Thursday, April 24, 2014
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La creación de una democracia con economía de mercado en el Iraq

Un objetivo de la reciente guerra en el Iraq era el de crear una democracia duradera con economía de mercado que pudiese servir de ejemplo para el Oriente Medio. Si bien el avance hacia la consecución de dicho objetivo ha estado obstaculizado por las prosaica necesidad de restaurar el imperio de la ley y el orden, la coalición tendrá que volver a laborar en pro de la consecución de dicho objetivo. Cuando lo haga, habrá de afrontar también el hecho de que la actual distribución del poder económico en el Iraq no sea propicia para la democracia ni para los mercados y, además, las administraciones interinas foráneas suelen empeorar la situación.

Comenzando por la distribución del poder económico, hemos de decir que los años de dictadura y sanciones diezmaron a las clases empresariales y profesionales del Iraq. Según cálculos aproximados, más del 60 por ciento de los iraquíes dependen para sus ingresos del Estado, que, a su vez, obtendrá la mayor parte de sus ingresos del petróleo en el futuro inmediato. Pero, cuando un recurso de fácil extracción y controlado por el Estado representa una gran proporción de la producción nacional, la democracia puede resentirse de ello.

Piénsese en Venezuela. El gobierno de Hugo Chávez tuvo que afrontar una huelga generalizada de la oposición, cuya intención era no sólo demostrar la fuerza de la oposición popular, sino también privar de ingresos al Gobierno. Sin ingresos, un gobierno semejante no puede pagar al ejército ni a los matones que lo mantienen en el poder.

Aunque parecía que Chávez caería, el petróleo lo salvó. Para extraer petróleo se necesitan muy pocas personas. Con ayuda de algunos ingenieros leales (y extranjeros) y los trabajadores suficientes para substituir a los huelguistas, el Gobierno mantuvo el flujo de petróleo, con lo que consiguió los recursos necesarios para mantener la lealtad de las fuerzas mercenarias, que, de lo contrario, se habrían pasado a la oposición. La huelga ha acabado prácticamente, pero ahora el gobierno de Chávez está adoptando medidas contra sus dirigentes.

Lo mismo ocurrió con Sadam Husein. Aun después del derrocamiento de Sadam, ¿quién va a impedir al régimen que lo suceda utilizar el poder que brinda el petróleo para oprimir a la población del Iraq? La democracia es estable sólo cuando va acompañada de una amplia difusión del poder económico, que brinda a la ciudadanía la capacidad para impedir que un gobierno se vuelva arbitrario y tiránico.

Las condiciones en que las democracias florecen son aquellas que permiten prosperar a los mercados libres. Cuando la población no teme que un gobierno rapaz expropie su riqueza y cuando una minoría selecta que debe su éxito al Estado no determina las reglas del mercado, todo el mundo disfruta de oportunidades.

Así, pues, ¿cómo se puede construir una base económica para una democracia estable en el Iraq de la posguerra? Las políticas, parcialmente logradas, de Douglas MacArthur en el Japón después de la segunda guerra mundial ofrecen cierta orientación. Tal vez el Japón fuera más fácil de transformar, porque no tenía una abundancia de recursos naturales de fácil extracción. Pero las grandes tenencias de tierras estaban concentradas y unos pocos grandes grupos industriales, llamados "Zaibatsus", ejercían el poder industrial.

MacArthur atacó la concentración de poder económico suponiendo que los grandes terratenientes y las grandes empresas pasarían a ser títeres del Estado. Las reformas posteriores extendieron y ampliaron la clase terrateniente, con lo que fomentaron una reactivación de la agricultura y dieron estabilidad a la democracia japonesa.

Pero MacArthur no tuvo tiempo suficiente para rematar su tarea. La necesidad de proveedores fiables durante la guerra de Corea obligó a llegar a una avenencia con los Zaibatsus. Eso explica en parte por qué el mercado interior del Japón sigue sin ser competitivo, pese a la vitalidad de su democracia.

Algunos proponen que se solucione el "problema" del petróleo del Iraq distribuyendo acciones de la compañía estatal del petróleo entre la población. No es una solución, porque el Estado seguirá controlando los ingresos del petróleo y determinando los dividendos. Sin una gestión adecuada de los asuntos públicos, se malgastarán los ingresos del petróleo en proyectos grandiosos, corrupción o rearme. Aun cuando se desmembre la industria petrolera de propiedad estatal y se la privatice, no hay garantías -ya sean o no extranjeros los nuevos propietarios- de que un futuro gobierno no pueda recuperar su control.

La perspectiva más esperanzadora con vistas a la consecución de una democracia duradera con economía de mercado en países como el Iraq estriba en la creación de un poder económico compensatorio de profesionales y empresarios. Ahora bien, pese a haberse visto diezmadas por años de sanciones, esas clases abundan en el Iraq. Una prioridad para cualquier administración interina ha de ser la de restablecer y mejorar las instituciones educativas y sanitarias para que puedan recuperar el terreno perdido.

Otra prioridad es la de desacostumbrar a la población respecto de la dependencia del Estado. La reconstrucción podría resucitar a las clases empresariales, si se brindan oportunidades a contratistas y empresas pequeños. El peligro radica en que la administración interina adjudique los contratos a quienes tengan buenos contactos con Washington o a la rica minoría occidentalizada de Bagdad, que procura llevarse bien con cualquier gobierno en el poder. Como revela la experiencia reciente de Rusia, la creación de una oligarquía empresarial políticamente aduladora aleja más la perspectiva de una democracia con economía de mercado.

Resulta mucho más juicioso distribuir ampliamente los contratos y velar por que más empresas iraquíes tengan acceso al crédito. Resulta evidente que muchas entidades financieras antiguas están en peligro. La mejor solución es la de permitir la entrada de los extranjeros para que puedan canalizar capital extranjero hacia empresas privadas nacionales. También se debe fomentar la creación de nuevas entidades financieras nacionales. Semejantes políticas serían semejantes a las de Napoleón III en Francia en el decenio de 1850. La destrucción del poder financiero del Antiguo Régimen puso los cimientos para la democracia con economía de mercado, caracterizada por una gran vitalidad, que Francia llegó a ser.

Nada de eso ocurrirá de la noche a la mañana. Hay que crear, reparar y fortalecer las instituciones económicas. La administración interina debe emprender una delicada tarea equilibradora: habrá que impedir que los iraquíes elijan la forma de gobierno que deseen hasta que existan las condiciones económicas previas para que esa elección sea en verdad libre.

Al mismo tiempo, hay que convencer a los iraquíes de que la administración interina se preocupa al máximo por sus intereses y no por los de empresas americanas o británicas. Para que esa tarea equilibradora tenga éxito, son necesarias dotes de mando, políticas transparentes y buena comunicación. América se las brindó en la posguerra a Europa y al Japón. Una vez más debe estar a la altura del empeño.

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