WEEKLY SERIES

INTERNATIONAL ECONOMICS

STRATEGIC SPOTLIGHT

GLOBAL FINANCE

ECONOMICS OF DEVELOPMENT

ECONOMIC AND REGULATORY POLICY

ECONOMIC HISTORY

ECONOMIC PERSPECTIVES

PUBLIC INTELLECTUALS

GLOBAL OUTLOOK

REGIONAL EYE

SPECIAL SERIES

PROJECT SYNDICATE

Crossing Cultures

El imperio de los derechos humanos

English Spanish Russian French German Czech Chinese Arabic

2008-06-06

NUEVA YORK - ¿Por qué frente a la costa de Birmania son barcos de guerra franceses, ingleses y estadounidenses, pero no de China o Malasia, los que esperan llenos de alimentos y otros artículos de primera necesidad para las víctimas del Ciclón Nargis? ¿Por qué la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) ha sido tan lenta y débil en su respuesta a una calamidad natural que azotó a uno de sus miembros?

La joven Ministro francesa de Derechos Humanos, Rama Yade, declaró que el principio de "responsabilidad de proteger" de las Naciones Unidas se debe aplicar a Birmania, por la fuerza si es necesario. Y el líder de la oposición de Malasia, Lim Kit Siang, ha dicho que la inacción de los países asiáticos "se refleja tristemente sobre todos los líderes y gobernantes de la ASEAN. Definitivamente, pueden hacer más."

Entonces, ¿son los europeos y estadounidenses simplemente más compasivos que los asiáticos?

Si se considera el historial de Occidente de horrendas guerras e imperialismo a menudo brutal, esto parece poco probable. Más aún, la manera en que los ciudadanos chinos se esforzaron por ayudar a las víctimas del terremoto de Sichuan ha sido bastante notable, como lo han sido las iniciativas espontáneas de los birmanos de ayudar a sus compatriotas, incluso a pesar de que el ejército hizo muy poco. El budismo subraya la compasión y la caridad tanto como lo hace el cristianismo, La indiferencia a los que sufren no es inherente a ninguna de las culturas asiáticas.

De hecho, ninguno de los miembros asiáticos estuvo en desacuerdo cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Declaración Universal de Derechos Humanos en 1948, que sostenía que "el reconocimiento de la dignidad inherente a todos los miembros de la familia humana y de sus derechos iguales e inalienables es el fundamento de la libertad, la justicia y la paz en el mundo."

No obstante, puede haber diferencias culturales al comprender la manera en que se debe aplicar la compasión. El ideal de derechos e igualdad universales debe algo a la historia de la civilización occidental, desde la "justicia natural" de Sócrates al Cristianismo y la Declaración Francesa de Derechos del Hombre. Los pueblos occidentales no siempre han estado a la altura de sus ideales universalistas, pero en tiempos modernos han creado instituciones que tienen por fin implementarlos, en Europa y más allá. Hasta ahora, no existe una institución panasiática que tenga por objetivo proteger los derechos humanos de los asiáticos, o de la humanidad como un todo.

De hecho, los chinos y otros asiáticos critican frecuentemente a Occidente por utilizar los derechos humanos como una excusa para imponer "valores occidentales" a los ciudadanos de sus antiguas colonias. No hay duda de que esas acusaciones son particularmente comunes en autocracia cuyos gobernantes y defensores ven la idea de los derechos humanos universales como una amenaza a su monopolio del poder. Sin embargo, la desconfianza asiática hacia el universalismo no está limitada a los autócratas.

En muchos países asiáticos, los favores invariablemente crean obligaciones, lo que quizás es el motivo de que a veces las personas no muestren gran inclinación por interferir en los problemas de los demás. Está la obligación de hacerse cargo de la propia familia, los amigos, o incluso los conciudadanos. Pero la idea de una caridad universal es demasiado abstracta y recuerda el tipo de molesta interferencia que los imperialistas occidentales -y los misioneros cristianos que les siguieron- practicaron en Oriente por demasiado tiempo.

La noción de "valores asiáticos", promovida principalmente por funcionarios oficiales de Singapur, fue en parte una crítica a las exigencias universalistas occidentales. Según esta teoría, los asiáticos tienen sus propios valores, entre los que se cuentan la frugalidad, la deferencia ante la autoridad, el sacrificio del individuo a los intereses colectivos y la creencia de que los países no deben meterse en los asuntos de los demás. De ahí la respuesta vacilante de los gobiernos –y la opinión pública- del Sudeste Asiático ante el desastre birmano.

Una posible línea de crítica a este tipo de pensamiento es simplemente afirmar la superioridad de los valores occidentales, pero otra respuesta más empática sería mostrar que los derechos individuales y las nociones de libertad no son el modo alguno ajenas a las civilizaciones no occidentales.

Amartya Sen, economista ganador del Premio Nobel, ha hecho notar que grandes gobernantes indios, como Ashoka (siglo tercero antes de Cristo) y Akbar (siglo dieciséis), promovieron el pluralismo, la tolerancia y la razón mucho antes de la Ilustración europea. También observó que en las democracias no ocurren hambrunas, debido a que la libertad de información ayuda a prevenirlas.

No es de sorprender que Sen sean un gran crítico de la escuela de los "valores asiáticos". Sin embargo, se ha convertido en popular la opinión de que la democracia, al igual que los derechos humanos, es una idea típicamente occidental y que la autocracia asiática, tal como se la practica en China por ejemplo, no sólo es más adecuada para los asiáticos, sino también más eficiente. Los gobiernos democráticos se ven entorpecidos por grupos de cabildeo, intereses especiales, la opinión pública, los partidos políticos y demás, mientras que los autócratas asiáticos pueden tomar decisiones impopulares pero necesarias.

Los dos recientes desastres naturales en Birmania y China han puesto esta idea a prueba. China no lo ha hecho demasiado mal, en gran parte porque su gobierno se vio obligado por el ejemplo birmano, y a que los inminentes Juegos Olímpicos hacen posible una mucho mayor libertad de información que en tiempos más ordinarios. Sólo cabe esperar que este atisbo de libertad se amplíe con el tiempo.

Birmania fracasó estrepitosamente y, a pesar de los tardíos esfuerzos por sacar lo mejor de esas circunstancias terribles, también fue así con la ASEAN. A fin de cuentas, no importa mucho si adscribimos o no los fracasos de la autocracia y la no intervención a algo específicamente "asiático". Cualquiera sea la causa, las consecuencias siguen siendo deplorables.

Ian Buruma es Profesor de derechos humanos en el Bard College. Su libro más reciente es Murder in Amsterdam: The Killing of Theo van Gogh and the Limits of Tolerance.

You might also like to read more from or return to our home page.

La reimpresión de material de este sitio Web sin el consentimiento por escrito de Project Syndicate es una violación de las leyes internacionales de derechos de autor. Para obtener autorización, póngase en contacto con distribution@project-syndicate.org.
English Spanish Russian French German Czech Chinese Arabic

You must be logged in to post or reply to a comment.
Please log in or sign up for a free account.