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A Window on Russia

De Roma a Moscú

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2005-08-11

Uno de los sueños no cumplidos del último Papa Juan Pablo II fue visitar Moscú y lograr un reencuentro con la Iglesia Ortodoxa. Sin embargo, aunque fue invitado a Moscú por los tres más recientes presidentes rusos, Vladimir Putin, Boris Yeltsin y Mikhail Gorbachev, la oposición del Patriarca ortodoxo Alexi a la visita impidió que el Papa hiciera el viaje antes de morir. ¿Logrará el Papa Benedicto XVI dar el paso que su amigo y predecesor no pudo dar?

A pesar de la reciente devolución a Rusia del icono de Nuestra Señora de Kazán, que alguna vez colgó en el dormitorio de Juan Pablo, las relaciones entre el Vaticano y el Patriarcado siguen tensas. De modo que Putin, que normalmente parece omnipotente, tiene una actitud cautelosa ante la posibilidad de invitar al Papa Benedicto. Esa cautela se ve reforzada por un nuevo factor político: la defensa de la Ortodoxia se ha convertido en un pilar de la idea nacional sobre la cual Putin parece basar la legitimidad de su régimen.

Esta es una de las razones por las cuales Putin fue uno de los pocos jefes de estado que no asistieron al funeral del Papa Juan Pablo. Aunque la Iglesia Ortodoxa envió una delegación, inmediatamente después del funeral el Patriarca Alexi advirtió que los desacuerdos entre los dos brazos de la Cristiandad son mucho más profundos que la nacionalidad polaca del último Papa, que fue siempre un punto sensible para los eslavos ortodoxos rusos.

Los rusos vieron la nacionalidad polaca de Juan Pablo como algo ligado a una larga historia de opresión que ellos perciben se ha ejercido contra la ortodoxia rusa. Nada menos que Alexander Pushkin escribió en 1836 que “La ortodoxia siempre ha sido perseguida por el fanatismo católico... Sus misioneros maldijeron a la Iglesia ortodoxa, con hipocresía y amenazas intentaron reclutar para el catolicismo no sólo a gente común y corriente, sino también a sacerdotes ortodoxos”. Los rusos que siguen viendo a la Iglesia católica como una amenaza suelen citar estas líneas.

El Papa Benedicto, al proceder de Alemania, un país predominantemente protestante, no trae el peso de esta amarga historia. Tal vez esta sea una de las razones porque Alexi respondiera positivamente al primer discurso de Benedicto, donde hace un llamado a la reconciliación y dice tener esperanzas de que mejoren "las relaciones entre ortodoxos y católicos en el territorio post-soviético".  

El gobierno ruso, que normalmente tiene relaciones cordiales con el Vaticano, puede reforzar este espíritu positivo. De hecho, el ministro ruso de relaciones exteriores, Sergei Lavrov, tiene varios proyectos para los que cree que el Vaticano puede ser de ayuda, particularmente hacer avanzar la causa de la reconciliación y crear una "alianza entre civilizaciones".

Hace poco, otra figura clave del Vaticano, el Cardenal Walter Casper, jefe del Consejo Vaticano para la Unidad de la Cristiandad, hizo un llamado para realizar una reunión de alto nivel entre cristianos y ortodoxos que aborde la reunificación de ambas ramas de la Cristiandad. En Rusia se ve con buenos ojos al Cardenal Casper, como el hombre que devolvió Nuestra Señora de Kazán a su patria. En sus discursos públicos, Casper ha sugerido más de una vez que la unificación de los cristianos es su objetivo principal, y (lo cual es de la mayor importancia desde la perspectiva ortodoxa) que la "unidad no tiene que significar uniformidad.”

El hecho de que el Papa Benedicto y el Cardenal Casper sean ambos alemanes es importante, ya que las relaciones ruso-germanas tal vez sean hoy más cálidas que nunca. Putin, en particular, se siente cómodo con el idioma alemán, ya que pasó muchos años en Alemania del Este durante sus días como agente de la KGB. Más aún, a diferencia del Papa Juan Pablo II, quien como polaco siempre vio a la Rusia comunista como un opresor, Benedicto tiene el sentido alemán de culpa que surge del pasado nazi de su país y su brutal invasión a Rusia.

Tanto en Roma como en Moscú hay una esperanza creciente de que se pueda construir un camino a la unidad de los cristianos, pero es cada vez más claro que sólo se podrá completar si pasa por Berlín.

Alexey Bukalov, jefe de ITAR-TASS en Roma, ha cubierto los asuntos del Vaticano por más de 10 años.

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