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Mientras China cambia

Cuando Deng Xiaoping empezó la apertura de China a finales de los años setenta, señaló: “No importa si el gato es negro o blanco. Si caza ratones es un buen gato.” Este lema contribuyó a catalizar a China para que se convirtiera en lo que es hoy: una sociedad cada vez más materialista, consagrada al dinero, que ha perdido el contacto con su ética tradicional. No hay nada que resuma más vívidamente este vacío moral que el reciente drama televisivo, “Wo Ju” (“Espacios cerrados”) que ha fascinado a las audiencias chinas.

La “heroína” del programa, Guo Haizao, es una inocente mujer de piel clara de 25 años que vive cerca de Shangai. Inicialmente, sigue los pasos de su hermana mayor en la búsqueda de su sueño común, estudiar en una de las mejores universidades de China. No obstante, incluso con un título universitario, la vida agitada de Shangai no resulta como ella la había imaginado.

“Por qué está el mundo lleno de injusticia, y los reflectores sólo apuntan a los lugares más bonitos de la ciudad? se pregunta una noche esta mujer mientras se preocupa por los esfuerzos que ella y su hermana hacen para comprar una casa.

Como le dice, Song Siming, el apuesto y exitoso secretario del Alcalde, que conduce un Audi   –pero también está casado-,   “nadie se fija en esos rincones feos en la oscuridad, donde se acumulan la suciedad, las moscas y las ratas.”

Song es un hombre ingenioso rebosante de carisma. Pronto, Guo se intoxica con su aire de poder y éxito. Cuando surgen los problemas, Song hace una rápida llamada y los soluciona. Poco a poco, Guo se ve atrapada por su encanto y capacidad para conseguir cosas. En poco tiempo, le empieza a ser infiel a su novio, y se rinde en los brazos y la cama de Song.

Cuando Guo escucha una pelea entre su hermana y su cuñado en su hacinado cuarto de alquiler, sus aspiraciones de conseguir un departamento a través del trabajo duro y de formar una familia con su novio y futuro esposo empiezan a desvanecerse. Está tentada por el camino fácil que Song le promete y permite que la seduzca a cambio de una cantidad importante de dinero y un lujoso departamento. Pronto queda incluso embarazada. Song ciertamente sabe como “cazar ratones”.

“Wo Ju” es una adaptación de una novela sobre los recientes precios disparados de la vivienda en las ciudades chinas –especialmente en Shangai- y el efecto de la fiebre inmobiliaria en los jóvenes en la actual China de “hacerse rico a cualquier precio”. En la telenovela, los televidentes ven cómo el sueño chino ha empezado a girar en torno a la posesión de propiedades en lugar de la educación o el amor, y cómo este cambio ha ido transformando la sociedad china, algunas veces de forma alarmante.

Estos cambios han creado un nuevo tipo de esperanza y desesperación entre la generación de chinos que están llegando a la mayoría de edad. No obstante, naturalmente,

la idea implícita es que si esta fijación en la propiedad ha conducido a un mayor pragmatismo en los asuntos del corazón, también ha originado una preocupante burbuja inmobiliaria que ahora muchos economistas temen que pronto podría estallar.

Entonces, como se trata de una telenovela, Song muere repentinamente en un accidente de tránsito cuando conducía apresuradamente hacia el hospital –mientras lo persiguen investigadores anticorrupción- para ir a ver a su novia y a su hijo varón por nacer. Pero, sucede que, justo unos días antes, Guo había abortado en secreto inmediatamente después de una dramática pelea con la esposa de Song.

Por increíble y complicado que el argumento llegue a ser a veces, “Wo Ju” ofrece una mirada fiel de lo que estimula a la sociedad china contemporánea: la propiedad, el dinero, el sexo, los coches y el poder. Tal vez porque captura el espíritu de los tiempos tan bien, el programa se ha hecho enormemente popular, tanto, que recientemente llamó la atención de los censores de los medios de comunicación. En efecto, su uso realista de la blasfemia y su representación del vacío espiritual que se apodera de China provocó que fuera prohibido en uno de los canales de televisión de Beijing.

Mientras que los medios de comunicación oficiales saturan las pantallas de televisión y de cine con propaganda sobre Confucio, antiguos cuentos de hadas y epopeyas de kung fu, “Wo Ju” atrae la atención de amplios sectores de la sociedad contemporánea que ven en el programa aspectos problemáticos de sus propias vidas: corrupción oficial, amantes, incluso esclavos domésticos. Como Song dice arrogantemente a Guo antes de morir, “mientras sea un problema que podamos resolver con dinero, no es un gran problema.”

El programa ha provocado un tsunami de discusiones en línea. Muchos sitios Web y grupos de usuarios han realizado encuestas con preguntas como “Si fueras Guo Haizao, ¿escogerías a Song Siming y un departamento, o a Xiaobei (el novio abandonado) y el amor verdadero?” En uno de los sitios Web más grandes de China, el 46% eligió a Song, mientras que sólo el 22% escogió al joven novio, una elección que sugiere el tipo de valores de la nueva generación.

Las virtudes tradicionales del “amor verdadero” han sido sustituidas con el pragmatismo y la disposición a convertirse en una amante antes de que se termine la juventud y todas las oportunidades de tener un buen departamento se hayan ido. Después de todo, muchos cibernautas ahora preguntan, ¿acaso esa forma práctica de actuar no contribuye a ahorrar muchos años de trabajo duro? Un intento reciente de búsqueda de parejas atrajo solicitudes de más de 10,000 mujeres jóvenes que buscaban la oportunidad de casarse a ciegas con un multimillonario de Shenzhen. Ese no fue el primer matrimonio por lotería de la China actual, y con seguridad no será el último.

Puede ser que lo más interesante de “Wo Ju” sea que a la mayor parte de los televidentes no les desagrada Song, el secretario del Alcalde que mueve los hilos. En efecto, si bien Song puede ser caracterizado como un antihéroe, en la China contemporánea es considerado un “buen partido”. Más y más mujeres jóvenes están haciendo tales elecciones prácticas: preferir un departamento antes que el amor, y el pragmatismo antes que los principios.

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