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La diplomacia privada de Berlusconi

ROMA – En el sitio web del Ministerio de Relaciones Exteriores italiano, se elogia a Túnez por sus “características ideales” y por la “estabilidad política y social”. Después del levantamiento popular que derrocó al presidente Zine el-Abidine Ben Ali del poder, el peligro de respaldar a autócratas árabes a cambio de una estabilidad frágil debería haberse tornado evidente, una vez más, a los ojos de las potencias occidentales. En Italia, sin embargo, el levantamiento tunecino también es un doloroso recordatorio de la maraña de intereses privados y públicos en conflicto del primer ministro Silvio Berlusconi.

Muchos italianos recuerdan que Ben Ali –cuyo ascenso a la presidencia estuvo apoyado de manera directa por Italia- ofreció refugio a Bettino Craxi, el ex primer ministro italiano (y mentor político de Berlusconi) que huyó del país en 1994 para evitar una condena por cargos de corrupción. Craxi murió y está enterrado en el centro vacacional tunecino de Hammamet.