Exit from comment view mode. Click to hide this space
Email | Print

Angela Bismarck Thatcher

BERLÍN – La reciente cumbre de la Unión Europea produjo un típico compromiso europeo sobre la crisis financiera griega, uno que evita el término “solución” y se esconde detrás de la idea de un “mecanismo.” En abril se verá si funciona o no cuando Grecia tenga que refinanciar su deuda una vez más.

La canciller alemana, Ángela Merkel, prevaleció con su exigencia de que el Fondo Monetario Internacional participe en un plan de rescate para Grecia, en caso de requerirse uno. Además, la decisión final sobre dicho rescate requerirá, como antes, de unanimidad en los organismos europeos, lo cual significa que seguirá bajo el control alemán.

El presidente francés, Nicolás Sarkozy, por su parte, aseguró la participación de la zona euro en un plan de rescate para Grecia. Para Alemania, esto supondría un pago de hasta 4,000 millones de euros y –lo desagradable- el final de facto de la prohibición de los planes de rescate del artículo 125 del Tratado de Maastricht de la Unión Europea, a pesar de todos los malabarismos verbales que querían “probar” que el acuerdo sobre Grecia es conforme con la prohibición. Sarkozy también buscaba, y obtuvo, una mayor coordinación económica en el Consejo Europeo. La exclusión de los miembros que infrinjan el Tratado de Maastricht no se va discutir.

De hecho, salvo por unos puntos adicionales menores, la resolución del Consejo Europeo difiere del anterior compromiso en sólo un aspecto: la participación del FMI. Si Alemania necesitaba la participación del Fondo para cuidar su prestigio interno y por decisión de su Tribunal Constitucional, ¿era realmente necesario causar semejantes estragos sin precedentes en Europa sólo para conseguirlo? Todos los involucrados podían haber vivido con este compromiso; la confrontación política que le precedió fue la que hizo difícil el acuerdo. En efecto, la confrontación europea iniciada por Merkel (si usted ve una relación con las próximas elecciones alemanas es cosa suya) ha cambiado a la UE para siempre.

En los medios de comunicación alemanes, abundan las referencias a Margaret Thatcher y Otto von Bismarck en las que Merkel es aclamada como la Dama de Hierro o incluso la canciller de hierro. Uno no puede más que mover la cabeza por la disminuida conciencia histórica de los alemanes, debido a que ni Thatcher ni Bismarck han sido nunca un modelo a seguir para la política europea de Alemania, y por buenas razones. A ninguno de los dos les importaba mucho, si es que les importaba, la integración europea.

¿Por qué siquiera pensar en Bismarck si quieres la amistad europea? Meter el nombre de Bismarck en el debate sin duda hará difícil la cooperación franco-germana. Usted podría prescindir de esto como una típica exageración si la reacción interna alemana no mostrara una tendencia claramente identificable, a saber, el retiro de Alemania como motor de la integración europea a medida de que ejerce cada vez más sus intereses nacionales definidos de manera muy limitada.

“Pero eso es lo que los otros hacen también”, es la respuesta que actualmente se empieza a escuchar cada vez más en Alemania. Eso es cierto, excepto que Alemania no es como los “otros.” Debido a su tamaño, ubicación e historia, Alemania tiene un papel específico que desempeñar en esa estructura única –metida en medio de los intereses nacionales y los intereses europeos- es decir, la UE.

Si Alemania deja de actuar como la fuerza motriz de la integración europea, entonces la integración europea es cosa del pasado. Si Alemania deja de europeizar sus intereses nacionales cada vez más limitados, pero los ejerce al igual que lo hacen los otros, el resultado será un retorno a una visión más nacionalista dentro de la EU. El tiempo dirá cuánto podrá soportar la UE esa presión.

Hasta hora, Alemania siempre ha sido el motor de la integración europea, en concordancia con sus intereses políticos y económicos. Son predecibles las consecuencias de la renuncia de Alemania a ese papel: la UE retrocederá, de una unión de Estados que avanza hacia una mayor integración a una confederación débil dominada por intereses nacionales en conflicto.

Esta es la idea británica de Europa, y el Tribunal Constitucional alemán, también, probablemente estaría contento con esta evolución. Pero llamar a este giro de 180 grados un golpe político maestro que salvó el euro y el legado europeo de Helmut Kohl, es simplemente delirante.

Es mejor no pensar en el significado de esta tendencia hacia una UE débil para el futuro de Europa en un ambiente internacional con el desafío que supone la presencia de nuevos actores y dimensiones. Sin embargo, es cada vez más difícil de entender, a la luz de estos acontecimientos, por qué la UE se preocupó en promulgar el Tratado de Lisboa. Después de todo, este tratado es lo que menos necesita una mera confederación.

Reprinting material from this Web site without written consent from Project Syndicate is a violation of international copyright law. To secure permission, please contact us.

Exit from comment view mode. Click to hide this space

Comments (0)

You need to login in order to leave a comment. If you do not yet have an account, please register.

Show comments of
close

The two commenting options explained

Watch a 1 minute video
to discover how you can comment on the entire article or a specific paragraph. The two images below also explain the two ways of commenting.

1) Entire article comment
Once logged in, simply click inside the comment box where it says "Enter text here." Enter and post your comment.

2) Paragraph comment
Please log in first. Then click to the left of the desired paragraph. Your cursor will automatically move to the comments box. Enter and post your comment.

Top Project Syndicate commentaries

Email this article

Your name is required.

Your email is required.


Your friend's name is required.

Your friend's email is required.


A message is required.