Into Africa
¿Adónde van los “mercados fronterizos” de África?
Ian Bremmer
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NUEVA YORK – Parece que las elecciones de Zimbabwe confirman una vez más un tópico. Parece que África sólo aparece en los titulares internacionales cuando se ve golpeada por desastres: una sequía, un golpe de Estado, una guerra, un genocidio o, ciomo en el caso de Robert Mugabe, un gobienro flagrantemente incompetente, pero en los últimos años varios países subsaharianos han atraído corrientes de capital extranjero sin precedentes. La reciente agitación financiera mundial no ha hecho sino contribuir al atractivo de África, porque sus mercados fronterizos son menos vulnerables a la volatilidad internacional que la mayoría de las economías en ascenso más destacadas del mundo.
Hay tres razones principales por las que muchos países subsaharianos están teniendo buenos resultados. En primer lugar, los altos precios de las materias primas producen beneficios extraordinarios para los principales productores de materias primas de la región. El aumento de la demanda de energía, metales y minerales –en particular en China– ha aportado niveles de inversión extranjera sin precedentes. Incluso los grandes fondos de pensiones están empezando a prestarles atención. Además, un gran número de países más pobres de África se han beneficiado del exponencial aumento de la filantropía (principalmente de la de los Estados Unidos).
Pero, si bien es probable que continúen esas dos tendencias positivas, un tercer factor positivo puede resultar menos duradero. Todos los años, los africanos que viven fuera del continente envían unos 30.000 millones de dólares a sus familias y amigos de sus países. Esos envíos revisten importancia decisiva para la estabilidad económica de varios países africanos. Una desaceleración económica en los EE.UU. y en Europa podría aminorar en gran medida esa inyección de dinero, porque, cuando cunde el miedo a la recesión, los inmigrantes suelen ser los primeros que pierden sus puestos de trabajo .
Al mismo tiempo, aunque las economías fronterizas de África son menos vulnerables que otros mercados en ascenso a las turbulencias financieras mundiales, lo son mucho a la agitación política más cercana. Los tres países que han hecho de pilares de la estabilidad regional durante los últimos años –Nigeria, Kenya y Sudáfrica- están ahora demasiado ocupados con problemas políticos propios para aportar las tropas de mantenimiento de la paz, los fondos para la reconstrucción y las presiones políticas que con frecuencia limitan los daños causados por los conflictos en otras zonas de la región.
La mayoría de los problemas de Nigeria son bien conocidos. Militantes de la región del delta del Níger, rica en petróleo, han paralizado hasta el 30 por ciento de las exportaciones petroleras del país, fuente decisiva de ingresos estatales. El Presidente Umaru Yar’Adua ha adoptado medidas concretas para luchar contra la corrupción en el nivel de las capas dominantes de Nigeria y parece haber logrado avances con vistas a un acuerdo de paz completo con los rebeldes del Delta.
Pero Yar’Adua podría afrontar pronto un gran problema a corto plazo. Tras haber anulado los resultados de varias elecciones provinciales, la Junta Electoral Nacional podría anular los de las presidenciales del año pasado, con lo que lo obligaría a presentarse de nuevo como candidato a la presidencia. Si bien Yar’ Adua podría valerse de la buena voluntad que ha ido creando durante el último año para ganar por un margen aún mayor, la campaña electoral de noventa días provocaría casi con toda seguridad disturbios civiles y los dirigentes de Nigeria estarían demasiado ocupados lidiando con las rivalidades políticas internas para poder ayudar a estabilizar los conflictos en otras zonas de África.
Los problemas de Kenia son más profundos. La sólida expansión económica y uno de los mercados de valores que crecen más rápidamente del mundo no han ayudado al país a evitar una crisis política cada vez más profunda y una violencia étnica en aumento desde las disputadas elecciones celebradas en diciembre. El Presidente Mwai Kibaki, a quien los observadores internacionales acusan de amañar los resultados de la votación, ha insinuado la posibilidad de presentar un plan para compartir el poder en un gobierno de unidad, pero el dirigente de la oposición Raila Odinga ya ha oído esas promesas en el pasado. Odinga laboró denodadamente a fin de ayudar a Kibaki a ser elegido en 2002 para que luego este último incumpliera una promesa similar.
Pese al alarmante aumento de la violencia, probablemente los temores a una guerra civil en Kenya sean exagerados. El movimiento de oposición “anaranjada” del país ha conseguido recientemente puestos decisivos en el Parlamento y de momento está atendiendo las peticiones de calma del ex Secretario General de las Naciones Unidas Kofi Annan y los representantes de la Unión Africana, pero nadie debe esperar que Kenya vuelva a desempeñar un papel estabilizador regional durante bastante tiempo.
El tercer pilar del continente, Sudáfrica, pasará 2008 atrapado en una disputa política en aumento entre Thabo Mbeki, el presidente saliente, y Jacob Zuma, ex Vicepresidente y dirigente recién elegido del gobernante Congreso Nacional Africano y candidato principal a la sucesión de Mbeki, su irreconciliable rival, el año que viene.
Los tribunales de Sudáfrica han pasado a ser un campo de batalla político, pues Mbeki y sus aliados han aprovechado las acusaciones de corrupción para intentar invalidar la candidatura de Zuma. La tormenta política resultante podría obligar a este último a recurrir al apoyo básico de sus aliados principales del movimiento sindical del país y del Partido Comunista, con lo que pondría en entredicho el consenso en pro de la economía de mercado existente en la capa política dirigente y provocaría un debate sobre el futuro de la política económica de Sudáfrica.
Ningunos otros países del África subsahariana tendrán el peso económico y la autoconfianza política para substituir a Nigeria, Kenya y Sudáfrica como pilares de la estabilidad en un futuro próximo. Bloques regionales, como la Comunidad Económica de los Estados del África Occidental (CEDEAO), la Unión Aduanera del África Meridional (SACU) y la Comunidad del África Oriental (CAO), acabarán desempeñando papeles más importantes con vistas a contribuir a la resolución de los problemas económicos y diplomáticos más arduos del continente, pero no es algo que vaya a ocurrir este año.
Siguen existiendo muchas razones para que los inversores prueben suerte en los mercados fronterizos de África, pero no será necesariamente una sequía, un golpe de Estado, una guerra o un genocidio lo que les haga prensárselo dos veces.
Ian Bremmer es Presidente del Grupo Eurasia y miembro principal del Instituto de Política Mundial.
Copyright: Project Syndicate, 2008.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por Carlos Manzano.
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