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Un toque de atención para el BCE

El Presidente de la Reserva Federal, Ben Bernanke, se ha dejado llevar por los mercados mundiales de valores para aplicar una enorme reducción de tres cuartos de punto los tipos de interés justo una semana antes de que se celebre la reunión ordinaria del Comité de las Operaciones para Mercado Abierto, encargado de la adopción de decisiones, de la Reserva Federal. El Presidente del Banco Central Europeo, Jean-Claude Trichet, nunca permitiría que algo así le ocurriera al BCE: él es quien maneja los mercados y no los mercados a él.

La verdad es que, con la economía americana en caída libre, como parece, Trichet está amenazando a los sindicatos de la zona del euro con subidas preventivas de los tipos de interés, a no ser que se comporten como considera adecuado.

Esas amenazas pueden resultar contraproducentes para el logro de la estabilidad de los precios en la economía de la zona del euro, objetivo primordial del Banco Central.

Por ejemplo, para que esas amenazas de subida de los tipos de interés resulten creíbles en plena desaceleración económica mundial, el Presidente del BCE está aprovechando sus conferencias de prensa para decir al mundo lo fuerte que es el crecimiento económico europeo.

Además de estar reñida con la realidad, la afirmación del fuerte crecimiento alienta en realidad a los sindicatos a pedir salarios aún mayores. ¿Y por qué no habrían de hacerlo, si la situación es tan buena como afirma Trichet?

Además, Trichet se dificulta aún más su propia tarea al exagerar la amenaza inflacionista de Europa. Su colega del Consejo de Gobernadores del BCE, el Presidente del Bundesbank Axel Weber, parece haber recibido el mensaje de que cuanto más exageren los funcionarios del BCE los miedos inflacionistas más pedirán los sindicatos. Por eso, recientemente moderó su retórica al advertir que no se debían dramatizar exageradamente las presiones inflacionistas.

¡Nada más cierto! La realidad económica esencial que afronta el BCE en la actualidad es la de que la economía americana está cayendo de cabeza en una grave recesión: la reducción de tipos por sorpresa de Bernanke habla por sí sola al respecto. Pensar que la economía mundial, incluida Europa, se librará de sus consecuencias es negar la lógica económica.

Cuando el crecimiento europeo se aminore, también lo harán las presiones inflacionistas. Así, pues, Trichet debería serenarse, dejar de amenazar a los demás y dejar que la desaceleración económica haga el trabajo por él.

Incluso con una situación problemática en materia de salarios y precios en Europa, la desaceleración mundial reducirá los precios de la energía, los bienes de consumo y los alimentos en los mercados mundiales, factores todos ellos a los que se deben en gran medida los elevados niveles actuales de inflación en Europa. El precio del crudo ya ha bajado en gran medida respecto de sus altos niveles al comienzo de este año.

Pero la desaceleración en marcha no es la única razón por la que la amenaza de una espiral precios-salarios en Europa es exagerada. Alemania va a afrontar una decisiva negociación sobre los salarios con los sindicatos del sector público. Aun cuando los sindicatos consigan importantes aumentos de salarios, cosa bastante probable y totalmente justificada, dada su moderación en el pasado, tendrá un efecto insignificante en la estabilidad de los precios.

Un aumento en los costos salariales del sector público significa un aumento del gasto estatal en salarios. Si se lo financia con reducciones en otras partidas presupuestarias, la consecuencia principal será simplemente una redistribución del gasto estatal, cosa que no necesariamente es inflacionista.

Tampoco es inflacionista que se financien los aumentos de salarios mediante un aumento de los impuestos. Sólo si el superávit presupuestario se reduce, habrá repercusiones inflacionistas y no se deberían a una espiral de precios y salarios, sino a un aumento de la demanda estatal neta, cosa que no sería negativa, en realidad, para una economía que afronta una desaceleración potencialmente pronunciada.

Conviene recordar que en los Estados Unidos la necesidad de un estímulo fiscal surgió, al parecer, inesperadamente. Lo mismo puede suceder en Europa, en particular dada la negativa del BCE a reducir los tipos de interés.

Un acuerdo decoroso con los trabajadores del sector público podría brindar a Alemania un estímulo fiscal subrepticio justo en el momento adecuado… cuando la demanda global flaquea.

El verdadero problema que plantea un acuerdo salarial generoso con los sindicatos del sector público es el de que los sindicatos del sector privado podrían aprovecharlo para obtener más de lo que sus aumentos de productividad justifican. También este año habrá negociaciones con los trabajadores de los sectores metalúrgico y químico y los dirigentes sindicales se están expresando contundentemente al respecto. Berthold Huber, jefe del enorme sindicato metalúrgico IG Metall de Alemania, prometió recientemente a sus bases “un gran año” para aumentos de salarios.

Pero la desaceleración mundial, que quita mordiente a la amenaza de huelga, mantendrá a raya a los trabajadores del sector privado, por mucho que levanten la voz sus dirigentes. Todo el mundo, incluidos los sindicalistas belicosos, suele volverse más razonable cuando la economía va hacia abajo.

En lugar de animar a los sindicatos con afirmaciones exageradas sobre el fuerte crecimiento europeo y su exceso inflacionista –y faltarles al respeto con amenazas e intervenciones– lo que debería hacer Trichet es bajar la voz y dejar que las cosas sigan su curso natural.

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