Friday, October 24, 2014
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żLa futura democracia social de los Estados Unidos?

Casi todos los países desarrollados del mundo se consideran y son democracias sociales: economías mixtas con gobiernos muy grandes que cumplen una amplia gama de funciones de bienestar y seguridad social y que sacan del mercado porciones importantes de la distribución de la riqueza y los bienes básicos. Los Estados Unidos son algo diferente. żO en verdad lo son? Sin importar lo que hayan sido en el pasado, los Estados Unidos tendrán que escoger en el futuro si serán, y qué tanto, una democracia social.

Erase una vez, al menos según la mitología, que los Estados Unidos tenían muy poca movilidad descendente. Por el contrario, antes de la Guerra Civil, uno podía empezar poniendo rieles, irse a los territorios del Oeste, tener éxito en la frontera y terminar como presidente –si su nombre era Abraham Lincoln. En la generación posterior a la Segunda Guerra Mundial se podía conseguir un trabajo de obrero sindicalizado en el sector manufacturero o trepar a la cima de las burocracias de cuello blanco que ofrecían seguridad laboral, salarios relativamente altos y carreras estables y largas.

Esto siempre fue mitad mito. Irse a los territorios del Oeste era caro. Las carretas cubiertas no eran baratas. Incluso en la primera generación posterior a la Segunda Guerra Mundial, sólo una minoría de los estadounidenses –una minoría predominantemente blanca y de sexo masculino—obtuvo empleos estables y bien remunerados en compańías manufactureras grandes intensivas en capital y con sindicatos como GM, GE o AT&T.

Pero si esta historia era mitad mito, también era mitad cierta, sobre todo en los ańos que siguieron a la Segunda Guerra Mundial. Independientemente en gran medida de la educación o la familia, aquellos estadounidenses que valoraban la estabilidad y la seguridad podían alcanzarla mediante empleos con "futuro". Incluso para quienes no eran tan afortunados, los riesgos económicos solían ser bastante bajos: la tasa de desempleo entre hombres casados durante la década de 1960 fue en promedio de 2.7% y encontrar un nuevo empleo era una cuestión relativamente sencilla. En esta época –más o menos de 1948 a 1973—fue cuando los sociólogos descubrieron que los estadounidenses se definían a sí mismos ya no como clase trabajadora sino como clase media.

El periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial es un punto de referencia en la memoria colectiva de los Estados Unidos, pero con toda probabilidad fue una aberración. Durante las primeras décadas de la posguerra, la competencia del exterior prácticamente no ejercía presión alguna sobre la economía, debido al aislamiento del mercado continental de los Estados Unidos de la devastación de la Segunda Guerra Mundial. Al mismo tiempo, la guerra dejó una enorme demanda contenida de bienes de producción masiva: autos, lavadoras, refrigeradores, podadoras de césped, televisores y más.

La política del gobierno inició entonces con un programa militar permanente de gasto e investigación y siguió con un programa de obras públicas masivas y de suburbanización apuntalado por el Programa Federal de Autopistas y con créditos para casas subsidiados por la Administración Federal de Vivienda. Las instituciones reguladoras y las normas de conducta que se originaron en el New Deal y que se desarrollaron durante la Segunda Guerra Mundial cobraron plena vigencia: la seguridad social, un sistema de relaciones laborales sindicalizadas, la regulación del mercado.

Las circunstancias macroeconómicas favorables, la ausencia de competencia del exterior, un sistema de apoyo y reglamentación gubernamental y una dotación privada a gran escala de lo que en Europa habría sido seguridad social pública se combinaron para dar a los Estados Unidos de la posguerra muchos de los beneficios de la democracia social sin los costos. La economía no se tambaleó bajo el peso de amplias prestaciones o de impuestos elevados. Los estadounidenses –al menos los estadounidenses blancos de sexo masculino—no tuvieron que preocuparse por optar entre la seguridad y las oportunidades, porque los Estados Unidos ofrecían las ventajas de ambas. El capitalismo de bienestar corporativo sustituyó lo que en Europa habría sido democracia social suministrada por el gobierno.

Así, los Estados Unidos estaban en una situación especial. Lo tenían todo: una combinación de seguridad con oportunidades y espíritu empresarial. Parecía que ese era el orden natural de las cosas. Por lo tanto, no había mucha presión a favor de una democracia social patrocinada por el gobierno. żPara qué molestarse? żQué agregaría?

Ahora las cosas son muy distintas. El patrón típico en los Estados Unidos ya no es General Motors sino Wal-Mart. Las empresas privadas les dan a sus empleados cada vez menos pensiones de prestaciones definidas, seguros médico y otras formas de aseguración en contra de los riesgos económicos de la vida.

El abrupto aumento de la desigualdad en el ingreso ha subido las apuestas en el juego económico. No se puede esperar que un gobierno que no puede equilibrar sus propias finanzas ofrezca estabilidad macroeconómica. En efecto, el ex Presidente de la Reserva Federal de los EU, Paul Volcker, considera que el país es tan vulnerable en lo macroeconómico que hay un 75% de probabilidades de que en los próximos ańos se dé una crisis severa del dólar.

En la próxima generación habrá una enorme movilidad descendente para muchos estadounidenses. Las luchas políticas que eso genere habrán de determinar si los Estados Unidos se acercan a la norma socialdemócrata de los países desarrollados o si hallan otra forma de aceptar y racionalizar su existencia como país de alto riesgo económico con profundas divisiones en ingresos y riqueza.

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