NUEVA YORK – Se ha vuelto popular sugerir que, cuando se asiente el polvo de la crisis financiera global, puede quedar en evidencia que el mundo de posguerra liderado por Estados Unidos ha llegado a su fin. Si es así, el sistema global que ha asegurado paz, seguridad, apertura y crecimiento económico a lo largo de las últimas seis décadas podría estar en serio peligro.
Inspirada por el liderazgo estadounidense posterior al término de la Segunda Guerra Mundial, Europa, después Japón, y después gran parte de Asia y el mundo alcanzaron nuevos niveles de prosperidad, la economía mundial se globalizó sobre las bases de las instituciones, normas y estándares internacionales, y los estudiantes extranjeros educados en las universidades estadounidenses volvieron a casa con nuevas ideas acerca de los mercados libres, el espíritu de emprendimiento y la democracia. El paraguas protector del ejército estadounidense llevó paz a grandes áreas del mundo, facilitándoles el centrarse en el crecimiento económico y la integración regional.
Estados Unidos no sólo tomó la iniciativa de la construcción de las instituciones de un mundo que se globalizaba –las Naciones Unidas, el Banco Mundial, el FMI, la OTAN-, sino que también se convirtió en el modelo en que muchos otros países buscaron encontrar inspiración.
Tras ocho años de liderazgo estadounidense en entredicho, una guerra inútil en Irak, no haber encabezado los esfuerzos globales para abordar el cambio climático, las escandalosas revelaciones de Abu Ghraib, la Bahía de Guantánamo, una deuda de 10 billones de dólares y haber causado una crisis financiera global, el modelo de Estados Unidos, que un día brillara, ha perdido gran parte de su atractivo y muchos han cuestionado su liderazgo.
El punto se trató en el 7º Encuentro Asia Europa (ASEM, por sus siglas en inglés) en Beijing este otoño, donde los líderes europeos y asiáticos comenzaron a explorar ideas para una nueva estructura financiera global. A lo largo de gran parte de los últimos 60 años habría sido imposible sostener un diálogo así de fundamental sin la participación estadounidense. Hoy se está volviendo casi una norma global para la que no están preparados ni el comité internacional ni los Estados Unidos.
A pesar de todo lo que se habla sobre el declive estadounidense, el mundo no está preparado para una era post-americana. Con todo lo irritantes que puedan haber sido algunas de las acciones de Estados Unidos, especialmente a lo largo de los últimos ocho años, Estados Unidos sigue siendo el adalid mundial más importante de los valores progresistas que han sacado a cientos de millones de personas de una pobreza abyecta y de la represión política. Si fuera a desempeñar un papel relativamente más pequeño en los asuntos mundiales y no se creara ningún otro sistema para ocupar el espacio que dejara tras de sí, estos valores estarán en peligro
Aunque muchos estados se esconden ahora tras un supuesto principio universal de soberanía estatal inviolable, por ejemplo, ¿realmente querría la comunidad internacional retroceder al viejo modelo en que los estados hacían lo que les placía a sus ciudadanos dentro de los confines de sus fronteras? ¿Creen los países del mundo que estarán mejor si el sistema comercial global se desmembra o si las rutas comerciales internacionales se vuelven menos seguras?
¿Están dispuestos países como China a dar un paso adelante y pagar una cuota justa para mantener el funcionamiento de la ONU (China paga en la actualidad una cuota del 2,1%, en comparación con más del 25% que paga EE.UU.) o aportar capital a las instituciones financieras internacionales en pleno proceso de reforma, o al Fondo Global de Lucha contra el SIDA, la Tuberculosis y la Malaria de una manera que resulte significativa? A menos que otros países estén dispuestos a hacer más por el bien común, un mundo post-estadounidense se convertiría rápidamente en un ambiente más peligroso que el que reemplazaría.
Sin embargo, para convencer acerca de la necesidad de seguir desempeñando un papel de liderazgo global, Estados Unidos debe entrar al ruedo. Si bien el tipo de acción individualista de la administración Bush se ha visto desacreditada por sus propias consecuencias, todavía se están aprendiendo las lecciones inversas acerca de lo importante que es actuar en colaboración en el mundo interconectado de hoy en día.
Incluso en el ápice del poder estadounidense, su grandeza siempre se ha basado en inspirar a los demás, y las oportunidades de crecer en esa categoría específica siguen siendo ilimitadas. Es imposible subestimar la importancia de la elección de Barack Obama en esta dirección, pero las acciones de Estados Unidos en los próximos años serán la gran determinante de si es posible recuperar el poder del modelo estadounidense.
Por ejemplo, Estados Unidos puede y debe convertirse en el líder global que combata el cambio climático a través de importantes inversiones en energías alternativas, conservación y uso eficaz de la energía, y adopte potentes medidas dentro de su propio territorio para reducir sus emisiones de gases de invernadero. Debería transformar su política migratoria para atraer a las personas mejor capacitadas del mundo y convertirlas en ciudadanos estadounidenses, además de seguir siendo el gran promotor de los mercados abiertos, especialmente durante la actual crisis financiera.
Cerrar la prisión de Guantánamo y reafirmar el compromiso de Estados Unidos con las leyes internaciones y los derechos humanos será también un paso importante en esta dirección. El mundo quiere creer en unos Estados Unidos que estén a la altura de sus mejores valores.
La perspectiva de una comunidad de naciones verdaderamente global que trabaje en conjunto para lograr el mayor bien común es, de hecho, estimulante. Sin embargo, aunque Estados Unidos ha estado lejos de ser perfecto en las últimas seis décadas, el fin de la pax Americana tiene el potencial de crear un peligroso vacío en los asuntos internacionales.
Si el mundo ha de cambiar en dirección a un sistema nuevo y más globalmente democrático, otras naciones tendrán que dar pasos significativos para asumir nuevas responsabilidades. Por el bien de Estados Unidos y del mundo, más vale que así lo hagan. Las evidencias de esto se verán no sólo en instituciones globales, sino también en lugares como Darfur, Zimbabue y Birmania. Hasta que así sea, esperemos todos que Estados Unidos pueda volver a ser el campeón global de las iniciativas de colaboración para enfrentar los mayores retos mundiales y trabajar con tantos otros países como sea posible para avanzar en conjunto en la dirección correcta.


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