BERLIN – A pesar de las continuas tensiones por la invasión rusa de Georgia en agosto, la Unión Europea reanudará conversaciones con Rusia sobre un nuevo Acuerdo de Asociación y Cooperación (PCA, tal su sigla en inglés). Un PCA establece un marco legal para negociar acuerdos específicos en áreas como comercio, justicia y derechos humanos. Las actuales conversaciones apuntan a reemplazar el PCA expirado de 1997, que sigue en vigencia por consentimiento mutuo a la espera de un nuevo acuerdo.
En una reunión de emergencia el 1 de septiembre, los líderes de la UE se rehusaron a continuar con las conversaciones sobre un PCA hasta que Rusia retirara sus unidades de combate de las regiones separatistas georgianas de Abkhazia y Ossetia del Sur. Los líderes de los 27 gobiernos de la UE también calificaron de “inaceptable” la decisión del Kremlin de reconocer la independencia de las dos regiones separatistas. Desde entonces, los gobiernos de la UE moderaron sus condiciones y decidieron que un simple retiro militar ruso de los territorios georgianos bastaba para reanudar un diálogo sobre el PCA, la seguridad energética y otras cuestiones.
La decisión de la UE surge en un momento en que la OTAN también ha intentado reanudar su compromiso con Rusia después de que el conflicto de Georgia llevó a ambas partes a suspender muchos programas conjuntos. En un discurso pronunciado el 18 de septiembre en el Royal United Services Institute de Londres, el secretario general de la OTAN, Jaap de Hoop Scheffer, sostuvo que, a pesar de las diferencias respecto de Georgia, Rusia y la alianza deberían cooperar “donde nuestros intereses convergen”. Mencionó, específicamente, la cooperación continua en Afganistán, donde Rusia ofrece apoyo logístico a la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad liderada por la OTAN, como “un claro indicio de que los intereses comunes pueden trascender los desacuerdos en otras áreas”.
Para no parecer intimidados por el desmembramiento violento de Georgia por parte de Rusia, los gobiernos de la OTAN púbicamente reafirmaron su apoyo a la integridad territorial de Georgia y el deseo del país de unirse, llegado el caso, a la OTAN. En privado, sin embargo, muchos funcionarios aliados le dijeron a los medios que están menos inclinados que antes a profundizar los lazos de la OTAN con Georgia, en vista de los riesgos de quedar atrapados en otra guerra ruso-georgiana.
Actualmente, parece que la mayoría de los gobiernos occidentales decidieron concentrarse en ayudar a Georgia a recuperarse económicamente de la guerra en lugar de castigar a Rusia directamente. En la Conferencia de Donantes Internacionales que se realizó el mes pasado en Bruselas, prometieron miles de millones de dólares en ayuda para la reconstrucción. La UE también está considerando negociar un área de libre comercio con Georgia y flexibilizar las reglas de visado para los ciudadanos de Georgia. La OTAN estableció una comisión especial de la OTAN y Georgia para ayudar a coordinar el respaldo aliado para la reconstrucción post-conflicto de Georgia.
Aún así, los funcionarios rusos y occidentales siguen discutiendo por los planes norteamericanos de desplegar sistemas de defensa antimisiles balísticos en Polonia y la República Checa. En su discurso en noviembre frente al parlamento ruso sobre el estado de la nación, el presidente Dmitry Medvedev advirtió que Rusia desplegaría misiles Iskander de corto alcance en el puerto de Kaliningrado sobre el Mar Báltico “para neutralizar si fuera necesario el sistema antimisiles balísticos en Europa”.
Medvedev añadió que el equipo electrónico ruso entorpecería los sistemas norteamericanos y que el ejército ruso estaba preparando contramedidas adicionales. Los líderes de la OTAN y de la UE denunciaron las amenazas, que parecían particularmente gratuitas ya que se generaron un día después de que el pueblo norteamericano hubiera elegido un nuevo presidente que expresó interés por mejorar las relaciones con Rusia.
El gobierno de Rusia también intentó exhibir su creciente potencial militar. En septiembre y octubre, las fuerzas estratégicas del país participaron en lo que fueron sus ejercicios vinculados a las armas nucleares más importantes desde la caída de la Unión Soviética. El 12 de octubre, la Marina rusa se plegó a las Fuerzas Estratégicas de Cohetes para realizar un ejercicio integrado que involucró una prueba casi simultánea de tres misiles balísticos de largo alcance, desde plataformas de lanzamiento terrestres y submarinas separadas.
El mes pasado, el primer ministro Vladimir Putin también anunció otro incremento más en el gasto de defensa ruso. Los gastos militares rusos aumentaron en cifras de dos dígitos en los últimos años. Este año, el ejército ruso invertirá más de 40.000 millones de dólares. La cifra para 2009 podría superar los 50.000 millones de dólares.
Aunque impresionante a simple vista, este incremento opaca varias cuestiones clave. Gran parte del crecimiento simplemente compensa las presiones inflacionarias excepcionalmente altas en el sector de defensa de Rusia. Por otra parte, llevará años hasta que los recientes incrementos presupuestarios se traduzcan en nuevos equipamientos. Si bien los diseñadores rusos todavía pueden desarrollar armas de primera clase, las empresas de defensa de Rusia, que aún tienen que recuperarse de la desintegración traumática del complejo militar-industrial soviético, siguen sin poder fabricar sistemas avanzados en grandes cantidades. El ejército de Rusia también debe competir con clientes extranjeros para aquellos pocos aviones de guerra, tanques y otras armas sofisticadas que se producen.
La sustentabilidad a largo plazo de la recuperación militar de Rusia tampoco es clara. El gobierno ruso sigue dependiendo de las exportaciones de petróleo y gas para sus ingresos, pero los precios de estas materias primas están cayendo estrepitosamente. A diferencia de la Unión Soviética, Rusia está estrechamente integrada a la economía mundial, lo que torna al país vulnerable a la actual crisis financiera. Medvedev recientemente advirtió que “el complejo militar-industrial de Rusia está empezando a verse afectado por los problemas crediticios”, lo que alimenta los temores de un retorno a las crisis de pago paralizantes que plagaron al sector de defensa en los años 1990.
Los continuos problemas demográficos de Rusia también harán que a las fuerzas armadas les resulte difícil convertirse en un ejército plenamente profesional, que no dependa de conscriptos poco motivados. Aunque Medvedev y Putin aparentemente pergeñaron un acuerdo viable para compartir el poder, las instituciones políticas atrofiadas de Rusia carecen de la capacidad para erradicar la corrupción y otras ineficiencias. Una reforma integral del sector de seguridad sigue estando fuera de la agenda política. Incluso en el sector de defensa de alta prioridad, quizás una tercera parte del gasto del gobierno se derrocha o se roba –una condición que no conduce a concretar las grandes ambiciones de poder de Rusia.


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