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¿Puede el elefante bailar con el dragón?

TRIVANDRUM, INDIA – Hoy en día está de moda, sobre todo en Occidente, mencionar a la India y a China en la misma oración. Se dice que estos son los dos países que se están adueñando del mundo, los nuevos competidores por la supremacía global después de siglos de dominio occidental, la respuesta oriental a las generaciones de éxito económico de Occidente.

En efecto, dos nuevos libros reúnen explícitamente a los dos países: The Elephant and the Dragon: The Rise of India and China and What It Means for All of Us (El elefante y el dragón: el surgimiento de India y China y lo que significa para todos nosotros), de Robyn Meredith y Billions of Entrepreneurs: How China and India are Reshaping their Futures – and Yours  (Miles de millones de empresarios: Cómo China y la India están reconfigurando sus futuros –y el de usted), del profesor de negocios de Harvard Tarun Khanna. Ambos libros consideran que el reciente avance de la India y China está moviendo las placas tectónicas económicas y políticas del mundo. Algunos incluso hablan de “Chindia”, como si en la imaginación internacional ambos países estuvieran unidos por la cadera.

Cuéntenme entre los escépticos. No es sólo que China y la India tengan poco en común, además del hecho de que se encuentran en un espacio físico bastante grande llamado “Asia”.  Sucede también que ya están en etapas de desarrollo muy diferentes. China empezó su liberalización quince años antes que China, llegó a los dígitos dobles en su crecimiento cuando la India seguía rondando el 5% y, con el crecimiento compuesto, está en una categoría económica totalmente distinta a la de la India, y sigue creciendo más rápido a partir de una base más amplia.

Además, los sistemas de ambos países son completamente desiguales. Si China quiere construir una nueva vía de seis carriles, puede derribar con maquinaria pesada cualquier aldea que le estorbe. En la India, si se quiere ampliar una calle de dos carriles, el asunto puede permanecer durante años en el tribunal mientras se determinan las compensaciones.

Cuando China construyó la Presa de las tres gargantas, creó un embalse de 660 kilómetros de largo para el que fue necesario desplazar a dos millones de personas –  todo se logró en quince años, sin problemas, en aras de la generación de electricidad. Desde que la India inició el proyecto de la Presa Narmada para dar irrigación, agua potable y energía a millones de habitantes, lleva 34 años (hasta ahora) luchando hasta la Suprema Corte contra grupos ambientalistas, activistas de derechos humanos y defensores de los desplazados, y las protestas callejeras siguen obstaculizando la construcción.

Así es como debe ser: la India es una democracia rebelde y China no lo es. Pero como indio, no quiero pretender que podemos competir con China en la carrera global del crecimiento.

Pero si no podemos competir, ¿podemos cooperar? Las dos civilizaciones tuvieron siglos de contactos en la antigüedad. Gracias principalmente a la exportación del budismo de la India a China, los chinos venían a las universidades indias, visitaban las cortes indias y escribieron narraciones memorables de sus viajes. En su mejor época, Nalanda recibía a cientos de estudiantes chinos, y algunos indios viajaron en el otro sentido; un monje budista de la India construyó el famoso templo Lingyin Sin en Huangzhou en el siglo V.

La costa de Kerala en el sudoeste de la India está llena de redes de pescar de estilo chino, y la olla favorita para cocinar del ama de casa malayalí es el wok, al que localmente se llama cheen-chetti (vasija china).

Pero hace tiempo que los indios y los chinos no tienen mucho trato. Los días felices del Hindi-Chini bhai-bhai (“los indios y los chinos son hermanos”), el lema que acuñó la India de Nehru para dar la bienvenida a Chou En-Lai en 1955, dieron paso a la humillación de la guerra fronteriza de 1962, después de la cual ha sido “Hindi-Chini bye-bye” durante décadas.

La disputa fronteriza sigue sin resolverse, las tropas chinas hacen incursiones periódicas en territorio indio y hay nuevos irritantes como las protestas contra China por parte de los exilados tibetanos a los que se dio asilo en la India. Hablar de un “déficit de confianza” bilateral no es una exageración.

Sin embargo hay algunas buenas noticias. El comercio se ha duplicado en cada uno de los últimos tres años y se calcula que este año alcanzó los 40 mil millones de dólares; China ya rebasó a Estados Unidos como el mayor socio comercial individual de la India. El turismo prospera, sobre todo el de los peregrinos indios a los sitios sagrados hindúes más importantes en el Tíbet, el Monte Kailash y el Lago Mansarovar.

Las empresas de tecnología de la información indias han abierto oficinas en Shanghai y Hangzhou, e Infosys ha contratado a nueve chinos este año en su sede de Bangalore. Hay docenas de ingenieros chinos trabajando (y aprendiendo) en empresas de computación y de ingeniería indias, e ingenieros de sistemas indios apoyan al fabricante chino de equipo de telecomunicaciones Huawei.

En general, India es fuerte en áreas donde China necesita mejorar, sobre todo en software, mientras que China destaca en hardware y manufacturas, que le hacen mucha falta a la India. Así, la empresa india Mahindra and Mahindra fabrica tractores en Nanchang para exportarlos a Estados Unidos. La empresa PortalPlayer de Hyderabad inventó los componentes operativos principales del iPod de Apple, mientras que los iPod mismos se fabrican en China. Philips emplea a cerca de 3,000 indios en su “Campus para la innovación” en Bangalore que escriben más del 20% del software global de la compañía, que la fuerza de trabajo de Philips en China, de 50,000 personas, transforma en bienes de esa marca.

En otras palabras, el elefante ya está bailando con el dragón. La única pregunta es si las tensiones políticas podrían hacer que la música se interrumpiera. No hay duda de que, independientemente de las diferencias legítimas de la India con el régimen comunista de China, la cooperación favorece los intereses de ambos pueblos. Después de todo, uno y uno no sólo da dos; si se acomodan bien, pueden dar 11.

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