12

Pesadillas californianas

STANFORD – Mientras que problemas fiscales plagan a los gobiernos centrales en muchas economías, una crisis paralela envuelve a muchos gobiernos subnacionales en todo el mundo. Desde España a China a los Estados Unidos e Italia, los gobiernos de regiones, Estados, provincias, ciudades y pueblos se enfrentan a enormes desafíos fiscales. Los niveles gubernamentales superiores están “agarrados por el cuello”, es decir no tienen otra salida, que rescatar a los gobiernos locales insolventes, e incluso pueden sufrir rebajas en la calificación de sus bonos como consecuencia de ello; en España, Italia y China, ese papel corresponde al gobierno nacional, y, en el caso de las ciudades y pueblos de los Estados Unidos dicho papel corresponde a los Estados en los que se encuentran.

Hay muchas similitudes dentro de y entre países en términos de la naturaleza y las causas de estas calamidades fiscales a nivel local. Los funcionarios locales utilizaron los ingresos crecientes durante periodos de auge para financiar sus proyectos favoritos o para aumentar salarios y beneficios, prestando escasa atención a los costos futuros. En periodos de recesión, los ingresos y las subvenciones procedentes del gobierno central colapsaron  y llegó la hora de pagar facturas. Trucos creativos de contabilidad enmascararon la magnitud  total del problema. Ahora viene la hora del ajuste de cuentas.

Para financiar empresas locales, los gobiernos locales chinos utilizan los llamados “vehículos de financiación de los gobiernos locales” (en inglés: “local-government financing vehicles”, o LGFVs) para eludir prohibiciones relativas a préstamos directos. En España, los colapsos en los ámbitos de la vivienda y el empleo han golpeado fuertemente a los ingresos. Existen rumores de una inminente espiral de incumplimientos en Sicilia, cuyo gobernador dimitió cuando los préstamos se dispararon después de se aplicaron recortes desde Roma. Un nuevo informe de un grupo de trabajo copresidido por el ex presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, indica que los costos no financiados en los ámbitos de pensiones y de salud hacen que, a mediano y largo plazo, las perspectivas fiscales de muchos Estados en los Estados Unido sean sombrías.

La crisis fiscal de California también puede servir de lección para los gobiernos subnacionales en todo el mundo. Recientemente, tres ciudades californianas se declararon en quiebra: Stockton, la ciudad estadounidense más grande en hacerlo en toda la historia, San Bernardino, la segunda ciudad en tamaño en declararse en quiebra, y Mammoth Lakes. Se rumorea que Compton será la próxima; la mayoría de los observadores esperan que más ciudades sigan este camino.

El Estado se enfrenta a otro gran déficit presupuestario; sin embargo, el presupuesto para este año del gobernador Jerry Brown incluye un aumento sustancial del gasto. La propuesta de Brown a ser sometida a votación en las elecciones de noviembre sería elevar la tasa de impuesto sobre la renta de las personas al 13,3%, el porcentaje más alto en la nación. Según Brown, el aumento de impuestos sería temporal, sin embargo, duraría siete años. Mientras tanto, afirma que él actúa con mano dura con los notablemente bien remunerados y poderosos sindicatos de empleados públicos, ya que negoció un recorte salarial del 5%. Pero los detalles revelan que es un recorte salarial neto del 1,6%, a cambio de una reducción del 5% en la cantidad de horas de trabajo.

Las ciudades se declaran en quiebra para escapar de la presión impuesta por los crecientes costos en los ámbitos de pensiones y de cuidados salud, mismos que aumentan de forma exponencial. En contraste con el Estado, las ciudades han llegado a recortar servicios esenciales, incluyendo una reducción del 20% en personal policial y de bomberos.

La quiebra debería permitir que los gobiernos locales renegocien su deuda en bonos y, quizás, los costos de sus planes de pensiones y de cuidados de salud para empleados jubilados (esto debe ser decidido por un juez de quiebras). Sin embargo, el propio Estado se encuentra en una situación financiera desesperada; uno de los problemas de las ciudades es el fuerte recorte en fondos estatales asignados a las localidades.

A pesar de estos problemas, Brown ha comprometido a California a despilfarrar fondos en un tren de alta velocidad entre San Francisco y Los Ángeles. Para disminuir los costos proyectados a un monto de $68 mil millones de un estimado de $100 mil millones, se usarán algunos trenes de baja velocidad ya existentes, lo que probablemente haga que se duplique el tiempo de viaje entre Los Ángeles a San Francisco y dicho tiempo llegue a ser de 5 a 6 horas. Lo más probable es que California no pueda pagar la totalidad del proyecto, lo que haría que el primer segmento en el escasamente poblado Valle Central sea de poca utilidad. Y, si de alguna forma se concluye el proyecto, será un tren de no tan alta velocidad que absorberá, por décadas, recursos altamente necesarios en otros servicios gubernamentales esenciales.

Estos tristes episodios revelan algunas lecciones importantes. Un gobierno unipartidario debilita la responsabilidad de rendición de cuentas y cría arrogancia. La legislatura de California ha estado controlada por el Partido Demócrata durante décadas, y se inspira en los intereses especiales de los grupos más poderosos de este partido: los sindicatos de empleados públicos, los grupos ambientalistas, los abogados litigantes, y los sindicatos docentes.

Ellos han inventado un experimento social extremadamente progresivo: California tiene 12% de la población de los EE.UU. y más del 30% de las personas que dependen del programa de asistencia social (“welfare”) en el país. Desde mediados de los años 1980 hasta el año 2005, la población de California creció en 10 millones, mientras que el número de beneficiarios del programa de cuidado de salud Medicaid se disparó en siete millones; la cantidad de contribuyentes que pagan impuestos sobre su renta se incrementó en tan solo 150.000 personas; y la población carcelaria aumentó en 115.000.

El impuesto estatal sobre la renta no es sólo alto de manera no competitiva, sino que los ingresos son volátiles. En la fase de expansión económica y bursátil, los ingresos entran de manera mucho más rápida que las rentas aumentan, debido a que el impuesto sobre la renta es extremadamente progresivo (en años considerados como buenos, el 1% superior de la escala de contribuyentes paga aproximadamente la mitad de los impuestos estatales sobre la renta).

La legislatura gasta como si los ingresos elevados irían a continuar por siempre. Seguidamente llegan, de manera inevitable, la recesión y el colapso del mercado de valores, mismos que hunden al Estado en una crisis. El experimento social progresista se salió tan severamente de su curso que el Estado no puede ni siquiera prestar servicios esenciales a los más necesitados de forma fiable, y esto ocurre en todos los campos, desde el ámbito educativo a los tribunales.

No es sorprendente que la economía de California, que solía superar a la del resto de los EE.UU., ahora tenga un desempeño sustancialmente más bajo. La tasa de desempleo, que se encuentra en el 10,8%, es casi un tercio más alta que el promedio nacional, y es mayor a la del resto de los Estados, con excepción de Nevada y Rhode Island.

California todavía tiene grandes fortalezas en los ámbitos de la tecnología, el entretenimiento y la agricultura. Pero ambos, ciudadanos y políticos, deben ponerse de acuerdo para enfocarse de manera mucho más cuidadosa en la prestación de servicios, para reformar el sistema tributario aplicando tasas más bajas que sean impuestas a una base más amplia de actividades económicas y personas (casi la mitad de la población no pagan impuestos estatales sobre su renta), y  para modernizar los ineficientes programas estatales de manera que se gaste menos y se produzcan mejores resultados. No es coincidencia que esta sea una receta perfecta para los hipertrofiados y sobre endeudados gobiernos centrales y subnacionales en todo el mundo.

Traducido del inglés por Rocío L. Barrientos.