Tuesday, September 2, 2014
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El nuevo mundo distópico de Putin

MOSCÚ – Tres meses después de las protestas que derrocaron al presidente ucraniano Víktor F. Yanukóvych y a su gobierno, generando una ola de agitación y caos, el país eligió nuevo presidente. Pero el presidente ruso Vladímir Putin aprovechó la primera ocasión que tuvo para desplegar tropas y anexar Crimea, y sigue siendo la figura clave de la que depende el futuro de Ucrania, país al que empuja cada vez más hacia algo mucho más peligroso que una nueva Guerra Fría.

Al tomar firmemente las riendas del futuro de Rusia, Putin simplificó la tarea de los que buscan comprender este país. De hecho, sus acciones están determinadas por un único objetivo; y contra lo que se suele creer, no se trata de ambición imperial. En realidad, la meta a la que está subordinada cada una de sus políticas es gobernar Rusia mientras viva.

La ambición de Putin no surge de un ansia patológica de poder, sino que se deriva totalmente de preocupaciones objetivas por su propia seguridad. Sabe cuáles son las leyes del sistema autocrático que ayudó a reconstruir en Rusia, un sistema en el que un líder que pierde el poder puede terminar viéndose arrastrado fuera de alguna cloaca o ratonera para ser ejecutado (como les sucedió al coronel Muamar El Gadafi en Libia y a Saddam Hussein en Irak).

Vista en esta perspectiva, la estrategia de Putin para Ucrania ha sido coherente y lógica en todas sus etapas. En las protestas de la plaza Maidan (Independencia) de Kiev, Putin vio la posibilidad de que Ucrania trascendiera el autoritarismo corrupto poscomunista que su propio régimen encarna, y temió que el acercamiento de Ucrania a un modelo europeo de competencia económica y política agitara demandas similares en Rusia.

Para evitarlo, era preciso cortar de raíz la revolución ucraniana contra Yanukóvych, el inmensamente corrupto títere del Kremlin, y desprestigiarla ante los ojos del pueblo ruso. Que esos eran los objetivos de Putin quedó de manifiesto en el discurso que pronunció en marzo ante las élites políticas rusas, tras la anexión de Crimea.

Pero las acciones de Putin en Ucrania no solo han servido para someter a los demócratas rusos. Al concentrar su estrategia en la mayoría rusa de Crimea y declararse poseedor del derecho de “proteger” a los rusos étnicos en el extranjero, Putin sumó a su mito legitimador el papel de salvador de la nación, algo que puede ayudarlo a conservar el poder por tiempo indefinido.

El ascenso de Putin al poder, por cierto, se sustentó sobre otro mito: el del enérgico joven oficial de la KGB capaz de detener la desintegración de la Federación Rusa “liquidando” chechenos “en el retrete”, capaz de estabilizar la economía y usar la inmensa riqueza natural del país para fomentar su prosperidad. Pero de ese mito queda muy poco.

Putin sabe perfectamente lo que sucede cuando un mito rector se derrumba. La Unión Soviética se sostenía en la creencia de la población en el comunismo como camino hacia una sociedad justa. Cuando el mito se vino abajo, lo mismo le pasó a la Unión Soviética.

Desde el principio de su reinado en 2000, Putin está decidido a no cometer el mismo error. Con la ayuda de los medios de comunicación rusos, busca presentarse a sí mismo como el mesías de Rusia y convencer a los miembros de la etnia rusa, dondequiera que estén, de apoyar su liderazgo a perpetuidad. Y hasta ahora parece que lo está logrando: la anexión de Crimea obtuvo amplia aprobación en Rusia.

Pero la estrategia de Putin es sumamente arriesgada, sobre todo por el perturbador parecido que tiene con el llamado de unión lanzado por Hitler a todos los alemanes étnicos. Al poner la pertenencia étnica por encima de la ciudadanía, Putin está desafiando las bases del sistema internacional y provocando un rápido deterioro de las relaciones entre Rusia y Occidente.

Durante la Guerra Fría, la aceptación por ambas partes del concepto de “destrucción mutua asegurada” garantizó que las armas nucleares tuvieran un papel disuasor, lo que obró a favor de la estabilidad estratégica. Pero para Putin, la amenaza de un ataque nuclear es una táctica perfectamente lógica. Dada la debilidad relativa del ejército ruso en términos convencionales, el único modo que tiene Putin de afirmar su autoridad internacional es reclamar para sí total libertad de acción en el espacio post-soviético y amenazar a Occidente con iniciar una guerra nuclear limitada (que está seguro de poder ganar) en caso de que interfiera con sus ambiciones imperiales.

Esta estrategia le está rindiendo frutos. La respuesta inmediata de Estados Unidos y la Unión Europea a la anexión rusa de Crimea fue declarar “absolutamente excluida” una intervención militar, dado que Ucrania no es miembro de la OTAN.

Las relaciones internacionales nunca habían estado tan volátiles desde los últimos meses de vida de Iósif Stalin, cuando para restaurar su autoridad, este creó una estrategia basada en tres elementos: preparación para una tercera guerra mundial, liquidación de la jerarquía del Partido Comunista y antisemitismo genocida. Solo su muerte, en 1953, salvó a Rusia (y de hecho, al mundo entero) de que las cosas se dieran según sus planes.

¿Quién salvará al mundo de Putin?

Traducción: Esteban Flamini

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  1. Commentedj. von Hettlingen

    Mr. Andrei Piontkovsky says, Putin's "actions are guided by a single goal". It's "not the imperial ambition", but the desire to rule Russia "for as long as he lives". Although Mr. Piontkovsky believes that "Putin’s ambition is not the result of a pathological lust for power", but rather his "realistic concerns for his personal safety".
    Indeed, unlike the late Muammar Gaddafi or Bashar al-Assad, Putin doesn't have a whole tribe or clan behind him. His world is made up of a tiny, inner circle of advisors and people he can trust. His only means to stay in power is to win the hearts and minds of the Russian people.
    The Crimea annexation was a fluke for Putin. Most Russians rejoiced the return of the "crown jewel" and few worried about what the ramifications the Maidan-protests would have on Russia. The state-controlled media portray the political establishment in Kiev as "fascists" and it goes down well wirh the Russian public, who still haven't forgotten that ultra-nationalists in Ukraine fought with Hitler during World War II, killing 30,000 Russian soldiers and communists.
    In his speech, Putin reminded his people of what he had done: to re-shape a country that was perilously close to total collapse. Russia had defaulted on its debt. Basic infrastructure was collapsing. The country's most prized assets belonged to a handful of well-connected oligarchs. The once-mighty Russian army had lost a war in Chechnya. Boris Jelzin, a irascible drunkard was a laughing stock of the media.
    Since he took office, Putin vowed to restore stability, to end what he called the "revolutions", that had brought Russia low and regain Russia's place in the international community. For long-suffering patriotic Russians, he was their "Godsent", a man not only able to pay their pensions, but prepared to defend their homeland.
    His approval ratings have soared in recent months, thanks to Sochi and Crimea. His foreign polices have always been to maximise Russian power, and to defy Western attempts to rein Russia in. His fellow citizens are proud of their president. Although the sanctions imposed by the West don't bite Russia hard enough, Putin is pragmatic enough to realise that a political isolation could harm his country's long term interests. Instead of wondering: "Who will save the world from Putin"? One might ask: "Could the world change Putin"?

  2. CommentedOleg Silakov

    Та если он в каждый свой срок будет хоть по кусочку возвертать всё оторванное от России в 1991 г. - то и нехай правит до конца своих лет. А если ещё и оторванное в 1917 г. - то пущай правит и после своих лет!



  3. CommentedGerry Hofman

    The author seems to draw us to the conclusion that the only good Putin is a dead Putin. Surely there can be a more nuanced point of view?

      Commentedm r

      no, definitely NOT, if you are, as the author here surely is, a sort of paid "scholar" to write in the manner his minders require, regardless. Another one for the rubbish bin.

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