Estrasburgo – La Unión Europea recientemente se embarcó en una política de "compromiso constructivo" con Belarús. Ya era hora. Anteriormente, la política de la UE consistía en aislar a Belarús, que también buscaba el aislamiento.
Esa política no logró prácticamente nada, salvo apuntalar al líder autoritario del país, el presidente Aleksander Lukashenko. Tardíamente y de alguna manera a regañadientes, los líderes de la UE ahora han aceptado que necesitan relacionarse de manera pragmática con Lukashenko si quieren promover la reforma en Belarús y alejar al país de su órbita estrecha alrededor de Rusia.
Que haya tomado conciencia de esto no significa que Europa deba hacer la vista gorda a la naturaleza del régimen de Lukashenko. A los miembros de la UE, con motivos, les preocupan los derechos humanos en un lugar catalogado por algunos como "la Cuba del este". La represión política y las restricciones a la libertad de prensa siguen siendo moneda corriente en Belarús. Pero lo mismo -y tal vez peor- puede decirse de China, y la UE ha invertido mucho capital político en una relación estratégica y multifacética con sus gobernantes.
Belarús es el eslabón perdido en la democratización y reintegración post-soviética de Europa del este. A las autoridades europeas les ha costado mucho impedir que la ampliación de la UE cree nuevas líneas divisorias entre Belarús y sus vecinos hacia el oeste y hacia el norte -Polonia, Lituania y Latvia- que se sumaron a la Unión en 2004. De hecho, estos países son los mayores defensores de mejorar las relaciones con Belarús, por sus vínculos históricos, comerciales y familiares en común.
La UE también despertó repentinamente a la necesidad de una política externa de seguridad energética común, no sólo para encontrar una alternativa a los suministros rusos. Dado que el 20% del gas ruso destinado a Europa pasa por Belarús, una relación estable y estructurada con su gobierno se ha vuelto una prioridad. A su vez, Lukashenko ha decidido por razones económicas que su país necesita del apoyo de la UE y ya no puede depender exclusivamente de Rusia sin pagar un alto precio político.
Sin embargo, el descongelamiento de las relaciones entre la UE y Belarús necesita basarse en pasos recíprocos y permanentes. Después de todo, ninguna sociedad estratégica de la UE es incondicional. Pero la UE debe estar dispuesta a responder al clima perceptible en Belarús a favor de una reforma doméstica, una mayor apertura y respeto por los derechos democráticos fundamentales.
Por ejemplo, la reciente liberación de presos políticos en Belarús eliminó de golpe una de las razones clave de la hostilidad de la UE hacia Lukashenko. Este gesto, junto con la libre publicación de un periódico opositor, es precisamente el tipo de medidas que atraerán el interés de la UE en una relación realzada. De la misma manera, Belaús debe a su vez responder positivamente a las medidas de la UE para normalizar las relaciones, una de las cuales debería ser poner fin a las restricciones de viajes contra Lukashenko y otos altos funcionarios.
Por supuesto, la liberación de presos políticos no exime a Lukashenko de sus excesos pasados. Pero la oposición política a Lukashenko está desesperanzadamente dividida, plagada de luchas internas y es incapaz de plantear un desafío serio a su gobierno. Es más, Lukashenko parece ser genuinamente popular. La población rural y de edad avanzada del país -al igual que en los otros ex países soviéticos- parece valorar la estabilidad económica y el orden social por sobre el progreso democrático.
Algunos observadores creen que Lukashenko está haciendo propuestas cínicas a Occidente para generar un mayor respaldo de Rusia, particularmente en un momento de crisis económica. Pero, si bien Lukashenko probablemente esté jugando un juego de divide y reinarás, llegado el momento deberá decidir.
Cuanto más se acerque a la UE, mayor será la alarma en el Kremlin. Rusia es hipersensible a los desafíos a su influencia en lo que llama su "exterior cercano" de ex satélites soviéticos. La guerra del pasado verano (boreal) en Georgia, y los esfuerzos habituales del Kremlin por desestabilizar al gobierno prodemocrático de Ucrania, sirven como advertencias de lo que Lukashenko puede esperar si actúa precipitadamente.
Con una economía de Belarús que se desmorona y sus mercados exportadores marchitándose, Rusia podría explotar la vulnerabilidad de Lukashenko. El Kremlin está considerando un pedido de Belarús de un crédito por 2.000 millones de dólares, pero, si este dinero aparece, Belarús tiene que estar preparado para pagar un alto precio político. Lukashenko tal vez tenga que adoptar el rublo ruso, al menos como moneda de reserva.
Rusia también podría insistir en una mayor cooperación militar, que incluya el despliegue de misiles rusos en Belarús en respuesta a los planes de un escudo misilístico de Estados Unidos en Polonia y la República Checa. El primer ministro Vladimir Putin y el presidente Dmitry Medvedev también pueden insistir en que Belarús reconozca la independencia, declarada tras la guerra del pasado verano (boreal), de las regiones de Abjasia y Osetia del Sur de Georgia, sabiendo que esto llevaría a la UE a abstenerse de mayores compromisos con Belarús.
La dependencia de Belarús de los suministros de energía baratos de Rusia también podría usarse como mecanismo de presión. Pero, frente a la contracción de la economía rusa, Belarús quizás esté en una mejor posición de lo que cree. El país necesita un mayor acceso a los mercados globales y a un posible respaldo para ser admitido en la Organización Mundial de Comercio, que es uno de los mayores puntos fuertes de la UE y una de las debilidades fundamentales de Rusia.
Ahora es el momento de que los líderes de la UE le presenten a Lukashenko una alternativa clara a la dependencia de Rusia. La primera medida en este proceso fue la inclusión de Belarús en la Sociedad del Este de la UE, un nuevo marco para las relaciones con seis ex repúblicas soviéticas en Europa del este y el Cáucaso.
Es prematuro invitar a Lukashenko a la cumbre de apertura de esta iniciativa en Praga el 7 de mayo. Pero, después de años de atrofia, las relaciones entre la UE y Belarús finalmente ofrecen cierta promesa para el futuro. Gran parte de la responsabilidad recae sobre Lukashenko, pero la UE debe hacer todos los esfuerzos a su alcance para insertar a Belarús en la familia de naciones europeas, adonde pertenece.


Comments (0)
You need to login in order to leave a comment. If you do not yet have an account, please register.
The two commenting options explained
Watch a 1 minute video
to discover how you can comment on the entire article or a specific paragraph. The two images below also explain the two ways of commenting.
1) Entire article comment
Once logged in, simply click inside the comment box where it says "Enter text here." Enter and post your comment.
2) Paragraph comment
Please log in first. Then click to the left of the desired paragraph. Your cursor will automatically move to the comments box. Enter and post your comment.