Thursday, July 24, 2014
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La democracia en peligro de África

NUEVA YORK – En las elecciones presidenciales del Senegal, que se celebrarán el 26 de febrero, está en juego el futuro de una de las democracias más antiguas de África. El Presidente saliente, Abdoulaye Wade, antes destacado defensor de la democracia, ha pasado a ser, cuando cuenta casi noventa años de edad, su sepulturero.

Desde que tomó posesión de su cargo en 2000, Wade ha estado trasteando peligrosamente con la Constitución del Senegal. De los quince cambios que Wade hizo en la Constitución, diez de ellos debilitaron la democracia; los otros fueron erráticos, si no estrambóticos. Por ejemplo, en determinado momento Wade abolió el Senado, pero lo reinstauró después de comprender que se podía utilizar para recompensar a aliados políticos. Asimismo, redujo la duración del mandato presidencia de siete años a cinco, pero después restableció los siete años.

En febrero de 2007, Wade fue reelegido Presidente del Senegal entre acusaciones de la oposición de que la elección no había sido libre y justa. A consecuencia de ello, la oposición boicoteó las elecciones parlamentarias de junio de 2007. Fue un error, porque el boicot brindó a Wade el control absoluto de la legislatura, además de la capacidad para nombrar sin trabas a los jueces del Tribunal Constitucional.

En el pasado mes de junio, Wade intentó lo que habría equivalido a un golpe constitucional. La encuesta de opinión creíble y más reciente en el Senegal, hecha el año anterior, había indicado que Wade obtendría solo el 27 por ciento del voto en las próximas elecciones presidenciales. Dada la disposición constitucional vigente sobre la celebración de una segunda vuelta, si ningún candidato obtiene el 50 por ciento y si los partidos de la oposición se unieran tras un candidato común, Wade perdería casi con toda seguridad.

Al comprenderlo, Wade intentó hacer que la Asamblea Nacional modificara la Constitución a su favor una vez más. Cualquier candidato que obtuviera la mayoría relativa y al menos el 25 por ciento del voto popular en la primera vuelta obtendría la presidencia. No seria necesaria una segunda vuelta.

Gracias a unas manifestaciones en masa, en las que participaron muchos artistas populares, Wade dio marcha atrás. Ahora no puede abolir una segunda vuelta de las elecciones presidenciales, pero está intentando recurrir a otros trucos. Sus partidarios han distribuidos encuestas falsas en las que se indica que ganaría en la primera vuelta con el 53 por ciento de los votos, prueba evidente de que el clan de Wade no concibe otra posibilidad que la de una victoria en la primera vuelta.

Al final de enero, el Tribunal Constitucional amañado por Wade determinó que podía presentarse para un tercer mandato, pese a que la Constitución sólo permite dos. Además, la resolución excluyó al cantante y compositor Youssou N’Dour, mundialmente famoso, de presentar su candidatura contra él.

Como se esperaba, estallaron protestas generalizadas y cinco personas murieron en los choques con la policía. Los partidos de la oposición y grupos de la sociedad civil denunciaron ese golpe constitucional y adoptaron el lema “Wade dégage!” (“¡Fuera Wade!”), que recordaba al de “Ben Ali dégage!” (“¡Fuera Ben Ali!”) del año pasado en Túnez. Algunos dirigentes religiosos sufíes han pedido también que Wade dimita.

Durante la semana siguiente, la oposición examinó la posibilidad de llevar a cabo protestas en masa para impedir las elecciones. Sin embargo, el resultado de dichas protestas habría sido una mayor violencia y la violencia podría haber acabado con la democracia enteramente.

De hecho, si el Senegal fuera como la América Latina de los decenios de 1960 y 1970, probablemente el ejército habría tomado ya el poder con el disfraz de salvador del orden público. Por fortuna, el Senegal, como la India, es uno de los pocos países nacidos después de la segunda guerra mundial que nunca ha tenido un golpe de Estado militar.

La estrategia más eficaz –y democrática– de la oposición habría sido la de unirse tras un candidato común para presentarse contra Wade hace seis meses, cuando comenzó la campaña, del mismo modo que los dos partidos mayores de la oposición de Chile consiguieron unirse y derrotar al general Augusto Pinochet en el plebiscito de 1988. Técnicamente, sigue siendo una opción, pero ha llegado a ser una posibilidad improbable, en vista del tiempo y la voluntad que harían falta.

Pero aún se puede salvar la democracia senegalesa. Si los partidos de la oposición cumplen su promesa de unirse tras el candidato de la oposición que reciba más votos en la primera vuelta, lo más probable es que Wade pierda en la segunda vuelta.

Además, las posibilidades de la oposición de beneficiarse de unas elecciones libres y justas aumentarán, gracias a una mayor observación externa de las elecciones que en 2007, en las que no estuvieron presentes observadores internacionales. De hecho, un importante equipo de observadores de elecciones de la Unión Europea está ya en el terreno, pero será necesaria una atención en masa de los medios de comunicación internacionales, además de la vigilancia de los ciudadanos senegaleses, para evitar que se amañen las votaciones y que haya violencia.

Francia y los Estados Unidos son los dos países extranjeros más influyentes en el Senegal. Después de la decisión del Tribunal Constitucional de permitir a Wade presentar su candidatura para un tercer mandato, el Departamento de Estado de los Estados Unidos dijo que “lo propio de un estadista sería dejar paso a la siguiente generación”. El ministro de Asuntos Exteriores de Francia, Alain Juppé, hizo una declaración pública similar unos días después, lo que resultó ser una sorpresa, dada la notoria renuencia de Francia a romper las relaciones con los presidentes de África, incluidos los autócratas.

Si la oposición derrota a Wade, las instituciones democráticas más decisivas del Senegal podrían resultar revitalizadas. La oposición participaría en las elecciones generales de junio de 2012 y casi con toda seguridad las ganaría y todos los candidatos de la oposición han acordado que, sea cual fuere el que de ellos gane las elecciones presidenciales, se debe modificar la constitución superpresidencial del país.

Con el tiempo, con un legislativo fortalecido y una presidencia más limitada, también el Tribunal Constitucional empezaría a cambiar. En ese caso, se invertiría el deslizamiento del Senegal hacia el autoritarismo y se redimiría su patrimonio democrático.

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