Thursday, October 23, 2014
0

¿Podrían ser beneficiosos unos precios altos del petróleo?

Los precios mundiales del petróleo superaron el nivel de los 40 dólares por barril a mediados del verano y desde entonces han subido hasta el de los cincuenta y tantos dólares. Los precios actuales del petróleo siguen equivaliendo a sólo dos terceras partes del nivel real alcanzado durante la Revolución Iraní de 1979 y los mercados de futuros esperan que el precio del petróleo se reduzca y se estabilice en 45 dólares por barril. Pero el alto nivel actual de los precios del petróleo ha movido a los analistas a empezar a frenar sus esperanzas de crecimiento económico.

"Los precios altos se van a quedar", dice el analista económico americano Allen Sinai. "Eso tiene que reducir el crecimiento y podría causar un aumento de la inflación esencial". De hecho, según Sinai, unos precios más altos del petróleo son "el mayor riesgo... desde el estallido de la burbuja del mercado de valores en 2000-2001".

Sinai no es ni mucho menos el único en sostener esa opinión. Si el precio del petróleo se mantiene en el nivel de 40 dólares por barril, podemos esperar que no tenga apenas efectos en el crecimiento del PIB mundial a corto plazo, pero, si el precio del petróleo permanece en el nivel de los 60 dólares por barril o cerca de él, podemos esperar que todos los analistas prevean una reducción del PIB mundial de uno por ciento al año.

Los precios altos del petróleo amenazan también con aminorar el aumento de la productividad a largo plazo. Con precios altos -e inestables- del petróleo, las empresas centrarán menos sus inversiones en incrementar la productividad y más en mantener un uso flexible de la energía. En el nivel de 40 dólares por barril, debemos esperar que los precios del petróleo aminoren a largo plazo la tasa de crecimiento del producto mundial potencial en un 0,1 por ciento al año. En el nivel de los 60 dólares por barril, podemos esperar que la tasa "medida" a largo plazo del aumento de la producción mundial potencial disminuya el 0,3 por ciento al año, aproximadamente.

Como ocurre con la mayoría de las conmociones padecidas por la economía mundial, esperamos que los bancos centrales adopten medidas para compensar sus efectos. Cuando los comités de inversión de las empresas adoptan actitudes más cautelosas, esperamos que la Reserva Federal, el Banco Central Europeo, el Banco de Inglaterra y otros bajen los tipos de interés para que las cifras resulten más atractivas. Si los consumidores empiezan a gastar en exceso, podemos esperar que los bancos centrales del mundo aumenten los tipos de interés para enfriar el gasto en la construcción y liberen los recursos necesarios para prevenir una inflación que provoque escasez.

Pero esa lógica económica no es aplicable en el caso de los aumentos de los precios del petróleo. Aunque unos precios altos del petróleo parecen un impuesto a la actividad empresarial que reduce la demanda agregada, también aumentan la inflación, directa e indirectamente.

Los bancos centrales responden ante una demanda inferior reduciendo los tipos de interés y ante una esperada inflación mayor aumentando los tipos de interés. Como los precios altos del petróleo reducen la demanda y aumentan la inflación, los bancos centrales responden haciendo poco o nada. Así, pues, los efectos de los precios altos del petróleo fluyen por la economía sin que los bancos centrales hagan nada para compensarlos.

Sin embargo, si adoptamos una visión a muy largo plazo, no está tan claro que unos precios altos del petróleo sean perjudiciales para el mundo en conjunto. Por ejemplo, si los precios altos del petróleo fueran el resultado de la aplicación de impuestos que después se redistribuyeran a los usuarios del petróleo, serían claramente beneficiosos.

Desde luego, la mayoría de los impuestos entrañan "cargas excesivas"; el costo es mucho mayor que el valor de los ingresos recaudados, por los innumerables intentos de los contribuyentes de evitarlas y evadirse de ellas. Sin embargo, un impuesto aplicado al petróleo no entraña cargas excesivas. Al contrario, entraña un exceso de beneficios. Los cambios de los medios de transporte por otros más eficientes en materia de energía alivian la congestión. Los intentos de ahorrar costos economizando en el uso de la energía reducen la contaminación. Unos precios mayores de los substitutos del petróleo estimulan la investigación sobre otras tecnologías energéticas... que es muy necesaria en la actualidad para que podamos abordar los problemas que en el futuro planteará el cambio climático mundial.

Un impuesto bien concebido al petróleo reduciría también la demanda, con lo que se reducirían las posibilidades de obtener ganancias imprevistas para quienes administran o poseen los depósitos de petróleo. Hace un poco más de un decenio, Lloyd Bentsen, primer ministro de Hacienda del Presidente Bill Clinton, intentó conseguir eso precisamente, al proponer un "impuesto BTU" para acabar con el déficit fiscal de los Estados Unidos.

El Partido Republicano y el Instituto Americano del Petróleo hundieron esa propuesta. Un decenio después, tenemos precios altos del petróleo, pero no se deben a un impuesto bien concebido ni en los Estados Unidos y en otros lugares. A consecuencia de ello, el desenfrenado aumento de los precios está incrementando los beneficios imprevistos para los propietarios de depósitos de petróleo en lugar de mejorar las finanzas públicas de los países.

Hide Comments Hide Comments Read Comments (0)

Please login or register to post a comment

Featured