Tuesday, July 22, 2014
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La esquizofrénica economía de los Estados Unidos

Las noticias sobre la economía de los Estados Unidos que han ido conociéndose durante la primera mitad de marzo trazaban -una vez más- un cuadro que sólo podría ser obra de un esquizofrénico. La inversión real (la inversión ajustada a la bajada de los precios de los productos de tecnología avanzada y de bienes de capital relacionados con la información) siguió avanzando a buen ritmo. La producción y las ventas concordaban con el consenso previsto de un crecimiento real del PIB a un ritmo anual del 4 por ciento o más. Sin embargo, pese a ello, el empleo seguía estancado: la creación neta de puestos de trabajo en los Estados Unidos sigue parada.

Eso no quiere decir que no pueda aumentar el empleo en los Estados Unidos. Unos 300.000 americanos más que hace un año tienen un puesto de trabajo en la educación y en la atención sanitaria: tasa anual de aumento del empleo del 1,7 por ciento. Un cuarto de millón más de americanos que hace un año tiene un empleo en las empresas y los servicios profesionales: tasa anual de crecimiento del empleo de 1,6 por ciento. La lógica de un empleo estancado no es la de que sea imposible añadir puestos de trabajo a la economía americana, sino la de que el aumento de la demanda es insuficiente para crear más puestos de trabajo que los que se pierden.

Resulta fácil de demostrar. El gasto nominal total en los Estados Unidos aumenta un 5,5 por ciento al año. La inflación es de 1,5 por ciento al año y el aumento de la productividad global es de 3,5 por ciento al año. Así, pues, la ecuación es sencilla: 5,5 por ciento - 1,5 por ciento - 3,5 por ciento = 0,5 por ciento. Ese 0,5 por ciento es lo único que queda del aumento del empleo necesario para atender la demanda, dada la tasa extraordinariamente fuerte de aumento de la productividad.

Resulta claro de dónde procede el aumento de la productividad de los Estados Unidos. Una parte relativamente pequeña corresponde a una simple aceleración: en una economía en la que la cantidad de tiempo que tardan los desempleados en encontrar nuevos puestos de trabajo se acerca a la máxima de después de la segunda guerra mundial, las exigencias de acelerar el ritmo de trabajo recibirán la respuesta de "¡Sí, jefe!", en lugar de la de "¡Métete el puesto de trabajo donde te quepa!"

Una parte mayor de esa aumentada productividad se debe a las extraordinarias revoluciones tecnológicas en materia de computadoras y comunicaciones, que han propiciado aumentos espectaculares de la utilidad -y bajadas de los costos- del capital invertido en tecnología avanzada. El gran aumento de la riqueza aportado por la "nueva economía" está superando incluso los sueños más disparatados de sus propulsores más ávidos. Lo inesperado es que la nueva riqueza no está llegando a los accionistas de empresas "punto-com", sino a los compradores y usuarios de bienes de capital de tecnología avanzada y a los consumidores a los que aquéllos sirven.

Pero, ¿por qué parece eso tan sorprendente? Al final del siglo XIX, la gran cantidad de inversión y progreso tecnológico en los ferrocarriles de los Estados Unidos pareció beneficiar a todo el mundo, menos a los accionistas y titulares de bonos de las compañías de ferrocarriles, pues al auge siguió el descalabro y el de hacer tragar a los inversores acciones sin valor llegó a ser el deporte favorito de Wall Street.

Otra proporción del aumento de la productividad en los Estados Unidos se debe a que los bienes de capital de tecnología avanzada brindan a las empresas americanas incentivos enormes para hacer inversiones importantes, pero difíciles de ver -y más aún de calibrar-, en procesos empresariales y organizativos complementarios de la computerización y la conexión en red.

Que los Estados Unidos tengan una tasa de aumento de la productividad de 3,5 por ciento al año, en lugar de la de 1,2 por ciento anterior a 1995, resulta asombroso. Eso significa un aumento anual de la renta mundial de 250.000 millones de dólares sólo por ese concepto. Es el equivalente de añadir una capacidad productiva del tamaño de una cuarta parte de la economía de la India... y hacerlo todos los años.

Sin embargo, esa persistente aceleración del aumento de la productividad americana ha creado un enorme problema político al Presidente George W. Bush. El aumento de la demanda a un ritmo que en cualquier decenio anterior habría parecido sumamente satisfactorio resulta de pronto gravemente insuficiente y se está culpando a Bush (con cierta razón) del flojo mercado laboral resultante.

Pero para todo el mundo, excepto Bush -y los que sigan en el desempleo por la lentitud en la demanda- es una oportunidad extraordinaria. Para que los notables aumentos de la productividad que han estado al alcance de los Estados Unidos propicien en última instancia una aceleración del aumento de los beneficios y los salarios reales, bastará con que los encargados de la formulación de políticas de los Estados Unidos resisten simplemente la tentación de aplicar medidas políticamente convenientes, pero económicamente perjudiciales, de "protección" de la producción y del empleo.

Como economía que está en la vanguardia del mundo, los Estados Unidos han de afrontar la tarea más difícil para garantizar el crecimiento, pues deben crear -y no sólo copiar y adaptar- nuevas tecnologías, formas mejores de capital y organizaciones empresariales más productivas. Si los Estados Unidos pueden crecer tan rápidamente como ahora, constituirá una buena noticia para otras economías menos desarrolladas, en particular porque un efecto poderoso de las revoluciones tecnológicas en marcha en materia de computadoras y comunicaciones es el de hacer que resulte mucho más fácil la participación en la división mundial del trabajo, ahora centrada en los Estados Unidos.

Así, pues, la esquizofrénica economía americana es una señal de que el mundo está entrando en una era económica de auténticas maravillas... siempre que las comprendamos adecuada y pacientemente.

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