Friday, October 24, 2014
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Después de la época de oro de las finanzas

LONDRES – Incluso después de la aprobación de nuevas regulaciones financieras en los Estados Unidos, la Ley Dodd-Franck  y de la publicación de los nuevos requisitos de capital del Comité de Basilea, las perspectivas del sector financiero para los próximos años siguen siendo muy inciertas. Los precios de las acciones bancarias han tenido una cierta recuperación luego de la caída de 2008, por supuesto, sin embargo, ese repunte recientemente se debilitó. Muy independientemente de sus preocupaciones sobre la solidez de la recuperación de la economía, los inversionistas no están seguros de los modelos de negocios de muchas firmas financieras, y del tamaño, forma y rentabilidad futuros del sector financiero en general. 

Después de todo, los bancos siguen siendo altamente impopulares en todos los países desarrollados. Los banqueros continúan siendo parias sociales, despreciados por el público igual que los que comercian droga o los periodistas. Si pierden dinero se les insulta, y si lo ganan se les ataca. Para los bancos y sus accionistas parece un caso de lanzar la moneda al aire, en el que con cara ganan y con cruz perdemos. Así pues, mientras los bancos vuelven a tener ganancias, los políticos en América del Norte y en Europa han empezado a hablar de nuevos impuestos que van a recortar esas ganancias en beneficio de los contribuyentes, cuyo apoyo mantuvo a los bancos activos en el punto álgido de la crisis.

Este es un enorme contraste con la situación del sector financiero en las tres décadas previas. Desde finales de los años setenta hasta 2007, el sector financiero creció mucho más rápido que la economía real. En 1980, los activos financieros –acciones, bonos y depósitos bancarios- sumaban en conjunto alrededor del 100% del PIB en las economías avanzadas. En 2007, la cifra era superior al 400% en los Estados Unidos, en el Reino Unido y en Japón.

Durante este periodo, el crédito se expandió rápidamente como proporción del PIB, alcanzando más del 300% en su apogeo. En el Reino Unido, las ganancias de los intermediarios financieros, que habían tenido un promedio de 1.5% del total de los rendimientos de la economía en los años setenta, alcanzó 15% en 2008. En los Estados Unidos, las ganancias de los bancos representaron una proporción aún mayor del total.

Esta fue la época de oro de las finanzas. Los salarios de los banqueros se dispararon junto con los rendimientos –en efecto, los primeros crecieron aún más rápidamente. Parafraseando a William Wordsworth, la felicidad era estar vivo y ver ese amanecer; ser un corredor de derivados era el verdadero paraíso. Sin embargo, la expansión se interrumpió violentamente en 2008, el primer año en décadas en el que los activos financieros agregados cayeron; y aún hay pocos indicios de una de recuperación sostenida.

¿Es éste un fenómeno de corto plazo? ¿Regresará el sector financiero a las tasas de crecimiento previas a la crisis cuando la situación económica estaba completamente estabilizada? ¿Continuará la intensificación de los servicios financieros? ¿Acaso las acciones bancarias tendrán un mejor desempeño que el mercado?

En un estudio reciente realizado por Andy Haldane y otros del Banco de Inglaterra pone en duda la posibilidad de un retorno al status quo ante. Observaron que la época de oro fue de hecho un periodo atípico si se mira los dos últimos siglos de la historia económica.

Haldane basa su análisis en las tendencias del Valor Añadido Bruto (GVA, por sus siglas en inglés) del sector financiero. En los últimos 160 años, el GVA financiero ha crecido en dos puntos porcentuales por año más rápido que el de la economía en conjunto. Sin embargo, este crecimiento excesivo no ha sido distribuido uniformemente. Durante las dos décadas anteriores a la Primera Guerra Mundial, el sector financiero creció casi cuatro veces más rápido que la economía, en la primera ola de la intensificación financiera y la globalización, pero desde 1918 hasta los años setenta, las finanzas se expandieron menos rápido que el crecimiento económico promedio.

Sólo hasta que se desregularon y liberalizaron los mercados desde principios de los años setenta en adelante las finanzas empezaron a avanzar. En los Estados Unidos, el GVA del sector financiero era solamente del 2% del total en los años cincuenta, sin embargo, actualmente es del 8%.

Haldane piensa que esta explosión de crecimiento ha terminado definitivamente. Argumenta que mucho del crecimiento aparente en el valor añadido de hecho ha sido ilusorio, basado en un apalancamiento aumentado, comercio excesivo y bancos que ofrecen opciones sin valor intrínseco (out of the money options) – por ejemplo, swaps de impago de crédito (un mercado con valor de 60 billones de dólares en 2007). “Lo que todas estas estrategias tenían en común” escribe Haldane, “es que en ellas participaban bancos que asumían riesgos en la búsqueda de rendimientos- riesgo que a menudo estaba encubierto porque estaba hasta el final de la distribución de los rendimientos”.

Desde el punto de vista del regulador, este es un argumento poderoso para exigir más capital a fin de limitar el riesgo que los bancos pueden tomar. En efecto, el Comité de Basilea tiene pensado exigir más capital en el futuro, aunque los nuevos requisitos se retrasarán debido a las preocupaciones sobre el costo y disponibilidad de crédito para sostener la recuperación.

Con estos antecedentes, es difícil creer que pronto regresaremos al crecimiento vertiginoso de los activos financieros, el crédito y el riesgo que vimos desde los años setenta hasta 2007. Es probable que los dividendos del sector financiero sean más bajos. Los objetivos de dividendos de capital del 20% son cosa del pasado. Además, una menor rentabilidad reducirá los salarios de manera más efectiva que cualquier control reglamentario directo.

Para gran parte de nosotros, a menos que mantengamos excesivas acciones financieras, puede ser que esta no sea una mala perspectiva. No queremos crear otra burbuja de precios de los activos de la magnitud de la que estalló en 2007-2008. Sin embargo, existe riesgo para los reguladores y los bancos centrales. Si limitan excesivamente el sector financiero, el riesgo puede migrar fuera de las fronteras de la regulación, en donde será más difícil medirlo y darle seguimiento.

Por ello es importante mantener algo de flexibilidad para permitir que instituciones que actualmente no están reguladas como los fondos de cobertura y los fondos de capital privado queden incluidas en la red de regulación si se hacen grandes e importantes sistémicamente. Entre más estrictos sean los controles del riesgo de los bancos, mayores mecanismos de vigilancia necesitarán las instancias de regulación.

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