Thursday, April 24, 2014
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Los días agonizantes de Bush en Gaza

PARIS – Durante una visita a Oriente Medio, el secretario de Defensa Robert Gates advirtió que los enemigos de Estados Unidos no deberían utilizar el vacío de poder allí para intentar alterar el status quo o minar los objetivos del nuevo presidente norteamericano. Pero el principal desafío en este sentido hoy proviene, irónicamente, del principal aliado de Estados Unidos en la región, Israel.

Los radicales en Israel naturalmente lamentan el fin de la administración Bush, ya que saben que, aunque el presidente Barack Obama no cambie drásticamente la política estadounidense hacia Israel una vez que asuma el poder, no repetirá el apoyo incondicional de Bush.

Los radicales israelíes tomaron la "guerra contra el terrorismo" y la guerra en Irak como sus propias guerras, respaldaron la retórica bélica de Bush y el aislamiento de Irán y consideraron a los neoconservadores como sus congéneres ideológicos. En especial, compartieron la convicción de los neoconservadores de que la intervención militar es una manera legítima y efectiva de concretar el cambio político. Eso es lo que el gobierno israelí intentó lograr en el Líbano "aniquilando a Hezbollah" en 2006. Ahora está intentando hacer lo mismo en Gaza.

En respuesta a los cohetes de Hamas, Israel hoy está utilizando una fuerza desproporcionada, como lo hizo en el Líbano. El resultado probablemente sea el mismo: al final de la campaña, Hamas habrá visto crecer su popularidad en Palestina y en el mundo árabe. De hecho, la operación militar actual sigue a un bloqueo de dos años de Gaza por parte de Israel, que supuestamente tendría que haber perjudicado a Hamas, pero no lo hizo.

Probablemente Obama considerará que un estado palestino es de interés fundamental para Estados Unidos. Lo verá como una precondición para alterar las percepciones de Estados Unidos en el mundo árabe y musulmán, ya que restablecer la credibilidad de Estados Unidos será un objetivo importante de la administración que llega al poder.

Los radicales israelíes no pueden estar seguros de que, al final del día, Obama no considere necesario cambiar las políticas hacia Israel para alcanzar este objetivo, ya que lo considera una cuestión estratégica. También saben, por supuesto, que cualquier compromiso serio con la cuestión palestina debe implicar comprometer a Hamas en la búsqueda de una solución de dos estados.

El gobierno israelí, en pocas palabras, utiliza los días agonizantes de la administración Bush para implementar su política de primero el ejército. Al mismo tiempo, intenta crear una situación que, en efecto, hará que al nuevo presidente le resulte más difícil alcanzar sus políticas en la región. Los informes de prensa demuestran que el rechazo se está propagando en todo el mundo árabe, donde se queman banderas norteamericanas e israelíes a la par. Esta guerra, por lo tanto, simplemente hará que resulte más difícil comprometerse con esos países en el preciso momento en que este tipo de conversaciones son absolutamente necesarias.

Una razón que hizo que la comunidad internacional sospechara de Hamas ha sido el apoyo que recibe de Irán. Obama prometió cambiar la política norteamericana hacia Irán, abriendo canales diplomáticos en lugar de sólo pronunciar amenazas militares. Un cambio de este tipo también permitirá poner fin al aislamiento de Hamas.

El renovado compromiso de Estados Unidos con Irán es claramente una política que tendrá un impacto de amplio alcance en Oriente Medio. Aunque ese cambio estratégico en la política norteamericana también esté en los mejores intereses de Israel, la mayoría de los israelíes no lo verán de esa manera. Un diálogo norteamericano con Irán será un duro golpe a los intereses de los radicales israelíes, y algunos de ellos sueñan con hacerlo imposible.

Refrenar la política norteamericana, por ende, puede ser una de las motivaciones detrás de la incursión israelí en Gaza. Sin embargo, es un desafío serio para la paz internacional y podría propagar la inestabilidad en toda la región. Si eso ocurriera, el reacercamiento con Irán que imaginó Obama se abortaría en la cuna.

En los días previos a que Obama asuma la presidencia, mientras persiste un vacío de poder en Estados Unidos, la Unión Europea tiene un papel único que desempeñar en las iniciativas internacionales destinadas a poner fin a la violencia y a la crisis humanitaria en desarrollo. Para que la UE tenga éxito, debe perseguir la política lanzada por la presidencia francesa, priorizando el fin de la guerra y el distanciamiento del uso desproporcionado de la fuerza por parte de Israel.

Negociar un alto el fuego entre Israel y Hamas podría ser el primer paso hacia un fin permanente de las hostilidades y el bloqueo de Gaza. En efecto, podría allanar el camino para que la nueva administración Obama, luego del cese del fuego, convoque a una conferencia internacional destinada a implementar la solución de dos estados para Palestina. Este tipo de iniciativas no deberían terminar empantanadas en negociaciones tortuosas; más bien, deberían concentrarse en implementar los principios básicos para una solución de dos estados, según los lineamientos propuestos por la administración Clinton antes de retirarse del poder hace ocho años.

Hamas ya se comprometió a participar en negociaciones por un alto el fuego y ahora debería involucrárselo plenamente en el proceso de paz, junto con Fatah, pero, por supuesto, tendrá que abandonar su propia estrategia de fuerza, manifestada en los cohetes que derramó sobre Israel. Es una política que demostró no ser efectiva y que es ilegal según el derecho internacional porque apunta contra civiles israelíes.

Israel, por su parte, necesita admitir que, si quiere actuar de maneras que sean consistentes con sus propios valores democráticos, debe abandonar su estrategia de violencia y falta de respeto por los derechos humanos elementales de los palestinos, así como la idea de un "Gran Israel". En pocas palabras, debe aceptar un estado palestino, mediante acciones y no sólo palabras. Hasta que esto suceda, hay días peligrosos por delante antes de la asunción de Obama, y la comunidad internacional necesitará políticos fuertes y sensatos para cuidar que todo resulte bien.

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