Friday, August 22, 2014
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Gran Bretaña en el camino de la negación

SANTIAGO – Si visita Londres por estos días notará algo extraño: mientras más se viene abajo la economía británica, con mayor vehemencia insisten los Ministros del gobierno de David Cameron y los economistas conservadores en que los recortes draconianos al gasto públicos son favorables para el crecimiento económico.

Algunos observadores perciben esta postura como un acto de fe (presumiblemente en las virtudes del libre mercado). Otros, como el economista Paul Krugman, lo ven como un acto de mala fe: los conservadores solo quieren reducir el tamaño del estado, sin importar las consecuencias que tenga para el crecimiento.

Pero… ¿hay un argumento serio que justifique recortar el gasto público para estimular una economía? La respuesta es sí. De hecho, hay dos argumentos. La investigación académica ha demostrado anteriormente que los dos funcionan en la práctica –por ejemplo, en Irlanda y en Dinamarca durante los años ochenta. Por desgracia para los conservadores, ninguno de los dos se aplica a la situación  de Gran Bretaña hoy.

El primero de los argumentos enfatiza la relación entre la política fiscal y la monetaria. En un país con un amplio déficit fiscal, el banco central debe mantener elevadas las tasas de interés para controlar la inflación. En este escenario, los recortes al gasto crean un margen para que las tasas de interés caigan. Si el país tiene un régimen cambiario flotante, la moneda además se deprecia.

Estos dos cambios son buenos para la demanda y el crecimiento. Si su impacto combinado es mucho mayor que el efecto de contracción inicial del recorte del gasto, entonces la economía bien puede crecer después de una ronda de ajuste fiscal.

Resulta obvio que esta no es la situación actual de Gran Bretaña. La tasa de interés del Banco de Inglaterra se ha mantenido apenas por sobre cero durante más de dos años y medio. Independientemente de los planes fiscales del gobierno, esta tasa de interés no puede caer a menos de cero.

La segunda razón por la que una contracción fiscal puede ser expansiva es más sutil. En una economía en donde la deuda pública está aumentando rápidamente, mientras más se posponga un ajuste fiscal, más grande de doloroso deberá ser ese ajuste. Los hogares y las empresas lo entienden y dejan de consumir o invertir adelantándose a los duros recortes al gasto y a la subida de impuestos venideros. Así las cosas, un gobierno conservador  que recorta el gasto hoy le evita a los ciudadanos ese dolor futuro. De este modo el sector privado empieza a sentirse más rico y con optimismo vuelve a gastar, ayudando a que la economía prospere.

Dicho de otra forma: sin  los recortes presupuestarios Gran Bretaña habría llegado a estar como España –o tal vez incluso como Portugal o Grecia. Una vez realizados los recortes, Gran Bretaña ya no corre el riesgo de parecerse a un irresposable país mediterráneo. Por lo tanto, los británicos pronto empezarán a gastar de nuevo y el crecimiento económico llegará.

Hasta ahora todo bien –excepto que esta historia tampoco se aplica a Gran Bretaña. No hay indicios que el país haya estado al borde de una crisis de financiamiento. Los rendimientos a diez años de los bonos del gobierno británico alcanzaron mínimos histórico mucho antes de que Cameron llegara al gobierno. Si la crisis era inminente, los mercados claramente no se dieron cuenta. Además, si los recortes presupuestales del gobierno de coalición hubieran mejorado las expectativas de crecimiento futuro, esas mejores expectatativas se habrían visto reflejadas en precios mayores de las acciones, y tampoco hay evidencia de esto.

En suma, la demanda privada en Gran Bretaña está paralizada en lugar de subir. Añádase a esto el colapso de la demanda del sector público resultante de los recortes al presupuesto, y en conjunto están todos los ingredientes necesarios para un estancamiento prolongado. Y un estancamiento, si no algo peor, es precisamente lo que están mostrando los recientes datos económicos británicos.

Mientras más dure esta situación, más grave será el problema. Los desempleados de largo plazo saldrán del mercado laboral. Las empresas que invierten poco dejarán de ser competitivas. En la jerga de los economistas, la baja demanda engendrará una baja oferta y una recuperación no inflacionaria será aún más difícil de lograr.

¿Qué debe hacer Gran Bretaña? Como la eurozona va de crisis en crisis, la salvación no vendrá del exterior. En casa el único instrumento disponible es la política monetaria no convencional. Recientemente el Banco de Inglaterra inyectó 75 mil millones de libras a la economía a través del llamado “relajamiento cuantitativo”. Este es dinero de verdad, no sólo un acto de fe.

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