WASHINGTON, DC – China ha capeado bien la Gran Recesión. El mundo ahora espera ver si el impresionante crecimiento de la demanda interna del año pasado se puede sostener, y si China, según las palabras del primer ministro Wen Jiabao, puede “darle rienda suelta al papel protagónico de la demanda de consumo a la hora de impulsar el crecimiento económico”.
El consumidor chino ha estado rezagado durante mucho tiempo, y ahora se lo obliga a ocupar un lugar central en el modelo de crecimiento de China. El gobierno chino ya está avanzando en múltiples frentes para alcanzar este objetivo, como quedó claro en los anuncios del Congreso Nacional del Pueblo de esta semana.
De los muchos factores que han reducido la cuota del consumo en la economía de China, el menguante ingreso disponible de los hogares ha sido central. Eso, a su vez, reflejó la caída en los ingresos laborales como una cuota de la economía, debido en parte a cambios estructurales que han desplazado a los trabajadores de la agricultura (donde el porcentaje laboral del ingreso es alto) a la industria (donde el capital se lleva una porción más importante del ingreso).
Simultáneamente con los menguantes ingresos laborales, los techos a los depósitos bancarios impuestos por el gobierno –el principal canal de ahorro para la mayoría de los hogares- han reducido la renta del capital de los hogares. Esta caída en los ingresos se vio agravada por los crecientes niveles de ahorro de los hogares, motivados por un seguro insuficiente para la atención médica y la ancianidad, el elevado costo de la educación, la creciente desigualdad de ingresos y las tendencias demográficas.
¿Qué hacer entonces? Recientemente, asistí a un taller organizado por el FMI en Beijing que reunió a funcionarios chinos, académicos, analistas internacionales y personal del FMI para discutir cuál es la mejor manera de catalizar el consumo de los hogares en China. Los participantes hicieron hincapié en que haría falta realizar cambios en varias áreas, entre ellos la mejora del sistema de tributación y seguro social, un mayor desarrollo de la vivienda y la economía de servicios, y la eliminación de varias distorsiones de precios relativos.
Una idea fundamental es aliviar la carga impositiva sobre el trabajo. Teniendo en cuenta el impuesto a las ganancias personales y varias contribuciones sociales, las cargas fiscales sobre el ingreso laboral en China son demasiado altas. Es cierto, los impuestos son necesarios para financiar el gasto social, pero otras fuentes de ingresos que no sean los impuestos al ingreso laboral podrían ser efectivas. China podría explorar convenientemente la posibilidad de desviar parte de la carga del ingreso hacia la propiedad, las rentas de capital y los impuestos a la herencia. Si el presupuesto se engrosara con mayores dividendos provenientes del sector empresario estatal, altamente rentable, estaríamos frente a una fuente de fondos alternativa.
Otra manera de mejorar el consumo podría consistir en ofrecer un mayor respaldo a los hogares. La crisis global llevó al gobierno de China a impulsar su programa de reforma social. Se hicieron mejoras importantes en el último año para expandir la cobertura del sistema de pensión, avanzar hacia una atención médica universal y ofrecer financiación pública para la educación elemental. Pero se pueden hacer más cosas para acelerar el paquete de reformas existente, encontrar maneras de desarrollar una cobertura total en caso de catástrofes sanitarias y generar un financiamiento de la educación terciaria respaldado por el gobierno.
Hacer mejoras en el mercado inmobiliario también podría ayudar a fomentar el consumo. Las distorsiones en el mercado de bienes raíces son una fuerte motivación para el ahorro, especialmente entre los jóvenes que se esfuerzan por cumplir con el pago de un anticipo alto para comprar una primera vivienda. Parte del costo elevado de los inmuebles es consecuencia de un sistema financiero subdesarrollado, que convierte a la vivienda en una de las pocas alternativas a los depósitos bancarios como un depósito de valor.
Los impuestos a la propiedad o a las ganancias de capital podrían ayudar a frenar la demanda de viviendas como un vehículo de inversión. Por otra parte, se necesita con urgencia una política integral de vivienda a nivel nacional a fin de asegurar que la vivienda siga siendo algo posible de alcanzar, en especial para quienes tienen ingresos limitados.
Relacionada a todo esto está la necesidad de realizar mejoras en el sistema financiero general. Si se desarrollaran mercados para pensiones privadas, seguros médicos comerciales y seguros de renta, China podría complementar una mayor oferta gubernamental de seguro social y debilitar los incentivos que son la base de una alta tasa de ahorro preventivo.
De la misma manera, ampliar el rango de instrumentos de ahorro que existen podría aumentar el ingreso disponible de los hogares e incrementar el consumo. Un sistema financiero más desarrollado ofrecería alternativas a los bienes raíces como depósito de valor, lo que permitiría que ser propietario de una vivienda resultara más accesible. Estas cuestiones serán examinadas con detenimiento en el transcurso de este año mientras el gobierno chino y el FMI colaboran en un Programa de Evaluación del Sector Financiero para China.
Impulsar una economía de servicios dinámica invariablemente fomentará también el consumo. En los próximos años, una economía de servicios más y mejor desarrollada será un ingrediente esencial para aumentar el empleo y aliviar la dependencia de China del sector industrial.
Sin embargo, fomentar un crecimiento más rápido de los servicios es una tarea compleja. Es necesario reducir las barreras de entrada, particularmente en las industrias de servicios dominadas por oligopolios estatales. Es preciso eliminar las distorsiones de precios clave que favorecen la industria que requiere grandes inversiones en bienes de capital, aumentando el costo de la tierra, la energía, el agua y el capital. También ayudará modificar la estructura impositiva. Actualmente, la industria es la principal fuente de ingresos tributarios para el gobierno, especialmente a nivel local, lo que le da al estado muy poco incentivo para estimular una economía de servicios.
Finalmente, un renminbi más fuerte debería ser una parte integral del paquete de reformas para alentar el consumo. Una moneda más sólida incrementaría el ingreso de los hogares. También crearía un fuerte incentivo para que las empresas se expandieran en la economía de servicios, ofreciendo más empleos y más opciones para los consumidores chinos.
Si se puede fomentar el consumo de manera exitosa y sostenible, creo que el desarrollo de China entrará en una nueva etapa, en la que el crecimiento económico continúe a un ritmo acelerado, genere mayor empleo, aumente el bienestar social, reduzca la demanda de recursos naturales y, en definitiva, sea de una calidad muy superior, apuntalando así un crecimiento global más equilibrado.


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