El asesinato del Presidente del Consejo de Gobierno de Irak ha dejado muy claro que los EU han fracasado en crear el ambiente mínimo de calma y respeto a la ley que se necesita para que se pueda dar una transferencia ordenada del poder el 30 de junio. Hace apenas dos meses, la firma de un documento constitucional por parte de un grupo de funcionarios iraquíes no electos se proclamó como si fuera una repetición de la convención constituyente de Filadelfia de 1787.
Pero ya es evidente que no es más que un pedazo de papel sin valor alguno. Una constitución impuesta, por elegante que pueda ser, no resultará muy útil para las fuerzas de la coalición cuando se enfrenten al tipo de caos que vemos en localidades como Fallujah o Najjaf.
Sin embargo, la situación en la región kurda del norte de Irak es totalmente distinta: a lo largo de los últimos diez años, bajo la protección de la zona de exclusión de vuelos de los aliados, y aún más desde la caída de Saddam, el gobierno regional kurdo ha logrado establecer y mantener una administración relativamente ordenada. Ha superado las diferencias tribales y de partidos y ha creado un gobierno funcional de facto con un desempeño impresionante en cuestiones de desarrollo como la educación, la irrigación y la construcción -y, sobre todo, sin violencia.
Frente a la debacle en el resto de Irak (la zona árabe), hay que preguntar por qué la coalición no habría de celebrar un referéndum en la región kurda para que la población responda cómo quiere ser gobernada. Después de todo, los kurdos tienen, bajo cualquier criterio internacionalmente aceptado, el derecho a la autodeterminación.
Históricamente, los kurdos -distintos de los árabes en idioma, cultura y conciencia histórica-nunca han tenido una oportunidad. Después de la Primera Guerra Mundial y la caída del Imperio Otomano, los aliados les prometieron un Estado propio -promesa que se rompió cínicamente cuando los intereses imperialistas británicos y franceses tomaron precedencia. Desde entonces los kurdos han sufrido bajo el dominio despótico de grupos étnicos rivales.
Existen obstáculos evidentes a la realización de dicho referéndum, sobre todo porque los EU no tienen un mandato para disponer de Irak a su antojo. Pero lo mismo vale para el resto de Irak: los EU están solicitando sin mucha convicción una resolución de la ONU que ordene la transferencia del poder a un gobierno iraquí legítimo -pero tal autorización es muy poco probable, además de que no hay nadie a quien se le pueda transferir la autoridad. ¿Por qué se tiene que penalizar a una región -y un pueblo-que tienen un gobierno ordenado, que no están involucrados en asesinatos, ataques contra mezquitas y atentados suicidas contra niños en escuelas?
Otro impedimento es la oposición de Turquía -y en menor grado de Irán y Siria-a conceder la autodeterminación a los kurdos iraquíes. Pero si se piensa en términos de las normas universales de derechos humanos, ¿qué derecho tiene Turquía de dictar el desarrollo interno de otro país? Después de todo, nadie acepta que Israel se oponga por principio al establecimiento de un Estado palestino en Gaza y Cisjordania.
Lo mismo se debería aplicar en el caso de Turquía. Si Turquía le otorga a su propia minoría kurda más derechos culturales y lingüísticos y permite que esté representada en el parlamento, la disposición de los kurdos turcos de oponerse a Ankara disminuirá. En el siglo XIX, los intereses conjuntos de los imperios autoritarios ruso, alemán y austriaco impidieron el establecimiento de una Polonia libre: tales alianzas espurias no tienen cabida en el siglo XXI.
Hace poco, bajo el patrocinio de la ONU, se llevó a cabo un referéndum sobre el futuro de Chipre entre las comunidades griega y turca de la isla. El resultado fue paradójico y no resultó del agrado de quienes lo propusieron. Pero se aceptó el derecho de las comunidades a decidir su futuro. ¿Por qué no en el Kurdistán iraquí?
Quizá para aplacar los temores políticos -y por consideraciones de derecho internacional-cualquier plebiscito en la región kurda debería tener inicialmente un carácter meramente consultivo. Pero dará una expresión legítima a la voluntad de un pueblo que ha estado oprimido durante tanto tiempo y que merece un lugar propio.
Tal referéndum también podría concentrar las mentes entre los árabes sunnitas y los chiítas de Irak cuando se den cuenta de que su violencia es la que está desmantelando al país. Tal vez decidan que la violencia es contraproducente y que conlleva sus propios castigos y sigan el ejemplo kurdo de ponerle freno, lo que contribuiría a unir de nuevo a Irak sin tener que recurrir a la represión permanente. Si no, al menos se rectificarían, por fin, las injusticias que el pueblo kurdo ha sufrido durante generaciones.


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