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Construir sobre la base del euro

El euro tiene ya seis anos. Es tiempo de analizar su comportamiento y si ha cumplido con las expectativas que acompañaron su nacimiento. Esas expectativas no fueron modestas. Al reducir los costos de las transacciones y las incertidumbres cambiarias, se esperaba que la moneda única europea condujera a mercados financieros y de bienes plenamente integrados. Esto a su vez, traería mayores ganancias del intercambio comercial, una competencia más vigorosa, mayores flujos transfronterizos de capital, menores costos de financiamiento, y más oportunidades para compartir riesgos, lo cual se esperaba que aumentaría a final de cuentas la inversión y la productividad.

La realidad ha decepcionado. Comparado con los cinco años previos al lanzamiento del euro en 1999, el crecimiento de la productividad desde entonces ha disminuido en Italia, Alemania, España y los Países Bajos, mientras que en el mismo periodo se ha acelerado o ha permanecido constante en Dinamarca, Suecia y el Reino Unido, los miembros de la Unión Europea que permanecen fuera del euro. De hecho, a excepción de Francia, el euro no parece haber sido una bendición para los países que lo adoptaron.

¿Por qué esta decepción? ¿Acaso los beneficios esperados de la nueva moneda no han logrado materializarse? Diversos estudios económicos recientes han abordado esta pregunta a la luz de diferentes indicadores.

Esto es lo que se desprende:

· La moneda única ha incrementado el comercio internacional dentro de la zona del euro en un 10%. Aunque se esperaba un efecto mayor, sigue siendo muy pronto para hacer un balance integral. En cualquier caso, este es un resultado positivo importante porque el comercio internacional se considera generalmente como un factor clave de un crecimiento rápido y de una mayor eficiencia.

· Se esperaba que el euro incrementara la transparencia en los precios, fortaleciendo así la competencia en el mercado de bienes. No hay evidencias de que esto haya sucedido. Los precios convergieron durante la aplicación del programa Mercado Unico a principios de los noventa, paro después la convergencia cesó.

· La inversión transfronteriza hacia la zona del euro ha aumentado, aunque aquí es más difícil separar los efectos de la moneda única de otros sucesos concomitantes (como las privatizaciones y las fusiones corporativas).

· Los mercados de dinero y de bonos ya están plenamente integrados en la zona del euro, lo que implica una reducción en el costo del capital para los grandes prestatarios corporativos. Sin embargo, la banca al menudeo sigue segmentada por fronteras nacionales, de forma que los hogares y los pequeños productores no han sido muy afectados.

· Se esperaba que el euro adquiriera un papel internacional y que a la larga mejorara la resistencia de Europa ante los shocks económicos. Ha habido un aumento en los bonos internacionales denominados en euros, pero la liquidez de los mercados de divisas no es mayor para el euro que para las monedas nacionales que reemplazó, y el euro sigue estando muy lejos de poder desafiar la supremacía del dólar.

Por supuesto, el euro nunca fue un proyecto exclusivamente económico. Uno de los motivos principales de sus propulsores fue fortalecer la integración política de Europa. En efecto, el euro se ha convertido rápidamente en un símbolo de la unidad europea. Cuando se les pregunta "Para usted personalmente ¿qué significa la UE?", el 50% de los ciudadanos de los 15 países que eran miembros antes de la ampliación de mayo de 2004 contestan "el euro" --la segunda respuesta más común (apenas por debajo de "la capacidad para viajar, estudiar y trabajar donde sea dentro de la UE").

Sin embargo ese símbolo no ha hecho que la UE o la zona del euro sean más populares. El apoyo para la membresía en la UE en los países miembros antes de la ampliación permanece en los mismos niveles de mediados de los noventa (y por debajo del máximo que alcanzó en 1990), mientras que el apoyo para el euro no es más alto ahora de lo que era en 1997.

Ciertamente la adopción del euro fue una verdadera revolución y todavía no podemos apreciar todos sus efectos. Pero lo que es claro es que la revolución se dio sobre bases económicas débiles, transformando los sectores superiores de la economía europea --los mercados financieros y las instituciones de política macroeconómica-- pero dejando intactas las viejas distorsiones del lado de la demanda generadas por políticas nacionales erróneas en los setenta y ochenta.

Esas distorsiones, y no algún defecto de la moneda única, son las responsables del pésimo desempeño económico de la zona del euro. A finales de los noventa, los países que habían adoptado el euro tenían instituciones deficientes de mercado laboral, sistemas de pensiones inflados, impuestos elevados al ingreso y sectores de servicios ineficientes, y todavía los tienen.

El problema fundamental del euro es que su adopción no ha presionado a los países para que resuelvan esas deficiencias subyacentes. Se esperaba que la integración plena de los mercados financieros y de bienes revelara esas deficiencias y desviara los flujos de inversión de los países que se retrasaban hacia los más eficientes. Sin embargo, mientras que los esfuerzos encaminados a las reformas se intensificaron a lo largo de Europa a finales de los noventa tanto dentro como fuera de la zona del euro, hay pocas evidencias de que los de "dentro" adoptaran reformas más amplias y significativas del lado de la demanda que los de "fuera".

Larry Summers, ex Secretario del Tesoro de los EU y presidente actual de la Universidad de Harvard, se refirió alguna vez a la moneda única europea como "una distracción" de las serias reformas del lado de la demanda que Europa tenía que encarar. Ese juicio puede ser demasiado severo, porque no sabemos si la UE y el mercado único habrían sobrevivido sin la moneda única. Pero una cosa es segura: Europa no puede darse el lujo de más "distracciones".

La revisión a fondo de las débiles bases del lado de la demanda es el reto principal al que se enfrenta la revolución del euro y es un reto que se debe abordar desde sus raíces a nivel nacional.

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