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Un trato justo para Turquía

Turquía ha recibido lo que parece un ultimátum de la Comisión de la UE: abrir sus puertos a los barcos procedentes de Chipre dentro de un mes, o arriesgarse a un congelamiento de las conversaciones sobre el ingreso como miembro de la UE que se desarrollan en la actualidad. Al mismo tiempo, el último informe de la Comisión sobre el avance de Turquía en el cumplimiento los requisitos necesarios para este fin indica que se ha reducido el ritmo de las reformas políticas, planteando dudas adicionales acerca de la posibilidad de que en el futuro forme parte de la Unión.

El mes próximo, el Consejo Europeo tratará el informe de avance elaborado por la Comisión, y en esa reunión los líderes europeos deberían hacerse las siguientes preguntas: ¿Ha tratado la UE de manera justa a Turquía en el caso de Chipre? ¿Ha sido consistente el comportamiento de la UE para apoyar las reformas políticas en Turquía? ¿Cuáles son los intereses de largo plazo de la UE con respecto a Turquía?

Si las respuestas a las primeras preguntas son "no" –como creo que lo son- la tercera se vuelve vitalmente importante.

Es cierto que Turquía ha cerrado sus puertos a los barcos procedentes del Chipre griego, y que eso es una violación de los acuerdos, pero también es verdad que la parte norte de Chipre no tiene acceso al libre comercio y otros beneficios de ser miembro de la UE.

Esto es así porque Chipre sigue siendo una isla dividida. Se suponía que se uniría cuando el país pasó a formar parte de la UE en 2004. La parte turca había aceptado un plan de las Naciones Unidas para la unificación. Sin embargo, los chipriotas griegos votaron contra el plan porque sus gobernantes no honraron el trato implícito con la UE de apoyarlo.

Aún así, Chipre se convirtió en miembro de la UE, pero sólo la parte griega. Eso fue claramente un error, ya que hizo que la UE se convirtiera en parte del conflicto y dio a los líderes chipriotas griegos la posibilidad de bloquear el avance de las negociaciones entre la UE y Turquía. De modo que, bajo estas condiciones, ¿cómo puede Turquía estar confiada en la ecuanimidad de la UE?

En los últimos años, las reformas políticas y legales en Turquía han sido de un notable largo alcance, ya que claramente han sido impulsadas por los turcos que desean acercarse a la UE. Sin embargo, el apoyo público interno al ingreso a la UE ha caído abruptamente, ya que los turcos han comenzado a sentir que no se les da un trato justo.

Esto ha dado nuevos bríos a quienes desean que Turquía se desarrolle en otra dirección, hacia una sociedad más islámica en lugar de un estado secular moderno. En consecuencia, la reciente falta de avances en el proceso de reformas de Turquía puede explicarse en gran medida por la conducta de la UE.

Esto nos deja ante la tercera pregunta: ¿qué tipo de Turquía quiere la UE?

No debiera haber dudas acerca de la respuesta: claramente, a la UE le conviene que la democracia y la economía turcas sigan fortaleciéndose.

Hace más de 40 años se prometió que, una vez que Turquía cumpliese las precondiciones para ser miembro, sería bienvenida en la UE. Ya es tiempo de que los líderes de la UE se tomen en serio esta promesa. Es triste el hecho de que una gran mayoría de los votantes de la UE se oponga al ingreso de Turquía. Sin embargo, se trata de una reacción a la situación actual. Cuando se les pregunta si desearían como socio a una Turquía reformada –una que cumpla completamente las condiciones para el ingreso, descritas en los Criterios de Copenhague (democracia, imperio de la ley, respeto de los derechos humanos y una economía de mercado real)- muchos más se inclinan por decir "sí".

Por tanto, los líderes europeos deben emprender dos retos. Primero, deben decir claramente a sus votantes que la UE tiene la obligación de cumplir las promesas hechas a Turquía, y que eso sería en beneficio de todos los europeos. En segundo lugar, deben dar a Turquía un trato justo en las negociaciones.

La primera prueba al liderazgo europeo tiene relación con el problema práctico del acceso a los puertos. En este respecto, los finlandeses, que ejercen hoy la presidencia de la UE, han planteado una solución pragmática que toma en cuenta ambos lados del conflicto. La totalidad de los líderes europeos debería apoyar decididamente la iniciativa finlandesa.

Al mismo tiempo, se debe hacer un nuevo esfuerzo por reactivar las propuestas de la ONU sobre Chipre. Si eso significa presionar a algunos actores que forman parte de la propia UE, pues que así sea.

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