NUEVA YORK – Fueron pocos los norteamericanos que emitieron su voto en las recientes elecciones de mitad de mandato teniendo en cuenta la política exterior. Si bien esto puede ser difícil de entender para la gente en todo el mundo, dado el alcance global de Estados Unidos, es un hecho innegable.
La mayoría de los norteamericanos, después de todo, están preocupados por el crecimiento lento de la economía de Estados Unidos y el desempleo alto persistente. Los desafíos del mundo parecen muy alejados de su vida cotidiana. La Guerra Fría terminó hace una generación; los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 sucedieron ya hace casi diez años. La mayoría de los estadounidenses no sienten los sacrificios asociados con la gran presencia de tropas y los conflictos en curso en Afganistán e Irak.
Pero el hecho de que la política exterior no afectara materialmente las elecciones de noviembre no significa que los resultados no vayan a afectar la política exterior de Estados Unidos. Lo harán, pero de maneras inconsistentes y hasta sorprendentes.
Una relación que seguramente se verá influenciada por las victorias republicanas será aquella entre Estados Unidos y Rusia. Una aprobación rápida o fácil por parte del Senado del nuevo tratado de control de armas START es altamente improbable, dadas las preocupaciones manifiestas sobre la verificación y la protección de los programas de defensa misilística de Estados Unidos. Más bien, han de esperarse demoras y, posiblemente, intentos por enmendar lo que los dos gobiernos ya han acordado. El Congreso también puede mostrarse menos dispuesto a remover las trabas a la admisión de Rusia a la Organización Mundial de Comercio, en vista de lo que muchos consideran un comportamiento antidemocrático de sus líderes.
China, también, sentirá los resultados del nuevo equilibrio en el Congreso. La presión ya es cada vez mayor para que se introduzcan sanciones comerciales en respuesta a la negativa por parte de China a permitir que su moneda aumente a un nivel natural frente al dólar. Esta presión probablemente se incrementará, dados los temores sobre el comportamiento chino tanto en el país como en el exterior.
Es más, el Congreso se negará a reducir cualquier sanción económica de larga data contra Cuba. El presidente Barack Obama tiene la autoridad para tomar algunas medidas pequeñas por cuenta propia para normalizar vínculos, pero el cambio sustancial para la política estadounidense requiere que el Congreso actúe –pero, antes de hacerlo, el Congreso quiere ver un cambio fundamental en Cuba.
Habrá otras consecuencias producto de las elecciones. Si había alguna posibilidad mínima de que Estados Unidos respaldara algún plan global para limitar o gravar las emisiones de carbono, desapareció. Cualquier progreso en el desempeño estadounidense en materia de cambio climático tendrá que surgir de la innovación y de una mayor eficiencia energética.
Es posible imaginar que los republicanos, hoy en control de la Cámara de Representantes, exploten su capacidad para convocar audiencias para cuestionar y revisar la política exterior. Según cómo se utilice este poder (o se abuse de él), puede ser beneficioso (al ejercer una supervisión necesaria y aumentar la transparencia de la política y la manera de construirla) o destructivo (si, por ejemplo, las audiencias se degeneran y devienen ataques motivados políticamente contra funcionarios y políticas de la administración).
En muchas otras áreas, es de esperarse que la continuidad triunfe sobre la oportunidad. Esto no sorprende demasiado, ya que la Constitución y el sistema político de Estados Unidos delegan gran parte de la iniciativa en materia de política exterior y defensa en el presidente. Sí, es cierto, el Congreso debe declarar la guerra, aprobar el gasto, acordar los nombramientos de más alto nivel y (en el caso del Senado) ratificar los tratados, pero el presidente tiene una enorme libertad a la hora de llevar a cabo la diplomacia y utilizar la fuerza militar en situaciones que no sean de guerra, que tienden a ser la mayoría de las situaciones.
Un área de probable continuidad es Oriente Medio, donde Obama seguirá intentando sellar un acuerdo entre los israelíes y los palestinos y presionando a Irán para que no desarrolle armas nucleares. (Los republicanos, sin embargo, argumentarán a favor de ejercer menos presión sobre Israel para lograr un acuerdo y más presión sobre Irán). Pero Obama puede esperar un respaldo considerable de parte de los republicanos si quiere mantener una presencia militar modesta de Estados Unidos en Afganistán más allá del próximo julio, o una presencia militar modesta en Irak más allá del fin de 2011.
Sin embargo, abundan los interrogantes cuando se trata de la política económica exterior. Tres acuerdos comerciales concluidos (con Corea del Sur, Panamá y Colombia) han venido languideciendo durante años, principalmente por una profunda oposición al libre comercio por parte de los sindicatos y el Partido Demócrata. Los republicanos históricamente brindaron más apoyo a este tipo de acuerdos de libre comercio bilaterales.
Ahora bien, ¿la nueva generación de republicanos continuará con esta tradición? Es bastante probable que uno o más de estos acuerdos bilaterales sean aprobados (en parte porque la administración Obama finalmente parece haber reconocido que el comercio puede generar buenos empleos), pero es mucho menos factible que el presidente obtenga la autoridad necesaria para negociar un nuevo acuerdo comercial global.
Un signo de interrogación aún mayor tiene que ver con lo que podría ser la mayor preocupación de seguridad nacional de todas: el déficit del presupuesto federal. Si no se aborda el déficit (y la creciente deuda), aumentarán las presiones para reducir lo que Estados Unidos gasta en ayuda exterior, inteligencia y defensa –aunque los republicanos son mucho más proclives que los demócratas a proteger este tipo de gasto (excepto para la ayuda exterior).
La creciente deuda también torna a Estados Unidos vulnerable a las decisiones de quienes le prestan dinero –o a los caprichos del mercado-. Una crisis del dólar podría debilitar los cimientos del poder norteamericano. Pero para evitar una crisis de ese tipo es necesario que la Casa Blanca y el Congreso, los demócratas y los republicanos, concuerden en un plan para equilibrar el presupuesto estadounidense. Desafortunadamente, las elecciones hacen que un acuerdo semejante resulte más distante que nunca.


Comments (0)
You need to login in order to leave a comment. If you do not yet have an account, please register.
The two commenting options explained
Watch a 1 minute video
to discover how you can comment on the entire article or a specific paragraph. The two images below also explain the two ways of commenting.
1) Entire article comment
Once logged in, simply click inside the comment box where it says "Enter text here." Enter and post your comment.
2) Paragraph comment
Please log in first. Then click to the left of the desired paragraph. Your cursor will automatically move to the comments box. Enter and post your comment.