Tuesday, July 29, 2014
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Realismo sobre el renminbi

NUEVA YORK - Durante siete años, Estados Unidos ha permitido que la fijación de su tipo de cambio con el renminbi desvíe la atención de asuntos mucho más importantes en su relación económica con China. El próximo Diálogo Estratégico y Económico entre EE.UU. y China será una excelente oportunidad para examinar -y reconsiderar- las prioridades estadounidenses.

Desde 2005, el Congreso de EE.UU. ha coqueteado una y otra vez con leyes tendientes a defender a los trabajadores estadounidenses en apuros de la presunta amenaza de una moneda china barata. El apoyo bipartidista para este tipo de medidas se demostró cuando los senadores Charles Schumer (demócrata liberal de Nueva York) y Lindsey Graham (republicano conservador de Carolina del Sur), presentaron el primer proyecto de ley sobre la moneda china.

El argumento a favor de la acción legislativa es tentadoramente simple: el déficit comercial de mercancías de EE.UU. ha promediado un récord del 4,4% del PIB desde 2005 y China representa un 35% del mismo, supuestamente debido a su manipulación de la moneda. Los chinos deben revaluar o enfrentar sanciones, insiste una amplia coalición de políticos, empresarios, académicos y economistas,

Este razonamiento resuena bien con los votantes de EE.UU. Las encuestas de opinión realizadas en 2011 mostraron que un 61% de los estadounidenses creen que China representa una amenaza económica seria. Así las cosas, el debate sobre la moneda se perfila como un tema importante de la próxima campaña presidencial. "Basta ya", respondió el presidente Barack Obama cuando se les preguntó sobre el renminbi tras su último encuentro con el presidente chino, Hu Jintao. Mitt Romney, el presunto rival republicano de Obama, se ha comprometido a declarar a China culpable de manipulación de la moneda el día en que asuma el cargo.

Sin embargo con todo lo atractiva que esta lógica pueda ser, está equivocada. En primer lugar, el déficit comercial de Estados Unidos es multilateral: el país lo registró con 88 naciones en 2010. No es posible solucionar los desequilibrios multilaterales -especialmente los atribuibles a un déficit en el ahorro- aplicando presión sobre el tipo de cambio bilateral. De hecho, la principal amenaza de Estados Unidos es interna. Echarle la culpa a China simplemente impide el gran esfuerzo ​​que se debe hacer en casa, es decir, aumentar el ahorro mediante la reducción de los déficits presupuestarios y alentar a las familias a ahorrar ingresos en lugar de depender de las burbujas de bienes.

En segundo lugar, el renminbi se ha apreciado un 31,4% frente al dólar desde mediados de 2005, muy por encima del aumento del 27,5% reclamado por el proyecto Schumer-Graham original. Teniendo en cuenta las lecciones de Japón, especialmente su desastrosa concesión de una fuerte apreciación del yen en el Acuerdo del Plaza de 1985, los chinos han optado en cambio por una revaluación gradual. Las medidas recientes hacia la internacionalización del renminbi, una cuenta de capitales más abierta y la ampliación de las bandas de intercambio de divisas dejan pocas dudas de que el objetivo final es una moneda totalmente convertible y regida por las reglas del mercado.

Tercero, ha habido una mejora significativa en el desequilibrio exterior de China. El Fondo Monetario Internacional estima que el superávit de cuenta corriente chino bajará hasta llegar a apenas el 2,3% del PIB en 2012, tras alcanzar un máximo del 10,1% en 2007. Los funcionarios estadounidenses suelen plantear que el exceso de ahorro de China es un factor importante de la inestabilidad global. Pero tendrían que mirarse en el espejo: es probable que el déficit de cuenta corriente de Estados Unidos para este año, estimado en $510 mil millones, sea 2,8 veces más alto que el superávit chino.

Por último, China ha pasado de ser la fábrica del mundo a su línea de montaje. Los estudios demuestran que no más del 20% al 30% de las exportaciones chinas a EE.UU. reflejan valor añadido dentro de China. Aproximadamente el 60% de las exportaciones chinas representan envíos de "empresas con inversión extranjera", es decir, las filiales chinas de las multinacionales globales. Piénsese en Apple. Las plataformas de producción globalizadas distorsionan los datos de comercio bilateral entre EE.UU. y China, y tienen poco que ver con el tipo de cambio.

En vez de denigrar a China como la principal amenaza económica a Estados Unidos, la relación se debería replantear como una oportunidad. El mayor componente de la demanda agregada estadounidense -los consumidores- está congelado. En los últimos cuatro años el consumo privado ha crecido un anémico promedio anual del 0,5%, ajustado a la inflación, puesto que las familias han estado centradas en arreglar sus dañados balances. Es probable que en los próximos años persista el desapalancamiento de los consumidores, haciendo que EE.UU.  necesite cada vez más con mayor urgencia encontrar nuevas fuentes de crecimiento.

Aumentar las exportaciones encabeza la lista de posibilidades. Hoy China es su tercer mayor mercado y el que más rápido crece. No puede haber ninguna duda de su potencial para llenar parte del vacío dejado por los consumidores estadounidenses.

La clave para hacer realidad esa oportunidad es el acceso a los mercados chinos, algo tanto más significativo a la luz del próximo reequilibrio de China a favor del consumo. Históricamente, China ha tenido un modelo de desarrollo abierto en que las importaciones han llegado a representar un 28% del PIB desde 2002, casi triplicando el 10% de Japón durante su época de alto crecimiento (1960-1989). Como resultado, para un determinado incremento de la demanda interna, China está mucho más predispuesta a satisfacerla con bienes y servicios del extranjero.

A medida que el consumidor chino vaya emergiendo, puede irse elevando drásticamente la demanda de una amplia variedad de productos de fabricación estadounidense, desde dispositivos de última generación de tecnología de información y biotecnología a componentes de automoción y aeronaves. Lo mismo en el caso del sector servicios que, con tan solo el 43% del PIB, es relativamente pequeño en China. Esto representa un margen de expansión enorme para las compañías globales de servicios de Estados Unidos, especialmente en los sectores de distribución con alta cantidad de transacciones -comercio mayorista y minorista, transporte nacional y logística de cadenas de suministro-, así como en los segmentos de procesamiento en los sectores de las finanzas, la atención de la salud  y el almacenamiento de datos.

EE.UU. tiene que reorientar las prioridades comerciales entre ambas naciones hacia un mayor acceso al mercado en estas y otras áreas, intentando hacer retroceder las políticas y prácticas de contratación pública chinas que favorezcan la producción nacional y la innovación interna. Se han producido algunos avances, pero se necesitan más; por ejemplo, sumar a China al Acuerdo sobre Contratación Pública de la Organización Mundial del Comercio. Al mismo tiempo, EE.UU. debería reconsiderar las anticuadas restricciones de la Guerra Fría a las compras chinas de productos con componentes de alta tecnología.

Para un EE.UU. tan necesitado de crecimiento, las oportunidades de acceso a este enorme mercado son muy superiores a la amenaza del tipo de cambio. El consumidor chino, largo tiempo dormido, está a punto de despertar. Esto juega a favor de uno de los puntos más fuertes de Estados Unidos: su destreza al competir en nuevos mercados. Sería una vergüenza si desperdicia esta extraordinaria oportunidad al obstinarse en el próximo Diálogo Estratégico y Económico.

Traducido del inglés por David Meléndez Tormen

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  1. CommentedProcyon Mukherjee

    Paul Jefferson has actually given the answer, but at the very end. Renminbi appreciation does not help the American business partners who source cheap goods into U.S. which is equivalent of importing labor and exporting capital goods, which the Chinese buy. It would actually benefit the Chinese a little bit if the Renminbi appreciates.

    The CCER study showed that 44 percent of the Chinese trade surplus was contributed by U.S. companies operating in China, and 20 percent by other foreign companies there.

    CCR study showed that if we take iPhone, a personal electronic device designed by the U.S. Apple Inc. as an example. The product, assembled in China, alone accounted for 1.9 billion dollars of China's trade surplus with the United States in 2009.

    CCER study showed that most of China's trade with the U.S. is compensation trade, which may account for 60 percent of the total (bilateral) trade. The yuan's appreciation may somewhat increase China's trade surplus, contrary to the common sense.

    It means China can import raw materials and equipment at relatively low prices.

    Even if China is forced to give up exporting some of its products once the yuan appreciates, the United States will still have to buy those products, which it usually does not manufacture, from other countries -- which neither helps bring down its trade deficit nor create jobs.

    According to a CCER model co-developed with a U.S. institution, if the yuan appreciates by 5 percent against the dollar, the U.S. employment rate will rise by only 0.03 percent; even if the yuan appreciates by 20 percent, it only helps to raise U.S. employment by 0.16 percent.

    The effects of the yuan's appreciation on stimulating consumption are even smaller. According to the model, U.S. consumption will be up a mere 0.02 percent, given a 5-percent appreciation of the Chinese currency against the dollar.

    Meanwhile, the model showed that the increase in the yuan's value is unlikely to affect the U.S. gross domestic product (GDP) much -- if the yuan rises by 5 percent, the U.S. GDP would go up 0.02 percent, while China's GDP would contract 0.56 percent.

    We could do some sensitivities with the modeling, but the truth will not be any far. If renminbi appreciates significantly, the Chinese foreign exchange reserves at $3 Trillion poses a significant challenge to both the nations, it could be either way a situation to make new adjustments.

    Procyon Mukherjee

  2. CommentedPaul Jefferson

    The Chinese yuan has actually appreciated by about 3.6% per year for the past two years, according to this chart:

    http://www.google.com/finance?q=cnyusd

    But if the yuan had instead been allowed to float freely, how much more would it have appreciated? Would the appreciation have been greater by a factor of 10, or 20?

    Why is the Chinese dictatorship afraid to find out? Are they afraid because they themselves know that the yuan is significantly undervalued? Probably.

  3. CommentedPaul Jefferson

    There must be some advantage for China in keeping its currency low. Otherwise, China's leaders would not be so stubbornly persistent in depressing the value of the yuan.

    Obviously, China's artificially low currency gives them a price advantage in international trade. This allows them to penetrate and dominate foreign markets.

    Conversely, the low yuan is an obstacle for any USA-based manufacturer who wants to sell to China. USA-made goods are typically too expensive, partly because China's currency is held at an artificially low level.

    Similarly, the low yuan has made China's labor costs so cheap that American workers cannot compete. Consequently, many are unemployed or underemployed. Yet the author believes these financially stressed individuals can be persuaded to save more. How?

    The advantage of a low currency is clear: China enjoys an 8% growth rate, versus a quarter of that in the USA. And China's dictators want a low yuan to help them retain their grip on power, by keeping Chinese workers employed, thereby avoiding economic discontent.

    Clearly, China has strong motivation to depress the yuan's value, which is why they still do it. The 31% appreciation the author referred to is not recent. In fact, the yuan has been held in a tight range for the past several years.

    Anyway, why would the author consider 31% to be sufficient? Is this number based on purchasing power parity? Or on an interim target set by a USA politician long ago? Why not just allow the currency to float freely, and let the market decide?

    Other excuses offered by the author for China are equally suspect. He states that "the endgame is a market-based, fully convertible renminbi". However, what we are actually witnessing indicates that China's real endgame is to dominate the world economy. They intend to become the new imperial, dictatorial master of the world.

    The author also states that "China has had an open development model, with imports running at 28% of GDP". But what did those imports consist of? Oil? Raw natural resources? From where? If this is such a significant statistic, then the author should break out the components to reveal the true story.

    Finally, the author advises that "the US should reconsider antiquated Cold War restrictions on Chinese purchases of technology-intensive items." In other words, the USA should concede defeat, and surrender their last major technology advantage. After all, the US cannot defeat North Korea, because China will not allow any meddling with their puppet. And the US cannot prevent China from stealing US technology and selling it to Iran. Resistance is futile, the author seems to say, so let's just surrender now.

    This is not to imply that the USA should base its economy on weapons technology. But sadly, that is one of the few remaining areas of competitive advantage left. This is after years of assault on the USA economy by nations such as China, who have manipulated their currencies for their advantage, at America's expense.

    But the real threat to the USA is not China! Instead, it is wealthy Americans whose loyalty is not to their own country, but to themselves and to trans national corporations. China's unfair cost advantage only makes these individuals and corporations richer. And if America collapses, they can afford to move to Singapore or Shanghai.

    Who can we trust to save America and the world from centuries of domination by the fascist dictatorship that is China? Not the 1% protesters, whose goals are vague, and whose strategies are ineffectual. Not Obama, who has squandered every opportunity to resist currency manipulators such as China. And not Romney, who is beholden to the ultra rich.

    Sadly, without competent leaders, lacking sufficient political will, and mostly blind to the danger, America – and it's industrialized peers – seem destined to succumb.

      CommentedLawrence Fassio

      In response to Paul Jefferson's claim about the increase in the value of the Chinese yuan, my computation of its increase over the past two years, from the chart whose link he supplied, is a 0.3% increase, or slightly more than 0.1% per year

      CommentedPaul Jefferson

      The Chinese yuan has actually appreciated by about 3.6% per year for the past two years, according to this chart:

      http://www.google.com/finance?q=cnyusd

      But if the yuan had instead been allowed to float freely, how much more would it have appreciated? Would the appreciation have been greater by a factor of 10, or 20?

      Why is the Chinese dictatorship afraid to find out? Are they afraid because they themselves know that the yuan is significantly undervalued? Probably.

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