CAMBRIDGE – El 4 de noviembre, los estadounidenses elegirán a su 44° presidente en medio del peor desorden financiero que ha atravesado el país desde el principio de la Gran Depresión en 1929. Ambos candidatos son senadores con poca experiencia en labores ejecutivas, de manera que su capacidad para manejar la crisis se ha convertido en un tema central de las elecciones.
Al principio de la campaña, muchos observadores predijeron que Iraq sería la cuestión más importante en 2008. En cambio, lo es la crisis financiera. En principio esto debería favorecer a Barack Obama y los demócratas, porque las encuestas muestran que son más fuertes en temas económicos, mientras que los republicanos y John McCain se desempeñan mejor en cuestiones de seguridad. Después de la convención republicana, las encuestas daban la ventaja a McCain a principios de septiembre, pero tras la debacle financiera, Obama tomó la delantera.
Si bien ambos candidatos han aceptado con cautela el rescate de 700 mil millones de dólares del sector financiero, los contrastes entre los dos son marcados. Obama no sólo es el primer candidato afroamericano de un partido principal, sino también uno de los más jóvenes que ha habido jamás. McCain tiene experiencia como aviador naval y más de dos décadas en el senado. Si resulta electo, sería el presidente entrante más viejo.
Los dos hombres tienen diferencias de temperamento y de experiencia. McCain es una persona con valores tradicionales firmes que se enorgullece de estar dispuesto a actuar con rapidez y decisión, cosa que intentó hacer durante las negociaciones del rescate cuando suspendió su campaña y regresó a Washington. Ese esfuerzo parece haber sido contraproducente, porque los republicanos que él encabeza se mostraron reacios a aprobar la legislación.
Pero McCain ha demostrado ser resistente. En 2007, muchas personas dieron por muerta su campaña, pero él tuvo la habilidad para resucitarla y lograr la nominación republicana. Su elección de la gobernadora de Alaska, Sarah Palin, como compañera de fórmula sacudió la campaña presidencial.
Obama, si bien es un orador que inspira, ha mostrado una conducta serena y calmada al responder tanto a la crisis financiera como a las turbulencias de las campañas políticas. Cuando se vio en una situación comprometida por los comentarios que hizo el pastor de su iglesia, pronunció un discurso excepcional sobre la raza en Estados Unidos. Si acaso, algunos de los seguidores demócratas de Obama desearían que mostrara más emociones al responder a las críticas.
No obstante, no hay que darle demasiada importancia a las encuestas nacionales que miden el apoyo popular a los candidatos. Los presidentes estadounidenses son electos por un colegio electoral en el que cada estado vota en proporción al número de miembros que tiene en el Congreso. Puesto que incluso los estados más pequeños tienen dos senadores, hay una sobrerrepresentación de los estados con poca población del oeste del país, que tienden a votar por los republicanos.
En 2000, Al Gore ganó el voto popular, pero George W. Bush triunfó en el colegio electoral. Por ello, las campañas de ambos candidatos se están enfocando en gran medida en alrededor de doce estados donde los electores están muy divididos y que podrían cambiar el resultado del colegio electoral. Cada campaña está intentando desesperadamente medir el impacto de la crisis financiera en esos estados.
A causa del colegio electoral, no sólo se hacen confusas las predicciones basadas en las encuestas nacionales, sino que también existe la posibilidad de que haya una sorpresa que dé lugar a un cambio de último minuto. Un error en un debate presidencial puede modificar las tendencias de la opinión pública de la noche a la mañana, como le sucedió al presidente Gerald Ford en su debate con Jimmy Carter en 1976. A la inversa, frecuentemente se atribuye la victoria de Ronald Reagan a la actuación que tuvo en su debate con Carter en 1980.
Otro acontecimiento que podría cambiar la situación sería una “sorpresa en octubre” relacionada con el terrorismo, que podría desplazar la agenda de la crisis financiera a la seguridad, el punto más fuerte de los republicanos. En 2004, poco antes de las elecciones, Osama bin Laden divulgó un video que pudo haber contribuido a que el presidente Bush derrotara al senador John Kerry. Desde el punto de vista de Bin Laden, las políticas de Bush eran más útiles para sus esfuerzos de reclutar seguidores de lo que habrían sido las de Kerry. Podría suponerse que Obama resultaría aún más preocupante para bin Laden.
Una encuesta reciente que realizó la BBC en 22 países muestra que si el mundo pudiera votar, Obama ganaría abrumadoramente. El margen a favor de Obama varió entre el 82% en Kenya (donde nació el padre de Obama) y el 9% en India. Pero a los estadounidenses no les agrada la interferencia extranjera en sus elecciones. Cuando Obama reunió a una multitud de 200,000 personas para escuchar un discurso que pronunció en Berlín este verano, los republicanos lo criticaron afirmando que es un elitista que atrae a los extranjeros pero no a los obreros en su país.
Por otra parte, en una encuesta realizada en septiembre donde se pedía a los estadounidenses que clasificaran una serie de objetivos de política exterior para el próximo presidente, el 83% dio la mayor importancia a “mejorar la reputación de Estados Unidos en el mundo”. Y ciertamente la elección del primer presidente afroamericano haría milagros para restablecer el poder blando que la administración Bush desperdició en los últimos ocho años.
A algunos les preocupa que Obama podría ser bueno para el poder blando de Estados Unidos pero no para su poder duro. Una célebre cita de Maquiavelo dice que para un príncipe es más importante ser temido que ser amado. Tal vez Maquiavelo tenga razón, pero a veces olvidamos que lo opuesto del amor no es el temor sino el odio. Y Maquiavelo explicó con claridad que el odio es algo que un príncipe debe evitar cuidadosamente.
Cuando el ejercicio del poder duro debilita el poder suave, el liderazgo se hace más difícil –como lo descubrió Bush después de la invasión de Iraq. Tanto McCain como Obama poseen impresionantes habilidades políticas y organizativas del poder duro; de otra forma no estarían donde están actualmente. Pero cuando se trata de las habilidades del poder suave como la inteligencia emocional, la visión y la comunicación, Obama supera a McCain. Queda por ver si el 4 de noviembre eso influye en los electores estadounidenses recelosos del desorden financiero.


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