Friday, September 19, 2014
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Una agenda global para siete mil millones

NEW YORK – A finales del próximo mes, un niño va a nacer, será el siete mil millonésimo ciudadano del planeta Tierra. Nunca conoceremos las circunstancias en las que nacerá este niño o niña. Mas si sabemos que este infante entrará a un mundo de grandes e impredecibles cambios en los ámbitos medio ambientales, económicos, geopolíticos, tecnológicos y demográficos.

La población mundial se ha triplicado desde que se crearon las Naciones Unidas en el año1945. Y, nuestras cifras siguen creciendo, junto con las correspondientes presiones sobre la tierra, energía, alimentos y agua. La economía global también está generando presiones: el creciente desempleo, la ampliación de las desigualdades sociales y el surgimiento de nuevas potencias económicas.

Estas tendencias vinculan el destino y el futuro de los siete mil millones de personas de hoy en día, como nunca antes lo hicieron. Ninguna nación por sí sola puede resolver los grandes desafíos globales del siglo XXI. La cooperación internacional es una necesidad universal.

La sexagésima sexta reunión de la Asamblea General de la ONU es una oportunidad renovada para que los países del mundo dejen de lado intereses estrechos y de corto plazo para comprometerse con los esfuerzos de cooperación a fin de ocuparse de los imperativos de largo plazo de la humanidad. En un momento en el que todas las naciones están experimentando desafíos individuales, tenemos la necesidad de forjar una agenda común a nivel mundial que pueda ayudar a asegurar que el siete mil millonésimo bebé como también las futuras generaciones crezcan en un mundo caracterizado por paz, prosperidad, libertad y justicia que sean sostenibles.

Para ayudar a crear este futuro, estoy centrando mi segundo mandato como Secretario General en los cinco imperativos globales, que son cinco oportunidades generacionales para dar forma al mundo del mañana mediante las decisiones que tomemos hoy.

El primero y el mayor de estos imperativos es el desarrollo sostenible. Todos debemos entender que salvar nuestro planeta, sacar a las personas de la pobreza y promover el crecimiento económico son una y la misma lucha. Tenemos que conectar los puntos entre el cambio climático, la escasez de agua, la escasez de energía, la salud global, la seguridad alimentaria y el empoderamiento de las mujeres. Las soluciones a un problema deben ser las soluciones para todos los problemas.

En los próximos cinco años, tenemos que crear una nueva visión económica para el desarrollo sostenible y forjar un consenso mundial sobre un acuerdo vinculante concerniente con el cambio climático. Fomentar el crecimiento económico, lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio y combatir el cambio climático dependerá de la creación de un nuevo sistema de energía para el siglo XXI y de extender todo ello para que llegue a cada una de las personas en el planeta.

La prevención como un marco para la cooperación internacional es una segunda oportunidad. Este año, el presupuesto de las Naciones Unidas para el mantenimiento de la paz llegará a un total de $8 mil millones. Piense en lo que se podría ahorrar al evitar conflictos; por ejemplo, mediante el despliegue de misiones de mediación política, en lugar del despliegue de tropas. Sabemos cómo hacer esto. Nuestro historial, en Guinea, Kenya y Kirguistán, así lo demuestra.

Un tercer imperativo es construir un mundo más seguro y más protegido. En este esfuerzo, debemos ser valientes en la defensa de la democracia, los derechos humanos y la paz. Este año conseguimos uno de nuestros logros emblemáticos con la restauración y protección de la paz en Darfur, Costa de Marfil, Egipto y en otros países. Pero el odio y derramamiento de sangre aún actúan como una barrera a nuestra visión de paz.

En el Medio Oriente, debemos romper el callejón sin salida. Los palestinos merecen un Estado. Israel necesita seguridad. Ambos quieren paz. Un acuerdo negociado puede producir estos resultados, y la ONU es una plataforma para forjar dicha paz.

Por lo tanto, también vamos a continuar nuestros esfuerzos para fomentar la gobernabilidad democrática en Irak, Afganistán, la República Democrática del Congo y Sierra Leona. Y, en nombre de toda la humanidad, vamos a seguir impulsando el desarme y la no proliferación nuclear, para coadyuvar al logro de un mundo libre de armas nucleares.

La cuarta gran oportunidad es apoyar a los países en transición. Los dramáticos acontecimientos de este año en el norte de África y el Medio Oriente inspiraron a las personas en todo el mundo. Ayudemos a que la Primavera Árabe sea una verdadera época de esperanza para todos.

En Libia, estamos desplegando una nueva misión de apoyo de las Naciones Unidas con el fin de ayudar a las autoridades de transición del país en el establecimiento de un nuevo gobierno y orden jurídico que esté en consonancia con las aspiraciones del pueblo libio. Siria es un motivo de especial preocupación. Durante seis meses hemos visto una escalada de violencia y represión. El gobierno ha prometido en repetidas ocasiones llevar a cabo reformas y escuchar a su pueblo. No lo ha hecho. Ahora es el momento de actuar. La violencia debe terminar.

Por último, pero no por eso menos importante, se encuentra el imperativo de trabajar con y para las mujeres y las personas jóvenes.

Las mujeres ocupan más de la mitad del firmamento y representan gran parte del potencial sin explotar del mundo. Necesitamos su participación plena, en el ámbito gubernamental, en los negocios y en la sociedad civil. La ONU ha otorgado una alta prioridad a la promoción de las mujeres en todos los niveles de la Organización y este año, por primera vez, la ONU Mujeres está funcionando para promover los intereses y derechos de las mujeres en todo el mundo.

Siete mil millones de personas dirigen sus miradas hacia las Naciones Unidas para encontrar soluciones a los grandes retos globales del mundo. Ellos tienen diferentes orígenes y religiones, pero, tienen sueños y aspiraciones comunes. Nuestro futuro depende de aunar estos derechos universales y talentos individuales en una causa común. Dejemos que comience nuestra agenda común.

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