Thursday, October 23, 2014
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¿Una metamorfosis japonesa?

OSAKA – La arrolladora victoria obtenida ayer en las elecciones generales por el Partido Democrático del Japón (PDJ) acabó con el sistema dominado por un solo partido que el Partido Liberal Democrático (PLD), compuesto por multitud de tendencias diversas, ha controlado casi sin interrupción desde 1955. Durante gran parte del último decenio, no se consideró al PDJ una opción substitutiva viable del PLD, aunque parecían formar un seudosistema bipartidista. Veinte años después del fin de la Guerra Fría, el Japón va a tener por fin un sistema de gobierno posterior a la guerra fría.

Incluso ahora el público japonés sigue sin estar del todo convencido de la capacidad del PDJ para gobernar y se muestra escéptico ante sus prometedores programas de redistribución de la riqueza, que carecen de una financiación sólida. Además, el público sabe perfectamente que el PDJ está ideológicamente fragmentado y carece de una política exterior y de seguridad coherente y pragmática.

Aun así, el PDJ constituirá el próximo gobierno gracias a la indignación pública con el PLD. Durante los cuatro últimos años, el PLD ha demostrado ser totalmente indiferente a las cuestiones fundamentales que causaban preocupación al público: pensiones, desempleo y la deshilachada red de seguridad social. Además, el PLD se ha visto afectado por una sarta de escándalos menores y constantes torpezas. Que el PLD haya habido de nombrar a tres primeros ministros diferentes en el lapso de poco más de un año ha mostrado con claridad que el núcleo de poder del partido estaba deshecho.

Una vez en el poder, el PLJ tendrá que afrontar inmediatamente la enorme burocracia y a los mandarines atrincherados en sus puestos y que suelen sabotear todos los intentos de reforma administrativa que amenazan su poder e interesados creados. De hecho, inmediatamente después de las elecciones, se tiene que hacer el proyecto de presupuesto para el próximo año fiscal. Las cifras que se presentarán son el resultado de un largo proceso, en el que la burocracia consultaba estrechamente al PLD. De modo que, sin alterar el ciclo presupuestario normal, el PDJ no sólo se verá obligado a aplicar el presupuesto complementario preparado por el PLD, sino que, además, tampoco podrá librarse del presupuesto para el año próximo, que comprende políticas del PLD denunciadas por el PDJ.

A consecuencia de ello, el PDJ ha anunciado su intención de revocar las directrices del PLD sobre un tope de gasto en el proyecto de presupuesto para poder formular su propio presupuesto enteramente. También revisará el presupuesto complementario, pero se dispone de poco tiempo y pocos de los nuevos legisladores del PDJ cuentan con experiencia legislativa y sólidos conocimientos presupuestarios para lograrlo.

Para poder controlar a los mandarines, el PLJ se propone situar a 100 legisladores en la dirección de los ministerios, además de asignar tres docenas de cargos de libre designación al personal encargado de la formulación de políticas en la oficina del Primer Ministro. Lamentablemente, el PDJ desbarató un proyecto de reforma de la función pública patrocinado por el PLD, que le habría permitido substituir a los mandarines por un ejército de cargos de libre designación. Pese a su declaración pública, el PDJ no parece dispuesto a doblegar a los mandarines, por lo que puede que se vea obligado a contar con ellos.

La ascendencia de los mandarines es un legado del particularísimo desarrollo histórico del Japón, que se remonta a los primeros tiempos de la era moderna. A diferencia de Europa, el Japón desarrolló su Estado antes de construir una sociedad civil fuerte. De hecho, la construcción de una “sociedad” plenamente madura no comenzó hasta después de la Restauración Meiji de 1868, que inclinó definitivamente la balanza del poder a favor del Estado. A consecuencia de ello, los mandarines sobrevivieron relativamente incólumes a la segunda guerra mundial y la ocupación americana y se esforzarán por sobrevivir también al gobierno del PDJ.

Lo más probable es que lo consigan. Los legisladores del PLD y los mandarines crearon un procedimiento habitual mediante el cual los mandarines formulaban los proyectos de ley patrocinados por el Gobierno, los legisladores del PLD los revisaban y los dos juntos les daban forma final antes de que se presentaran en la Dieta (Parlamento). Como últimamente el PLD controlaba la Dieta –en los últimos años junto con un socio de coalición–, el proceso legislativo consistía simplemente en la acción recíproca entre los legisladores del PLD y los mandarines, centrada en la sede del PLD. El papel de la Dieta era puramente formal. De hecho, conforme al sistema dominado por un solo partido y encabezado por el PLD, ese mecanismo extraconstitucional llegó a ser una parte integrante del sistema de gobierno del Japón.

El gobierno del PDJ chocará frontalmente con los mandarines, en parte porque le resultará difícil reclutar a legisladores suficientemente competentes. Los mandarines han mantenido su posición privilegiada a ese respecto, gracias en parte al sistema fiscal, que impide la aparición de instituciones sin ánimo de lucro –en particular, los centros de estudios– en las que se puede formar a expertos políticos independientes. Además, tal vez para anticiparse a un cambio en el poder, los mandarines han adelantado los cambios anuales de personal en los cargos administrativos directivos de los ministerios.

¿Y qué decir del PLD? Tras haber perdido el poder, perderá el control de la redistribución de los fondos estatales. Al no poder compensar a sus grupos de votantes, la desintegración se perfila en el horizonte, pues el PLD nunca ha sido un partido con un apoyo sólido de la base social, sino que ha funcionado como una máquina de poder y redistribución mediante una red de elementos suyos introducidos en todos los sectores industriales, asociaciones profesionales y comunidades locales del país. Sólo reclutando sangre nueva y reorganizándose con una plataforma ideológica sólida será posible un regreso del PLD.

El PDJ cuenta con un apoyo aún menor en la base social, por lo que lo más probable es que los mandarines recurran a sus técnicas habituales de dividir y dirigir para engatusar al partido enseñándole a imitar al PLD en la utilización del dinero y los contratos estatales para beneficiar a sus más importantes grupos de votantes, como, por ejemplo, los sindicatos y otros sectores interesados.

Aun así, el nacimiento del gobierno del PDJ puede ser un punto de inflexión. Se ha producido un cambio importante en el poder en pro de la “sociedad”. Si el PDJ puede librarse del control de los mandarines centralizando la formulación de políticas en la oficina del Primer Ministro, como se propone, el Japón puede resultar una democracia más fuerte con un sólido sistema bipartidista y mayor disposición para desempeñar un papel de dirección internacional.

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