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European Economies

En Europa, las altas cercas hacen malos vecinos

Tito Boeri

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2004-03-02

El poeta Robert Frost escribió que "buenas cercas hacen buenos vecinos". Lamentablemente, la Unión Europea parece estar tomando la fantasía poética de Frost como una receta política seria.

Porque, ¿de qué modo se está preparando para dar la bienvenida a los ciudadanos que se convertirán en miembros en mayo? Simple: cerrando las puertas en sus narices, y después creando muros de reglamentos con el objetivo central de mantenerlos alejados de la puerta.

De hecho, la Unión está actuando aún peor. Puesto que a nivel de la UE no existe consenso acerca de un conjunto de reglas comunes que se puedan aplicar a los nuevos ciudadanos de la Unión, cada país miembro está fijando sus propias reglas sin ninguna coordinación.

Algunas de estas nuevas reglas son draconianas. Austria y Alemania (con mucho los dos mayores destinos de inmigrantes desde Europa del este, recibiendo cuatro de cada cinco) anunciaron el año pasado que restringirán la migración desde los nuevos estados miembros durante todo el periodo de transición de siete años. Francia y Bélgica restringirán la inmigración de los nuevos ciudadanos de la UE durante al menos los primeros dos años del periodo de transición.

Inicialmente, Suecia pareció tomar una postura liberal, pero ahora está posponiendo la apertura de sus fronteras y puede limitar el acceso de los emigrantes a los beneficios de seguridad social. El gobierno danés casi colapsó en enero, cuando el ministro del trabajo propuso abrir el mercado laboral a todos los nuevos ciudadanos de la UE que puedan probar que han encontrado empleo.

Hasta ahora, Italia y Grecia han guardado silencio, lo que significa que probablemente mantengan las restricciones actuales frente a los nuevos miembros: serán tratados, de hecho, de igual manera que los inmigrantes de fuera de la UE. Por lo tanto, los países que rodean a los nuevos estados miembros impedirán la migración desde la "Nueva Europa".

Toda esta creación de barreras refleja la creciente preocupación pública acerca de los ciudadanos de los nuevos estados miembros que emigran para aprovechar los generosos sistemas de bienestar existentes en la Unión. No es de sorprender, entonces, que las mayores caídas en cuanto a apoyo popular a la ampliación hayan sido registradas por la Encuesta del Eurobarómetro en los países de la UE donde el estado de bienestar es más generoso. Pero el apoyo a la ampliación se está desvaneciendo en todos lados, en momentos en que es inminente el ingreso de los nuevos miembros.

Al mismo tiempo, cerrar las puertas a los más recientes ciudadanos de la Unión no resolverá el problema del acceso a los beneficios sociales y, ciertamente, afectará el crecimiento económico. En los mercados laborales de la UE caracterizados por una baja movilidad, como los que existen en toda Europa occidental y meridional, los inmigrantes pueden jugar un papel muy importante. Al aumentar la productividad promedio, contribuyen no solo a un mayor crecimiento, sino también a lograr mayores ingresos per cápita.

De hecho, debido a las distorsiones en el modo como están fijados los salarios (a menudo sin considerar las tasas de productividad locales) los inmigrantes pueden contribuir a reducir el desempleo en estas áreas de Europa. Más aún, cerrar las puertas no resolverá el problema del acceso a los beneficios sociales, ya que la migración ilegal es peor que la legal: toma recursos sin contribuir en nada a financiar el estado de bienestar, incluso cuando la mayoría de los inmigrantes son jóvenes y trabajan.

Una mejor manera de enfrentar el temor a los inmigrantes que abusan de los sistemas de bienestar sería adoptar un cupo transicional generoso a nivel de la UE como un todo que, si no se llena, se pueda elevar de manera temprana. Los cupos de migración se deberían preferir a otros tipos de restricciones, ya que permiten recuperar al menos parte de los potenciales desembolsos del estado de bienestar. Los cupos se deberán fijar a niveles que se basen en periodos pasados de alta migración, por ejemplo, un flujo anual de 400.000 personas a la UE.

Mientras se ponen en efecto estas restricciones transicionales, se deben emprender reformas que enfrenten la base subyacente de temor público a la migración.. La raíz de este temor es, por supuesto, la vasta diferencia entre los ingresos de, digamos, Lituania, y la mayor parte de la Unión.

Por supuesto, la convergencia económica es un proceso de largo plazo. Por tanto, las políticas de redistribución en la UE se deberían reformar de modos que desestimulen el aprovechamiento selectivo de los beneficios sociales por parte de ciudadanos de sus países miembros más pobres. Aquí el problema es la incompatibilidad de los planes de los seguros sociales, por una parte, en que los beneficios que las personas reciben se basan en lo que han contribuido y, por otra parte, los programas de asistencia social que incluyen la transferencia de dinero en efectivo.

Se debe recomendar a todos los países de la UE, incluidos los nuevos miembros, que adapten planes de asistencia social (que también existen en los nuevos estados miembros) para que cumplan ciertos requisitos básicos. La coordinación a lo largo de toda la UE de estos planes de ingresos mínimos garantizados se debería aplicar gradualmente, con la intención de largo plazo de construir una red de seguridad paneuropea que sea uno de los pilares institucionales de la UE.

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AUTHOR INFO

Tito Boeri    Tito Boeri
Tito Boeri is Professor of Economics, Bocconi University, Milan and Director of Fondazione Debenedetti.