Tuesday, September 23, 2014
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La economía del accidente mecánico de Bush

Hace quince años, los Estados Unidos estaban en medio de lo que podría llamarse su "Era de expectativas disminuidas". Los avances en la productividad se habían detenido, los precios de la energía eran altos, la reserva de tecnologías potenciales que se originó durante la Gran Depresión se había agotado y los beneficios decrecientes de las economías de escala hicieron que casi todos los economistas predijeran que el crecimiento económico sería más lento en el futuro de lo que había sido en el pasado. Con el crecimiento de la productividad estancado durante casi dos décadas, era lógico sostener entonces que los compromisos de seguridad social del gobierno de los EU (seguro social, Medicare y Medicaid) eran excesivos y por lo tanto debían reducirse.

Los tiempos han cambiado. A partir de entonces hemos visto una explosión de innovaciones tecnológicas que han llevado al crecimiento de la productividad general de los Estados Unidos a los niveles anteriores a la desaceleración. En efecto, la economía de los EU se encuentra ahora a punto de lograr una revolución biotecnológica, y tal vez otra nanotecnológica, de gran magnitud y alcance. Sin embargo, se siguen escuchando los llamados a reducir los compromisos sociales de Estados Unidos.

Los agentes del seguro social tal vez no se han dado plena cuenta del impacto de las revoluciones tecnológicas de hoy, pero éstas han aumentado notablemente la magnitud del sistema que el gobierno de los EU puede costear. Hace quince años el consenso era que el sistema de seguridad social de Estados Unidos estaba en graves problemas y que necesitaba el equivalente de un ajuste de motor. Actualmente, como dice Peter Orszag, economista de la Brookings Institution, los problemas se ven más bien como una lenta fuga de aire de un neumático: a la larga habrá que repararlo, pero no es muy difícil hacerlo y tampoco es tan urgente.

Entonces, ¿por qué está la administración Bush dedicando tiempo y energías a proponer cambios radicales al sistema de seguridad social como su principal iniciativa de política interna –de hecho, prácticamente su única iniciativa de política? Quienes se preocupan por la débil situación fiscal de los Estados Unidos tienen al relativamente pequeño desequilibrio financiero de la seguridad social entre sus prioridades menos apremiantes. El problema con la mayor prioridad es el panorama del presupuesto general a mediano plazo, ya que los recortes fiscales de Bush han creado déficits de la magnitud de los de Reagan que amenazan con paralizar el crecimiento económico del país.

El segundo problema en orden de importancia es decidir qué hacer a largo plazo con Medicare y Medicaid. Los Estados Unidos deben determinar el tamaño de sus programas de salud pública y la manera de financiarlos. En realidad, esto es más una oportunidad que un problema: si no esperáramos que en una o dos generaciones los médicos y enfermeras serán capaces de hacer cosas maravillosas que hoy no pueden hacer, no estaríamos previendo déficits fiscales serios a raíz de los programas de salud.

El tercer problema en orden de importancia es dar una base sólida al presupuesto del Fondo General del gobierno de los EU, de forma que la parte del gobierno ajena al seguro social sea autofinanciable y capaz de cumplir con sus compromisos después de la fecha –alrededor de 2020—en la que ya no podrá pedir préstamos del Fondo Fiduciario de la Seguridad Social.

Lo importante es que si bien la dificultad del financiamiento de la seguridad social a largo plazo es real, se calcula que será mucho menor y más distante en el futuro que cualquiera de los problemas fiscales más cercanos, mayores y más significativos a que se enfrenta actualmente el gobierno de los EU. Si la seguridad social es una fuga lenta en un neumático, el Fondo General de después de 2020 es una reparación urgente de frenos, Medicare y Medicaid son una transmisión fundida y el déficit fiscal es el equivalente de haberse estrellado contra un árbol.

¿Qué clase de conductor con un auto que se acaba de estrellar contra un árbol, que tiene una transmisión fundida y que necesita una reparación de frenos dice "lo más importante es reparar esta fuga lenta en el neumático derecho de atrás"? George W. Bush es esa clase de conductor.

Hay tres teorías sobre el por qué de la concentración de la administración Bush en la seguridad social. La primera es la simple incompetencia: Bush y su círculo inmediato sencillamente no entienden la magnitud y la importancia de los demás problemas fiscales del gobierno federal.

La segunda es la ideología. Por alguna razón Bush y su gente creen que es importante socavar los éxitos de las instituciones del New Deal establecidas bajo Franklin Roosevelt.

La tercera razón es burocrática: así como el principal objetivo de la Ley de Beneficios Farmacéuticos de Medicare de 2003 fue aumentar las ganancias de las compañías farmacéuticas, la propuesta de la administración Bush sobre seguridad social estará diseñada muy probablemente según los intereses de Wall Street.

No veo que ninguna de las demás reformas más urgentes --tales como aumentar los impuestos al ingreso para costear la seguridad nacional-- esté tomando importancia en el régimen de Bush. Si tuviera que apostar por una razón, lo haría por la total incompetencia. Después de todo, ese parece ser el común denominador de todas las políticas controladas por su Casa Blanca.

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