Exit from comment view mode. Click to hide this space
Email | Print

¿Pueden los mercados en ascenso salvar la economía mundial?

MILÁN – A lo largo de los dos últimos años, los países industriales han experimentado accesos de profunda inestabilidad financiera. Actualmente, están lidiando con problemas en aumento de deuda soberana y desempleado elevado. Sin embargo, las economías en ascenso, en tiempos consideradas mucho más vulnerables, han resultado ser notablemente resistentes. Al recuperar los niveles de crecimiento anteriores al estallido de 2008, los resultados de China, de India y del Brasil son un importante motor de expansión para la economía mundial actual.

El crecimiento elevado y la estabilidad financiera en las economías en ascenso están contribuyendo a facilitar el enorme ajuste que afrontan los países industriales, pero ese crecimiento tiene importantes consecuencias a largo plazo. Si se mantiene la tónica actual, la economía mundial resultará transformada permanentemente. Concretamente, no mucho más de un decenio hace falta para que la proporción del PIB mundial correspondiente a las economías en desarrollo supere el 50 por ciento, si se calibra con precios de mercado.

Así, pues, es importante saber si esta fase de crecimiento intenso es sostenible. La respuesta tiene dos partes. Una depende de la capacidad de las economías en ascenso para gestionar su éxito; la otra tiene que ver con la medida en que la economía mundial pueda adaptarse a ese éxito. La respuesta a la primera pregunta es tranquilizadora; la respuesta a la segunda no lo es.

Aunque aún puedan explotar el margen de crecimiento para reducir su retraso, las economías en ascenso deben emprender un continuo, rápido y a veces difícil cambio estructural, junto con un proceso paralelo de reforma y creación de instituciones. En los últimos años, los países sistémicamente importantes han establecido unos precedentes impresionantes de adaptación pragmática y flexible, cosa que probablemente continuará.

Si la política gubernamental sigue su rumbo actual, hemos de esperar un fortalecimiento gradual de los factores endógenos, correspondientes a una clase media en aumento, que impulsan el crecimiento interno en las economías en ascenso. Gracias a un mayor comercio entre ellas, el futuro de las economías en ascenso se caracterizará por una dependencia menor de la demanda de los países industriales, aunque no por una desvinculación completa.

La distribución importa tanto como el crecimiento. Las economías en ascenso siguen necesitando gestionar mejor sus tensiones internas cada vez mayores, que reflejan un aumento de la desigualdad resultante de ingresos y un acceso desigual a los servicios básicos. Un fracaso en ese frente desbarataría su dinámica de crecimiento nacional y regional. Es algo que ahora se entiende mejor, pues los aspectos distributivos de la estrategia del crecimiento figuran firmemente en los programas normativos de los países en ascenso.

Si bien las economías en ascenso pueden abordar la desaceleración económica en los países industriales, el mecanismo de transmisión del sector financiero es más problemático. La situación actual de bajos tipos de interés está causando una invasión de corrientes financieras a las economías en ascenso, con lo que aumenta el riesgo de inflación y burbujas de activos. Los problemas en los bancos occidentales han alterado la disponibilidad de créditos comerciales y, si se incrementaran, podrían desestabilizar los bancos locales.

Esos riesgos son reales. Por fortuna, varias economías en ascenso siguen teniendo amortiguadores. Por haber entrado en la crisis de 2008-2009 con condiciones iniciales sólidas (incluidas grandes reservas internacionales, superávits presupuestarios y de la balanza de pagos y bancos muy capitalizados), en modo alguno han agotado su flexibilidad fiscal y financiera y, por tanto, su capacidad para afrontar las conmociones futuras.

En conjunto, las economías en ascenso están en buenas condiciones para moverse en un mundo que han vuelto inestable las crisis en los países industriales. Aun así, la desvinculación no es completa. Un resultado favorable requiere también la capacidad y la voluntad de los países industriales para adaptarse al tamaño y la importancia en aumento de las economías en ascenso. A ese respecto existen grandes riesgos, que señalan una gran diversidad de posibles problemas.

La corriente de conocimientos, finanzas y tecnología que sustenta altas tasas de crecimiento en las economías en ascenso está estrechamente vinculada con una economía mundializada, abierta y basada en normas. Sin embargo, esa creación mundial está sometida a presión en una situación en la que los países avanzados tienen un desempleo pertinazmente alto y accesos de inestabilidad financiera. La localización del crecimiento en la economía mundial acaba viéndose como un juego de suma cero, que propicia reacciones que no son las mejores posibles.

A consecuencia de ello, no se puede dar por descontada la continuidad de la apertura de los mercados de los países industriales. Las posiciones políticas y normativas se están volviendo más localistas y estrechas, mientras que está resultando más difícil que se tengan en cuenta las prioridades internacionales y la prosecución de los comunes intereses colectivos mundiales.

Esos problemas se intensificarán en los próximos años y, además, no hay que olvidar la cuestión de las instituciones y el orden mundiales.

La gestión de un conjunto en aumento y cada vez más complejo de conexiones transnacionales es una dificultad mayor aún en un mundo de varias velocidades que está experimentando un vuelco y que requiere un mejor orden mundial, además de reformas institucionales aplazadas durante demasiado tiempo que den a las economías en ascenso voz y voto y representación adecuados en las instituciones internacionales.

A falta de esos cambios, la economía mundial puede rebotar de crisis en crisis sin una mano firme al timón que dé la sensación de que sigue un rumbo en conjunto. El resultado es lo que los economistas llaman Nash equilibria: una serie de resultados sólo cuasi cooperativos y que podrían ser mejores.

Con todo esto, ¿cuál es nuestra situación?

Las economías en ascenso habrán de desempeñar un papel aún mayor en una economía mundial de varias velocidades caracterizada por una prolongada rehabilitación de balances generales sobrecargados en los países industriales. Están a la altura de la tarea por sí solas, pero no funcionan en un vacío. La capacidad de las economías en ascenso para aportar la lubricación del crecimiento que facilite el ajuste en los países industriales depende también de la voluntad de estos últimos de adaptarse a los cambios tectónicos en el funcionamiento y la dirección de la economía mundial. Esperemos que se preste a esas cuestiones mundiales la atención que requieren.

Reprinting material from this Web site without written consent from Project Syndicate is a violation of international copyright law. To secure permission, please contact us.

Exit from comment view mode. Click to hide this space

Comments (0)

You need to login in order to leave a comment. If you do not yet have an account, please register.

Show comments of
close

The two commenting options explained

Watch a 1 minute video
to discover how you can comment on the entire article or a specific paragraph. The two images below also explain the two ways of commenting.

1) Entire article comment
Once logged in, simply click inside the comment box where it says "Enter text here." Enter and post your comment.

2) Paragraph comment
Please log in first. Then click to the left of the desired paragraph. Your cursor will automatically move to the comments box. Enter and post your comment.

Top Project Syndicate commentaries

Email this article

Your name is required.

Your email is required.


Your friend's name is required.

Your friend's email is required.


A message is required.