The World in Words
La última de Putin
Anders Åslund
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WASHINGTON – Del 2 al 4 de abril, la OTAN celebrará su mayor cumbre jamás realizada en Bucarest, capital de su nuevo miembro, Rumania. Increíblemente, la OTAN ha invitado a su más acérrimo crítico, el presidente ruso Vladimir Putin, a participar en el evento. Por primera vez desde 2002, lo hará. Su presencia es motivo de vergüenza para la OTAN, pero una desgracia incluso mayor para Rusia.
Los dos grandes temas de Bucarest será si invitar a Albania, Croacia y Macedonia a unirse a la OTAN, y si ofrecer postulaciones a Ucrania y Georgia para comenzar los así llamados "planes de acción de ingreso como miembro". Estas preguntas deben ser decididas por los miembros de la NATO, no por actores ajenos a ella.
En febrero de 2007, Putin, en un arranque de anti-occidentalismo declaró en Munich: “Creo que es obvio que la ampliación de la OTAN no tiene ninguna relación con la modernización de la alianza misma ni con garantizar la seguridad en Europa. Por el contrario, representa una seria provocación que reduce el nivel de confianza mutua.”
Así es que están claras las opiniones de Putin acerca de la OTAN. Causará problemas en la cumbre al intentar intimidar a los ex satélites de la Unión Soviética presentes en la sala.
Una actitud así de agresiva beneficia la política extranjera de un país sólo hasta un punto, uno que Putin sobrepasó hace ya mucho. Inicialmente, actuaba como un diplomático capaz y conciliador, pero desde su discurso en Munich ha comenzado a unir Occidente contra Rusia.
En su discurso del 9 de mayo de 2007, en conmemoración de la victoria de Rusia en la Segunda Guerra Mundial, Putin comparó a los Estados Unidos con la Alemania nazi. "Tenemos el deber de recordar que las causas de toda guerra son sobre todo los errores y los errores de cálculo en tiempos de paz, y que esas causas tienen su raíz en una ideología de confrontación y extremismo. Conviene recordar esto hoy, porque estas amenazas no están disminuyendo, sino sólo están transformándose y cambiando de apariencia. Estas nuevas amenazas, al igual que bajo el Tercer Reich. demuestran el mismo desprecio por la vida humana y la misma aspiración de establecer una autoridad exclusiva sobre el mundo.”
Los políticos serios no hablan así. Se trata de los exabruptos característicos de los pocos amigos que le quedan a Putin: Hugo Chávez de Venezuela, Mahmoud Ahmadinejad de Irán y Alyaksandr Lukashenka de Bielorrusia. En su propio país, está creciendo la conciencia de que Putin está dañando a Rusia al insultar e intimidar a todo el mundo. Está aislando su país, poniéndolo entre los parias del planeta; peor aún, es poco lo que ha logrado con eso.
Cuando Putin se convirtió en presidente en 2000, mencionó el acceso a la Organización de Libre Comercio como su prioridad en política exterior. No lo logró, porque cedió a pequeños intereses proteccionistas, imponiendo una embargo maderero contra Finlandia y Suecia, un embargo pesquero contra Noruega y varios embargos agrícolas contra Lituania, Ucrania, Moldavia, Georgia y otros países.
La política exterior rusa se centra en los intereses de sus corporaciones dominadas por el estado, particularmente Gazprom, que ha cerrado contratos con varios países y compañías para hacer suministros monopólicos. Sin embargo, por lo general un gasoducto de Gazprom cuesta por kilómetro el triple de lo que cuesta un gasoducto occidental similar, debido a las “fugas” (contraflujos y desperdicio). El propósito principal de la política exterior de Rusia parece ser explotar las compañías estatales rusas para beneficio de las autoridades del Kremlin.
No obstante, los clientes no confían en los proveedores que interrumpen el suministro, aumentan los precios sin aviso, expropian a los competidores y dejan que la producción disminuya de la manera como lo han hecho Gazprom y otras compañías estatales rusas.
La política exterior de Putin también tiene la evidente intención de agitar el populismo chauvinista. Puede que emprenderlas contra los extranjeros dé bríos a su régimen autoritario, pero esto también tiene un precio. No sólo Estados Unidos y Europa, sino todas las ex repúblicas soviéticas sienten distancia frente a la agresiva táctica de Putin. Muchas están buscando protegerse de los caprichosos embargos de Rusia, por ejemplo, buscando fuentes de energía alternativas.
Supuestamente bajo Putin Rusia ha mejorado sus relaciones con China, pero al coste de ceder a las demandas chinas de dos grandes islas en disputa, por las cuales ambos países entraron en conflicto en 1969. El objetivo aparente de Putin fue asegurar el financiamiento de la compra por parte de Rosneft del campo petrolero de Yuganks, que fue parte de la confiscación de Yukos. Sin embargo, China también siente recelos hacia Putin y ha estado enviando señales cálidas a los líderes de ex repúblicas soviéticas, como Yuliya Tymoshenko de Ucrania.
Los nacionalistas rusos también están disconformes con la política exterior de Putin, porque ha hecho que las ex repúblicas soviéticsa se distancien y ha debilitado las fuerzas armadas rusas. El nacionalista Consejo de Estrategia Nacional publicó un devastador informe sobre el declive del ejército ruso bajo Putin, planteando que el aprovisionamiento militar ruso ha caído en picada. Por ejemplo, desde el año 2000 se han adquirido apenas tres nuevas aeronaves militares.
Es cierto que los precios de los armamentos han aumentado notablemente, pero sólo porque los amigos de la KGB de Putin, que monopolizan la producción de armas, han robado enormes cantidades. Y sin embargo, a pesar de esta falta de gasto, Putin parece obsesionado con hacer gestos provocativos e injustificados, como reanudar los vuelos de bombarderos nucleares de gran alcance fuera de las costas estadounidenses.
A principios de los 90, muchos occidentales y rusos deseaban que Rusia se convirtiera en miembro pleno de la Unión Europa y de la OTAN, a condición de que se convirtiera en una democracia plena. Lamentablemente, Occidente nunca hizo esa oferta, y la democracia rusa eligió el mal camino.
Debería dársele una nueva oportunidad a Rusia, pero sólo una vez que Putin haya dejado el poder. Rusia no es enemiga de Occidente; Vladimir Putin sí lo es.
Anders Åslund, investigador senior del Instituto Peterson de Economía Internacional, es autor de Russia's Capitalist Revolution: Why Market Reform Succeeded and Democracy Failed.
Copyright: Project Syndicate, 2008.
www.project-syndicate.org
Traducido del inglés por David Meléndez Tormen
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