BERLÍN – Como lo han demostrado recientemente las cumbres de las Naciones Unidas y Washington, el desarme y el control de armas nucleares se encuentran entre los principales temas de la agenda política mundial. Es probable que en el futuro inmediato lo sigan siendo. En efecto, en 2010 se determinará si la visión del presidente estadounidense, Barack Obama, de un mundo sin armas nucleares continuará siendo una esperanza lejana pero viable o deberá abandonarse.
Nadie debe hacerse ilusiones. Aunque todos los Estados con armas nucleares del mundo adopten la visión de un mundo libre de la amenaza de un conflicto nuclear, las armas nucleares seguirán con nosotros durante dos décadas por lo menos, e incluso ello requeriría de las condiciones más favorables para el desarme.
Este año es de una importancia crucial. El acuerdo firmado a principios de abril en Praga entre Rusia y los Estados Unidos sobre la reducción de armas nucleares estratégicas y posiblemente sobre nuevos recortes se acompañó de la publicación del informe Nuclear Posture Review que identifica la capacidad nuclear que la administración Obama desea preservar para los próximos cuatro años. La conferencia de evaluación del Tratado de No Proliferación Nuclear empezará con la tarea de adaptar el TNP a nuestro mundo que cambia rápidamente. Muchos encargados del diseño de las políticas esperan que en 2010 haya más claridad respecto de los programas nucleares de Corea del Norte e Irán.
Actualmente existen alrededor de 23,000 armas nucleares, es decir, 40,000 menos que en los tiempos críticos de la Guerra fría. El poder global de estas armas es superior a 150,000 explosiones nucleares como la de Hiroshima. Por consiguiente, sigue siendo urgente el desarme nuclear por lo que políticos destacados en los Estados Unidos y Alemania han creado la Iniciativa Global Zero y establecido la Comisión Internacional para la No Proliferación Nuclear y el Desarme (ICNND por sus siglas en inglés), patrocinada por Australia y Japón y copresidida por los ex ministros de Asuntos Exteriores, Yoriko Kawaguchi y Gareth Evans.
Los Estados Unidos, Rusia, Francia, el Reino Unido y China –todos signatarios del TNP- poseen nueve décimas partes de las armas nucleares del mundo, mientras que la India, Pakistán y probablemente Israel tienen alrededor de 1000. Se presume que Corea del Norte tiene unas cuantas, y es muy factible que Irán esté iniciando un programa de armas nucleares. Obama y el presidente ruso, Dmitri Medvedev, han acordado reducir sus arsenales estratégicos a 1550 cada uno –mucho más que los 1000 que Obama tenía en mente, no obstante, es un gran paso que podría traer más recortes.
Sin embargo, el camino hacia el desarme nuclear será largo y con obstáculos. Para empezar, la capacidad para desmantelar y destruir ojivas nucleares es limitada y probablemente lo seguirá siendo. La capacidad actual es de alrededor de 500 armas anualmente en Rusia y en los Estados Unidos, lo que significa que las 2000 armas que el informe del ICNND sugiere para cada uno para el año 2025 no podrá implementarse completamente mucho antes de 2028.
Además, existe el riesgo de que otros países, en particular en Medio Oriente, sigan el mismo ejemplo que Corea del Norte e Irán. El Informe Eliminating Nuclear Threats (Eliminar las amenazas nucleares) del ICNND publicado a finales del año pasado, propone abordar estos desafíos con un programa amplio de reducción de amenazas nucleares. Como comisario alemán del ICNND pienso que este informe es el primero y único hasta la fecha que sugiere medidas precisas y viables hacia un mundo sin armas nucleares.
El informe consiste en 20 propuestas sobre las cuales se decidirá en la conferencia de evaluación del TNP de este año, y termina con propuestas de decisiones que se deberán adoptar después de 2025. No deja lugar a dudas de que puede lograrse un mundo sin armas nucleares sin que suponga un riesgo a la seguridad de los Estados individuales, siempre que en los próximos veinte años, más o menos, haya una disposición política sostenida en todo el mundo, en particular, en los Estados con armas nucleares. Además, el informe propone una declaración de estos Estados de que el solo propósito de las armas nucleares es disuadir a otros de usarlas, aunado a la obligación de no aumentar sus arsenales.
Para el año 2025 el objetivo es reducir los arsenales nucleares globales a 2000, o menos del 10% de las existencias totales actuales. Se debe acordar colectivamente una declaración de “No usar primero”, junto con las estructuras, despliegues y estados operativos de las fuerzas verificables correspondientes. El informe sugiere como medidas suplementarias negociar límites de los misiles, defensa antimisiles estratégica, armas desplegadas en el espacio y armas biológicas, así como entablar negociaciones sobre la eliminación de los desequilibrios de las armas convencionales.”
Lograr esta agenda ambiciosa para 2025 marcaría el comienzo de la última etapa de la búsqueda de un mundo libre de armas nucleares, y necesita primero y principalmente, de condiciones políticas que excluyan de forma fiable las guerras regionales o globales de agresión. Las armas nucleares por consiguiente serían superfluas.
Solamente así podrían prohibirse las armas nucleares y empezar su eliminación. Paralelamente, las medidas obligatorias sancionarían cualquier Estado que tratara de eludir la prohibición, así como a las personas involucradas en la producción armas nucleares.
Por lo tanto, la visión de Obama podría hacerse realidad en 20 años, siempre que los Estados Unidos y Rusia emprendan las primeras medidas este año. Las reducciones inmediatas adicionales deben incluir las armas subestratégicas con el retiro de las pocas armas nucleares de los Estados Unidos que quedan en Europa a cambio de la eliminación del arsenal todavía significativo de Rusia.
Sin embargo, el retiro de las armas nucleares estadounidenses de Europa no es de ninguna manera la primera medida hacia el desarme nuclear. Sugerir que sea la primera acción podría dañar la seguridad europea y poner en riesgo la cohesión trasatlántica, por lo que el mensaje tiene que ser “no” al retiro unilateral, pero “sí” a su inclusión en las futuras negociaciones de control de armas. El retiro de este armamento no significaría el fin de la disuasión nuclear en Europa porque la disuasión seguiría siendo necesaria hasta que se desmantele la última arma nuclear. No obstante, el único propósito de mantener cierto grado de disuasión será evitar el uso de esas armas.
Tal vez Europa se benefició más que ninguna otra parte del mundo de la disuasión nuclear porque ésta contribuyó a preservar la paz durante la Guerra Fría e impidió la proliferación nuclear. Sin embargo, ha llegado el momento de unirse a los presidentes Obama y Medvedev para lograr el desarme. En efecto, sin el ejemplo estadounidense y ruso, en el mundo habría más Estados con armas nucleares, no menos.


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