierda. ¿El astuto y joven Primer Ministro de Hungría, Viktor Orban, terminará con eso?
Un despiadado programa para absorber a sus rivales políticos de derecha ha ayudado a que el partido FIDESZ de Orban adquiera casi el mismo tamaño que sus rivales socialistas de izquierda. Además, las peleas internas entre los socialistas han mellado una de sus mayores ventajas: la disciplina y el profesionalismo político severos heredados de su era comunista.
Los esfuerzos semiexitosos del premier Orban por unificar a la derecha bajo el estandarte del FIDESZ son únicos entre los fracturados y reacios partidos derechistas de Europa del Este. Desde la caída del comunismo, los partidos de centro derecha de la República Checa, Hungría, Polonia y Eslovaquia han sufrido de falta de visión y de unidad. A pesar del hecho de que la región está todavía recuperándose de décadas de mala administración comunista, la fragmentación de la derecha política ayudó a la izquierda política, en algunos casos representada por antiguos comunistas, a ganar las elecciones democráticas regularmente.
Algunos de los problemas que enfrenta la derecha de Europa Central son similares a los que enfrenta la derecha en el resto de Europa, en donde los partidos socialdemócratas expropiaron muchas ideas que antes eran liberales para apoderarse de un monopolio del centro político. En Europa Central ese efecto se ha amplificado por el hecho de que, olvidando las inclinaciones ideológicas, los partidos en el gobierno han tenido que privatizar la economía y, bajo presión de la Unión Europea, introducir medidas de reforma que, en un sistema occidental clásico, serían usualmente desarrolladas por la derecha política.
Con frecuencia los partidos de izquierda de varios países centroeuropeos, en efecto, han tenido más éxito en la reforma porque ellos, paradójicamente, tienen una mayor legitimidad en ese respecto. Muchas personas creen que los socialistas no privatizarían la economía o reducirían los sistemas de seguridad social si tales medidas no fueran absolutamente necesarias.
El problema más serio de la derecha política de Europa Central es la falta de identidad. Aunque los políticos de centro-derecha en países centroeuropeos adoptan formalmente ideologías tradicionales como, por ejemplo, ser liberales o conservadores, sus electorados, no familiarizados con filosofías políticas de Occidente, no siempre entienden el significado real de esos términos.
En diversas encuestas hubo significantes segmentos de los electorados de Europa Central que se describían a sí mismos como "derechistas", pero los años de paternalismo comunista empujaron el centro de gravedad político firmemente hacia la izquierda. Entonces, una persona puede describirse, por ejemplo, como liberal, pero al mismo tiempo demandar que el gobierno siga subsidiando la energía, la educación y la vivienda.
Bajo los regímenes comunistas las ideologías se volvieron totalmente instrumentales. Como sucedió en esa época, ahora muchas personas aceptan formalmente las etiquetas ideológicas, pero se identifican con ellas sólo mientras tal alianza a una corriente política específica tenga beneficios tangibles de corto plazo para ellas. Una de las consecuencias de este cínico trato de las ideologías políticas son las drásticas oscilaciones que han mostrado las preferencias de los votantes en varios países centroeuropeos.
El problema de la identidad empeora por el hecho de que la mayoría de las naciones centroeuropeas, en donde la construcción de la nación se retrasó por el comunismo, sucumben fácilmente a los sentimientos nacionalistas que, a su vez, son mal utilizados por algunos políticos. Aunque estos políticos a menudo se describen a sí mismos como "derechistas", sus políticas reales como, por ejemplo, las del ex-Primer Ministro eslovaco, Vladimir Meciar, son de hecho demagógicas, populistas o autoritarias.
La situación de la derecha política de cada país centroeuropeo es también influenciada por las experiencias originadas en la historia y en la tradición. Los desarrollos políticos en Checoslovaquia durante los últimos 20 años de comunismo diferenciaron a la República Checa y a Eslovaquia de Polonia y de Hungría. Mientras que los partidos comunistas polaco y húngaro experimentaron una liberalización interna que permitió relativamente amplias zonas semioficiales de actividad al exterior del control comunista, Checoslovaquia se convirtió en un rígido régimen neostalinista después de la invasión encabezada por los soviéticos en 1968.
Cuando los regímenes comunistas se colapsaron en 1989, los partidos comunistas de Polonia y Hungría se transformaron en partidos de izquierda creíblemente democráticos que se convirtieron en formidables oponentes de la recién emergida derecha política. Ningún partido socialdemócrata fuerte podría haber surgido del rígido Partido Comunista Checoslovaco. A falta de un partido democrático de izquierda que fuese creíble, los políticos checos de centro-derecha tenían las de ganar, y estaban relativamente unidos, hasta 1997. Sin embargo, la falta de una fuerte oposición corrompió a la derecha política, la cual se dividió en diversos grupos que no pueden encontrar un lenguaje común.
En Eslovaquia, en donde los sentimientos nacionalistas eran un importante factor político después de 1989, el espectro político todavía no se ha unido en base a un eje político derecha-izquierda estandar. Las mayores batallas políticas ocurren entre fuerzas nacionalistas-populistas, cuyos conceptos han sido más bien no democráticos, y fuerzas que luchan por la democracia estandar. La amenaza de tener a Meciar en el poder otra vez obligó a todos los demócratas, de izquierda o de derecha, a reunirse en un solo campo. Incluso en esta situación la derecha política ha buscado disputas, creando espacio para el posible regreso de Meciar al poder.
La derecha política de Hungría ha sufrido de muchas diferencias entre fuerzas conservadoras y populistas, por un lado, y los liberales tradicionales, sobre todo urbanos, por el otro. Hubo varios partidos que no pudieron decidir si el modus operandi de la derecha debería basarse en ideologías occidentales tradicionales o en una rama húngara de conservadurismo y populismo nacionalista. Aunque la coalición gobernante hoy en día, que incluye conservadores y populistas, ha tenido éxito, el verdadero ajuste de cuentas de la derecha húngara quizá todavía esté por venir.
La derecha de Polonia representa el caso más difícil. Sus problemas se originan en la era comunista, cuando un movimiento sindical, que bajo circunstancias normales debería localizarse en la izquierda política, se convirtió en el mayor opositor anticomunista. Como resultado, varios grupos políticos asociados con el movimiento sindical Solidaridad han aspirado, desde la caída del comunismo, a representar a la derecha política, confundiendo los términos del discurso político.
Los partidos cristianodemócratas, asociados con la Iglesia Católica, y los liberales, han sido hasta cierto punto marginados. La confusión ha sido total gracias a la existencia de relativamente fuertes partidos nacionalistas y populistas que usan a los numerosos granjeros polacos como base electoral. Como ha sucedido en otros países postcomunistas, el mayor beneficiario de tal falta de unidad ha sido la izquierda democrática.


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