DAKAR – La recesión económica mundial y los temblores en los mercados financieros han puesto presión sobre los presupuestos en toda África. Con la excepción de Ghana y unos cuantos otros estados, en 2009 la mayoría de los balances fiscales africanos sufrieron un deterioro. Sin embargo, gracias al manejo prudente de las finanzas públicas durante los periodos de sólido crecimiento anteriores, un número importante de países africanos han soportado la crisis actual en mejores condiciones fiscales que durante crisis anteriores.
En 2009, el crecimiento general del PGB en África fue en promedio 1,6%, lo que representa una baja con respecto al 5,7% del periodo 2002-2008, pero crecimiento al fin y al cabo. Más aún, varios países africanos siguieron implementando reformas de largo plazo para mejorar sus clima de negocios e inversiones, a pesar de los inmensos retos planteados por la crisis. Ahora que el comercio internacional y la producción industrial global están mejorando, las economías del sub-Sáhara parecen bien posicionadas para emprender un crecimiento más sólido, a medida que la demanda y los precios del petróleo y otros minerales se recupera y la actividad económica global retoma su ritmo.
Por supuesto, existen numerosos riesgos -malas condiciones climáticas, conflictos militares y agitación política- que todavía pueden socavar los beneficios, logrados con tanto esfuerzo, de este historial social y económico. Pero el desequilibrio estructural más difícil de abordar en África es la naturaleza dicotómica de sus economías y finanzas. Francamente, están emergiendo dos Áfricas: una economía moderna y otra basada en el dinero en efectivo.
A lo largo del continente, casi todos los gobiernos alaban -algunos sinceramente, otros no- la modernización económica como piedra angular de la prosperidad y vara según la cual medir su eficacia. Muchos se jactan de lo moderna que es la infraestructura financiera de sus países, que se sustenta en un amplio conjunto de sistemas legales, normativos, contables, de informe crediticios y pagos y liquidaciones.
Los sistemas de pago nacionales operan productos y servicios de pagos electrónicos. Un sistema de transferencia de fondos interbancarios de alto valor liquida transacciones en tiempo real, elimina el riesgo crediticio entre participantes del sistema, aumenta la circulación de fondos y mejora la implementación de políticas monetarias. Los bancos pueden controlar sus posiciones en tiempo real y así tomar decisiones de inversión rentables.
Hasta ahora, sólo unas cuantas instituciones financieras registradas, principalmente filiales de bancos comerciales occidentales, tienen acceso a estos sistemas de pagos. Las instituciones no bancarias, como oficinas de cambio de monedas, oficinas postales y organizaciones de micro-crédito, tienen vedado el paso, incluso si demuestran solidez y sostenibilidad financiera.
Los efectos del secuestro de los sistemas de pagos nacionales por parte de los bancos para prestar servicios sólo a la economía moderna se agravan por los contratos de exclusividad que los bancos y compañías de transferencia de dinero como Western Union han firmado con la mayoría de los países africanos. Estos acuerdos excluyen a las entidades no bancarias del altamente lucrativo mercado de las remesas de los emigrados de la diáspora africana, que sigue siendo un factor clave para el crecimiento.
No obstante, la rápida urbanización que se vive en toda África ha dado origen a un dinámico sector informal desconectado de la economía moderna. Aunque las autoridades africanas tienden a marginarla, esta economía del efectivo representa un importante aporte a la capacidad productiva del continente. Emplea a más de un 90% de la fuerza de trabajo y comprende a un 75% de los negocios minoristas. Pero, a pesar del papel fundamental que juega el sector informal, no tiene acceso a préstamos bancarios convencionales. Las instituciones de micro-financiación proporcionan las únicas líneas de crédito abiertas a los operadores informales.
El modelo de negocios del microcrédito se basa en préstamos que son garantizados por el grupo. Esto se traduce en una red de solidaridad y un mecanismo de apoyo que reduce el riesgo crediticio y estimula la disciplina en los pagos. El repago de créditos en las instituciones de micro-financiación bien administradas es de cerca del 95%. Todos los estudios realizados en este ámbito han revelado además que las mujeres no sólo son los emprendedores más activos del sector informal, sino que cumplen sus compromisos de manera más rápida.
Los estados africanos deben reconocer ahora que modernizar sus sectores informales mediante su integración a la economía moderna puede ser una importante herramienta para el desarrollo. No obstante, sólo unos cuantos países han comenzado a avanzar en esa dirección. Nigeria ha optado por no firmar contratos de exclusividad con Western Union y otras compañías y su industria bancaria, recién consolidada, está incursionando de manera importante en la región.
Ruanda también ha implementado normativas que eliminan los contratos de exclusividad, abriendo puertas para que las instituciones de micro-financiación se conviertan en proveedores de servicios de pago. El Banco de Reserva Sudafricano creó una plataforma especial dentro de su sistema nacional de pagos para instituciones no bancarias y de micro-financiación. En Malawi, los participantes no bancarios, incluidos otros proveedores de servicios, tienen acceso al sistema nacional de pagos.
Dar acceso a las instituciones de micro-financiación a sistemas de pago nacionales y regionales y formas electrónicas de pago por parte del consumidor final representará un importante avance para satisfacer las necesidades del sector comercial y minorista en términos de facilidades bancarias. También ayudará a facilitar el acceso de los más pobres a los servicios financieros, contribuyendo así a reducir la alta proporción de la población que no cuenta con servicios bancarios.
Todo esto impulsará de manera inevitable el desarrollo y la integración de los servicios financieros nacionales y el comercio intrarregional. Este será un avance muy bienvenido, ya que gran parte del comercio intrarregional se realiza a través de operadores informales y empresas pequeñas y medias que no tienen acceso al sistema bancario. Más aún, la integración económica y el comercio intrarregional son el mejor punto de entrada a los mercados globales para todos los países.
Cuando se trata de analizar los males de África, ya es un hábito hablar largamente del traumático pasado del continente. Pero vincular los problemas de la era colonial con la disposición de los gobernantes africanos a gastar fortunas en equipar a sus países con modernos sistemas de liquidación de pagos y luego proceder a excluir a sus ciudadanos de su uso es forzar demasiado la imaginación.
Abraham Lincoln dijo una vez que una casa dividida no puede mantenerse en pie. Esto tiene un corolario económico: una casa con una economía dividida no puede prosperar.


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