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La política de la subcontratación empresarial

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2004-02-06

Hace varios años, en Delhi, llamé a una empresa de control de plagas para que eliminaran unas termitas que había en mi departamento. Un hombre del sur de la India con una agradable sonrisa llegó con botes de productos químicos y una jeringa grande. Hacía su tarea de manera meticulosa. Cada vez que rociaba, una nubecilla se posaba por todas partes. Le pregunté si aquello iba a funcionar en realidad. Sonrió reconfortantemente y me dijo “Señor, no tiene por qué preocuparse. Este producto es muy fuerte. Está totalmente prohibido en los Estados Unidos”. Salí de la habitación mientras él preparaba la jeringa para administrar otra dosis.

Recordé este incidente después de dar una conferencia en Helsinki sobre estándares laborales globales. Cuando concluyó mi plática, me enfrasqué en un animado debate con el público sobre el desarrollo de estándares globales para los mercados laborales. Un mundo globalizado, donde los bienes, el capital y la contaminación de un país fluyen hacia otros, inevitablemente necesitará normas y leyes comunes. Pero como queda ilustrado con la respuesta del empleado de control de plagas, lo que para unos es veneno, para otros puede ser tranquilidad. El establecimiento de estándares comunes en un mundo tan desigual como el nuestro generará muchos temas polémicos.

El impacto de la subcontratación de procesos empresariales (BPO, por sus siglas en inglés) sobre los mercados laborales de muchos países en desarrollo es un buen ejemplo. Dados los avances tecnológicos en las comunicaciones electrónicas y los aumentos en amplitud de banda, ahora se puede trasladar empleos que se realizaban en naciones industrializadas, pero que no requieren de interacción personal, a países más pobres, que tienen mano de obra barata, una fuerza laboral capacitada y altos niveles de conocimientos de computación.

La General Electric de los Estados Unidos fue una de las pioneras en esto. GE ha ahorrado 340 millones de dólares al año desde que se llevó parte de sus operaciones internas a la India. Tomando en cuesta todos los costos, un centro de atención de llamadas en Kansas City cuesta más de tres veces lo que uno en Mumbai. No es sorprendente que el empleo se haya disparado en el sector de servicios offshore relacionados con la tecnología de la información en la India; ha crecido de 106,000 en marzo de 2002 a 171,500 un año más tarde. De acuerdo con las últimas proyecciones, el empleo rebasará la marca del millón en 2008.

India ha sido una sede importante y creciente de subcontratación para Microsoft, Hewlett Packard, British Airways y otras grandes corporaciones. Pero no es la única. A lo largo de los últimos años, Motorola ha estado despidiendo trabajadores en los EU y llevándose sus operaciones a Brasil, China y su planta en Chihuahua, México.

Los países pobres ven estos hechos y tendencias con esperanza, mientras que muchas naciones industrializadas las contemplan con preocupación. Uno de los miembros del público en Helsinki me comentó con desánimo que se había decepcionado de la globalización después de que algunos de sus amigos perdieron sus empleos sin haber cometido ninguna falta, simplemente porque Ericsson decidió cambiar las operaciones de ciertas plantas europeas a China.

Algunos economistas descartan esas quejas al calificarlas como simples excusas para el proteccionismo. Eso es un error. Los trabajadores pobres de los países ricos son los más vulnerables a la BPO, y esos asuntos, si no se manejan de forma adecuada, pueden fomentar el nacionalismo y el populismo. En las páginas web del Ku Klux Klan, la economía le roba espacio al odio racial. En efecto, los dos se combinan para producir un análisis completamente perverso: la globalización es mala porque le da los empleos de nuestra raza a otras razas en los países en desarrollo.

La oposición a la BPO en los países ricos no tiene nada que ver con los estándares internacionales de trabajo, que se ocupan de los trabajadores más pobres en los países pobres. Los trabajadores no calificados en los países pobres hacen tareas que prácticamente nadie haría en un país desarrollado. Así, no hay conflictos de interés con los trabajadores más pobres de los países en desarrollo porque no compiten por el mismo tipo de empleos.

Pero a niveles más altos de capacitación, la BPO sí crea conflictos de interés entre trabajadores de países ricos y pobres. Cuando una corporación subcontrata servicios en un país en desarrollo, algunos de sus trabajadores realmente salen perdiendo (al menos a corto plazo). Por supuesto, muchos otros grupos ganan.

Los empleados del país anfitrión, tales como los técnicos de programación y los operadores de los centros de atención de llamadas, claramente se benefician de la BPO, pero también lo hacen los accionistas y dueños de las compañías (cuyas ganancias aumentan) y los consumidores (quienes pagan precios más bajos). Muchos ganan y quedan en una buena posición para compensar a los perdedores. En esa medida, los países desarrollados tienen la responsabilidad de suavizar el impacto sobre sus trabajadores ofreciéndoles una protección de seguridad social adecuada, así como opciones de reubicación y de capacitación.

En efecto, esas medidas son cruciales a largo plazo, porque si la BPO mejora las condiciones de los países en desarrollo, la demanda de bienes y servicios de éstos crecerá. Ello generará nuevos empleos en los países ricos (y más de los que se pierdan a causa de la BPO). Pero tal vez no en los sectores concentrados y visibles que emigraron a los países en desarrollo. Esto hace que la BPO sea un blanco fácil para los populistas, lo cual es desafortunado, porque lo que los países desarrollados realmente necesitan es una fuerza laboral flexible.

Lo anterior no niega que los trabajadores de los países industrializados se están empobreciendo relativamente con el paso del tiempo. Yo creo que existen fuerzas que tienden a hacer que el ingreso total relacionado con el trabajo sea relativamente pequeño en comparación con el que se relaciona con el capital.

Pero eso no tiene nada que ver con el desplazamiento de operaciones internas a los países pobres. Si se pusiera un alto a la BPO, las naciones industrializadas (y sus trabajadores) estarían peor en términos absolutos.

Kaushik Basu es profesor de economía y director del Programa de Desarrollo Económico Comparado de la Universidad de Cornell.

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AUTHOR INFO

Kaushik Basu is Chief Economic Adviser, Ministry of Finance, Government of India, and Professor of Economics and Professor of International Studies, Cornell University.