Se necesita una amenaza al suministro de petróleo para que los líderes mundiales dirijan su atención a Africa. Generalmente olvidado en los periplos de los estadistas, el continente recibió hace poco visitas del presidente de los EU, George Bush, del presidente de China, Hu Jintao, del de Brasil, Lula Da Silva, del canciller alemán Gerhard Schroeder y de muchos otros líderes mundiales. Los comentarios que hicieron en público trataron sobre el desarrollo, los esfuerzos para dar fin a las diversas guerras africanas y a la lucha contra el VIH/SIDA, pero todos tenían el petróleo en mente.
Hay una fiebre del petróleo en el continente, porque la seguridad nacional de todos los países desarrollados depende de un flujo continuo del hidrocarburo, y el Africa subsahariana tiene el 8% de las reservas probadas mundiales. En 2002, la producción fue de 2.1 millones de barriles diarios en Nigeria, 900,000 en Angola, 283,000 en Congo Brazzaville, 265,000 en Guinea Ecuatorial, 247,000 en Gabón, 227,000 en Sudán, 75,000 en Camerún, 28,000 en Sudáfrica, 25,000 en la República Democrática del Congo y 11,000 en Costa de Marfil.
Nada más los EU importan 1.5 millones de barriles diarios del Africa occidental, cantidad igual a la que importan de Arabia Saudita. De acuerdo con el Departamento de Energía de los EU, en esta década las importaciones estadounidenses de petróleo provenientes de Africa llegarán a los 770 millones de barriles al año, a medida que la exploración se intensifique en el Golfo de Guinea, y que los EU ayuden a negociar la paz en países productores de petróleo destrozados por la guerra, como Sudán y Angola, y establezcan bases estratégicas para proteger la producción. Como resultado, los productores de petróleo del Africa occidental ganarán aproximadamente 200 mil millones de dólares en la próxima década, más de 10 veces la cantidad que los países occidentales dedican cada año a la "industria de la asistencia" en la región.
¿Por qué, entonces, no lo celebran los africanos? Porque están muy conscientes de la "maldición del petróleo" -corrupción, conflictos, desastres ecológicos y un espíritu empresarial anestesiado. En Nigeria, se calcula que entraron a las arcas del gobierno alrededor de 300 mil millones de dólares por concepto exportación de petróleo en los últimos 25 años, pero el ingreso per cápita sigue siendo de menos de un dólar diario por la sencilla razón de que gran parte del dinero acaba en cuentas bancarias en Suiza, como la del fallecido dictador Sani Abacha.
En Angola, British Petroleum reveló que tuvo que pagar 111 millones de dólares como "prima de firma" al gobierno. Por escandaloso que sea, estas cantidades son una bicoca comparadas con los 4.5 mil millones de dólares de ingresos petroleros que supuestamente han sido sacados de las arcas gubernamentales africanas en la última década.
Pero los sobornos y los robos no son los únicos problemas. El famoso oleoducto entre Chad y Camerún provocó contaminación del agua, devastó los territorios de caza de los pigmeos, destruyó cosechas y propagó el SIDA -tal vez como resultado inevitable de que trabajadores sin educación laboraran a miles de kilómetros de sus hogares con un ejército de prostitutas que los seguían. Las ganancias estimadas anuales para compañías petroleras como Chevron, Exxon y Petronas, y para prestamistas como el Banco Mundial y el Banco Europeo de Inversiones son de 4.7 mil millones de dólares. A Chad le tocarán apenas 62 millones y a Camerún sólo 18.6 millones.
Así, los petrodólares exacerban la pobreza en el Africa subsahariana, no la remedian. Sólo la transparencia y la rendición de cuentas podrán revertir esa tendencia. Este fue el objetivo que fijó la Iniciativa para la Transparencia de la Industria de la Extracción (ITIE), que solicitaba la publicación obligatoria de los pagos hechos por las compañías petroleras transnacionales a los gobiernos. Desafortunadamente, dado que las compañías y los políticos africanos tenían muchas razones para no querer la transparencia, los planes de la ITIE quedaron sin efecto al decidirse que no fueran obligatorios.
¿Qué lecciones podemos extraer de este lamentable estado de cosas? Una se refiere a los defensores de quienes sufren esta explotación tan obvia. Quienes se rebelaron contra estas injusticias no fueron africanos, sino miembros de organizaciones occidentales como la ITIE, la organización de ayuda estadounidense Catholic Relief Services (CRS), y Global Witness. Los intelectuales, los artistas y los activistas por los derechos civiles africanos no sintieron la necesidad de expresar su solidaridad con sus coterráneos ni de defender los derechos de los oprimidos. La sociedad civil africana parece estar atrapada en la indiferencia y la inercia.
Otra lección tiene que ver con el fracaso del liderazgo político africano. Se acostumbra vincular los fracasos de Africa con la esclavitud y la colonización, y nadie puede negar esas afirmaciones. Pero eso no exonera a los "reyezuelos" de Africa, quienes entregaron a sus súbditos a los esclavistas. Recientemente, una congregación de líderes eclesiásticos africanos se reunió en la isla senegalesa de Gorée e instó a su gente a evaluar la parte de responsabilidad que les correspondía en el comercio de esclavos. El llamado no fue atendido.
Eso es una lástima, porque ese era el momento para revelar los defectos de la mayoría de los líderes africanos a lo largo de nuestra tormentosa historia. La capacidad constante de esos líderes para traicionar a sus pueblos es la causa de la miseria actual del continente. Su incompetencia y su imprudencia son lo que tiene convencida a gran parte del mundo de que los africanos no saben hace otra cosa que bailar, masacrarse mutuamente y mendigar. El acceso fácil a las riquezas petroleras lo único que logra es que su cínica frivolidad continúe.
Si la riqueza petrolera de Africa se va a explotar -y sí se va a explotar-es del interés de los países importadores promover mejores gobiernos en el continente. Después de todo, el Occidente está pagando hoy en día un precio muy alto por haber permitido que la gente común del Medio Oriente viviera durante tanto tiempo en la miseria desesperanzadora mientras sus gobernantes se revolcaban en la riqueza proveniente del petróleo. Nadie, y mucho menos los africanos depauperados, se puede dar el lujo de repetir ese error.


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