The Statesmen's Debate
El debate equivocado sobre la inmigración en Estados Unidos
Jorge G. Castañeda
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En los Estados Unidos está empezando un debate sobre inmigración que recogerá varias propuestas. Entre ellas está un detestable proyecto de ley - que la Cámara de Representantes ya aprobó - que ordena la construcción de un muro a lo largo de la frontera México-EU y califica el ingreso no autorizado al país como delito grave.
El Senado estadounidense también considerará un proyecto de ley formulado en conjunto por el Senador Edward Kennedy y el Senador John McCain que propone una aplicación más firme de la ley en la frontera, un programa de trabajadores temporales que pueda conducir a la residencia y la ciudadanía y la legalización de quienes ya se encuentran en Estados Unidos sin documentos. Otra idea es exigir que cualquier persona que esté en los EU y que quiera regularizar su calidad migratoria regrese a su país y haga la cola ahí.
El último componente es retórico en buena medida. Es difícil imaginar que un mexicano que ya esté en los EU regrese voluntariamente a Zacatecas, digamos, a esperar pacientemente su nueva visa. El Presidente George W. Bush ha estado evitando el asunto desde que se comprometió a llegar a un acuerdo sobre inmigración con México cuando visitó al Presidente Vicente Fox en Guanajuato hace casi exactamente cinco años.
Por último, y tal vez lo más importante, está la propuesta de avenencia del Presidente del Comité de Asuntos Judiciales del Senado, Arlen Specter. La propuesta de Specter también prevé una seguridad reforzada en la frontera, así como un programa de trabajadores temporales de seis años no renovables sin la posibilidad de obtener la residencia, aunque permitiría que los inmigrantes no autorizados permanecieran en los EU con una nueva calidad de no inmigrantes. Esta última calidad podría o no incluir la posibilidad de obtener la residencia y la ciudadanía; esquivar el tema puede ser una táctica de negociación para evitar el debate sobre si es una forma de amnistía (que afortunadamente lo es, hasta cierto punto).
Lo que falta en el debate es el contexto latinoamericano. Hubo una época en que los flujos migratorios norte-sur en el hemisferio occidental se limitaban a México y el Caribe. Eso cambió en 1980, cuando las guerras civiles en Centroamérica enviaron a miles de migrantes a los EU a través de México, y después en 1990, cuando quienes huían de la violencia en Colombia, Venezuela, Perú y Ecuador también empezaron a buscar oportunidades.
Hoy en día, incluso Brasil, país tradicionalmente de inmigración, se ha convertido en uno de emigración. Además, esos migrantes ya no son de origen exclusivamente rural, ni viajan únicamente a las zonas tradicionales en los EU. Están literalmente en todas partes. Sus remesas contribuyen enormemente al bienestar económico de sus familias y comunidades y a las economías de sus países de origen.
Así, cualquier política migratoria que surja en los EU tendrá un gran impacto al sur del Río Bravo, mucho más allá de México. Esto ocurrirá precisamente en un momento en que América Latina se está desplazando hacia la izquierda y un país tras otro regresan a las posturas populistas antiestadounidenses: Venezuela en 1999, Bolivia el año pasado, quizá México, Perú y Nicaragua este año. Si persiste la percepción de una mayor hostilidad de los EU hacia América Latina, se endurecerá el viraje hacia una izquierda irresponsable y demagoga.
Las izquierdas responsables de Chile, Brasil y Uruguay son excepciones a la naciente regla que impuso el Presidente de Venezuela, Hugo Chávez. La mejor forma de acentuar los sentimientos antiestadounidenses en la región es tratar de cerrar la frontera México-EU (que no servirá de nada). En lugar de eso, los EU deberían establecer mecanismos humanos, seguros y legales de ingreso temporal o permanente para las personas que necesita y quiere la economía estadounidense, y debería trabajar con los gobiernos de América Latina, no en su contra.
Hace cinco años el Presidente de México, Vicente Fox, trató de convencer a Bush de que algo había que hacer antes de que una reacción patriotera en los EU complicara sus relaciones con América Latina e hiciera imposible alcanzar metas como el Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Pero las cosas han empeorado. Las tensiones fronterizas entre México y los EU han aumentado, la propuesta del muro ha provocado indignación, con razón, están entrando más inmigrantes que nunca a los EU y el ALCA fracasó.
Bush debe empezar a utilizar el capital político que le queda para apoyar reformas migratorias ilustradas que sigan los lineamientos del proyecto de ley Kennedy-McCain. Jamás conseguirá un programa de trabajadores invitados sin el apoyo de los demócratas, lo que a su vez es poco probable a menos que la Casa Blanca apoye el acceso a un programa para migrantes no autorizados que ya estén en los EU y que incluya algún tipo de vía hacia la residencia y la ciudadanía.
México y los Estados Unidos deben ser sensibles a las preocupaciones internas en ambos países. Ningún acuerdo migratorio será factible al norte de la frontera si no se abordan las cuestiones de seguridad; al sur de la frontera, no es concebible la cooperación mexicana en materia de seguridad fronteriza o de un programa de trabajadores temporales si las reformas migratorias ignoran a los casi cinco millones de ciudadanos mexicanos indocumentados que actualmente viven en los EU.
México debe actuar con lo que Fox ha llamado "responsabilidad compartida". Ni el mejor acuerdo imaginable entre México y los EU ni la mejor reforma migratoria estadounidense eliminarán el flujo de migrantes indocumentados de México y Sudamérica de la noche a la mañana. México debe asumir la responsabilidad de regular ese tráfico, lo que significa algo más que sellar su frontera sur. El gobierno podría, por ejemplo, duplicar los pagos de seguridad social a los hogares donde sea el hombre quien se queda en casa, amenazar con revocar los derechos de reforma agraria después de años de ausencia de las comunidades rurales y establecer puntos de estrangulamiento en las carreteras en el Istmo de Tehuantepec.
Fox ha dicho que está dispuesto a romper los viejos tabúes mexicanos, pero la administración Bush nunca ha aceptado la oferta. Eso es lamentable, porque Fox no va a estar ahí para siempre.
La inmigración siempre ha sido un tema enormemente complejo y delicado al interior de los EU, y ahora también en América Latina. Hubo una oportunidad al principio del primer período de Bush que se perdió después de los ataques terroristas de septiembre de 2001. Ahora se vuelve a presentar y se debe aprovechar antes de que sea demasiado tarde.
Jorge G. Castañeda, ex Secretario de Relaciones Exteriores de México (2000-2003), tiene una cátedra Global Distinguished Professor de política y estudios sobre América Latina en la Universidad de Nueva York.
Copyright: Project Syndicate, 2006.
www.project-syndicate.org
Traducción de Kena Nequiz
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